martes, 16 de septiembre de 2014

Los informes de Bazlen

Bobi Bazlen.
Pudiera ser que exista un género literario que no conocíamos: el informe de lectura, o que ya lo conocíamos pero no considerábamos su importancia como género literario. O pudiera ser tan sólo que, sin estar pensando o no en la posibilidad de un nuevo género, nos interesemos por esos informes de lectura que escribió Bobi Bazlen, de quien nos habla Enrique Vila-Matas en esta ocasión en las páginas de El País:
Bobi Bazlen (Trieste, 1902-Milán, 1965) fue un legendario ágrafo que leía mucho y no ensalzaba a casi nadie, pero festejó como un loco la aparición de Gombrowicz: “Uno de los aliados más honestos que podemos tener en la verdadera revolución contra el amor, el arte, los principios inmortales y todas las tonterías de siempre”. Fue también un perfecto detector de la falta de talento de sus contemporáneos y de la recaída constante de muchos de estos en “las tonterías de siempre”.
Huyó tanto de la escritura que acabó apasionándose por la intervención directa en la vida de las personas. Una de sus amigas le recordó así: “Era maléfico. Se pasaba el tiempo ocupándose del vivir ajeno, de las relaciones de los otros, lo liaba todo: en suma, un fracasado que vivía la vida de los demás”. 
Como este “fracasado” opinaba que casi todos los libros de sus contemporáneos no eran más que notas a pie de página, apenas escribió nada, salvo un cuaderno de notas, una novela inacabada, y un montón de dictámenes literarios entregados a editoriales de Turín. Cuando hace dos años una selección de sus Informes de lectura (acompañados de unas cuantas cartas al poeta Montale) fueron publicados por la editorial argentina La bestia equilátera, algunos se enteraron entonces de que Bazlen no escribía, pero se le podía leer. En sus papeles hablaba de los mismos libros que publicaba entonces Carlos Barral en Barcelona: la prueba de que al menos en el terreno editorial no andábamos en nuestro país tan atrasados como en todo lo demás.
En esos informes califica a Blanchot de “acróbata inconsistente”, pero ensalza su ensayo La mirada de Orfeo. Confiesa no haber pasado de la página 30 de Los reconocimientos, de William Gaddis. Se ríe de un modo infinitamente serio de García Lorca, de Neruda, de Robbe-Grillet. Y, al ocuparse de El hombre sin atributos, de Musil, sentencia que es un libro importantísimo, pero nada comercial, pues la novela le parece “demasiado larga”, “demasiado fragmentaria”, “demasiado lenta, o aburrida, o difícil” y “demasiado austríaca”.
En una reciente reseña, Christopher Domínguez Michael observa cómo Bazlen nunca se olvidaba del factor comercial de un libro; parecía no perder jamás de vista que si sus dictámenes engañaban a la editorial y ésta se arruinaba, él iría directo al paro. Debería escribirse, propone Domínguez Michael, la historia del informe literario junto a la historia de su hermana-enemiga, la contraportada. Creo que sin duda daría para un exquisito relato: los informes de lectura eran siempre ferozmente sinceros; las contraportadas, en cambio, modosas y artísticamente hipócritas, aunque mucho más decorosas que el Blurb de nuestros días, esa “máxima para tarados”, lo llama Domínguez Michael, para quien si la contraportada pertenece al dominio de las virtudes públicas, el informe de lectura se origina en los vicios privados… ¿Mi conclusión? Pues que a medio camino entre el texto hipócrita y el excesivamente sincero, se encuentra el manuscrito ideal: aquel que alguien —tal vez un ágrafo trágico— escribirá algún día.

domingo, 7 de septiembre de 2014

El ruido y la furia de James Franco

Una de las primeras imágenes de El ruido y la furia, protagonizada y dirigida por James Franco.

Es difícil imaginar una adaptación cinematográfica de El ruido y la furia, aunque nos enteremos ahora de una hecha en 1959 por Martin Ritt, pero James Franco se ha atrevido y acaba de presentarla en la Mostra de Venecia, fuera de competición. Todos sabemos que Franco tiene una carrera exitosa como actor pero pocos sabemos que ha dirigido algunas películas, que estudió filología inglesa y escritura creativa en las Universidades de Yale y California, que publicó un libro de cuentos, que imparte clases en algunas universidades y que se interesa particularmente por las películas que tengan una relación más estrecha con la literatura. El asunto es que últimamente James Franco ha estado haciendo películas basadas en obras literarias o en escritores: una versión de Mientras agonizo, de Faulkner, otra sobre Bukowski, otra sobre Allen Ginsberg... Pero volvamos a El ruido y la furia, de la que hasta el momento no se ha dicho mucho:
"La novela escogida por el actor, hijo de una profesora de literatura y autora de libros infantiles, no era la más sencilla que podía adaptar. Franco, que se reserva el papel de Benjy en un auténtico festín de histrionismo interpretativo, ha apostado por una simplificación de la novela en esta adaptación. Para empezar, se ha desprendido del último capítulo, relatado por un narrador omnisciente, y ha apostado por centrarse en los pasajes que más le interesaban para comprimir las 350 páginas de la novela en 110 minutos de metraje" (El País).
"Hay algo esencialmente admirable en un tipo que se lanza a la dirección adaptando a Faulkner, McCarthy y otra vez a Faulkner. Y que lo hace buscando soluciones estéticas y narrativas (por muy discutibles que sean) que sirvan visualmente a los experimentos con el lenguaje y el punto de vista de los escritores que le gustan. Todos los que hayan leído «El ruido y la furia» saben que es tan imposible de adaptar como el «Ulises» de Joyce. Sin embargo, y fuertemente influido por el estilo asociativo de Malick, James Franco logra que los monólogos interiores de cuatro de los miembros de la familia Compton se traduzcan en imágenes mentales que se corresponden con el carácter y la sensibilidad de cada uno de ellos, y a pesar de los saltos en el tiempo, la historia llega con claridad al espectador". (La Razón).
“Mis películas como director nunca serán blockbusters, ni quiero que lo sean. El cine también puede ser arte puro y no solo entretenimiento para ganar dinero”, dice Franco, que además es profesor de literatura en Yale, integrante del grupo musical Daddy y autor de un libro de relatos, Palo Alto, inspirado en su adolescencia.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Ehrenhaus, un argentino de "escritura personalísima"

Portada del libro de Andrés Ehrenhaus.
Aún no sabemos si el pleonasmo del título del primer libro de Ehrenhaus y el gerundio del último son deliberados (por lo que dice J. Ernesto Ayala-Dip en esta reseña parece que sí), pero no podemos negar que esos dos libros parecen interesantes. La nota viene de El País:
En 1993, el escritor y traductor argentino Andrés Ehrenhaus (que lleva casi cuarenta años viviendo en Barcelona) publicó su primer libro de cuentos, Subir arriba. La escritura en ese libro jugaba un papel preponderante en su propósito de plasmar el mundo cabeza abajo. Nada era lo que se decía que era. El rol de la connotación se enfrentaba al orden establecido de la gramática lineal. El absurdo y el léxico acrecentaban una sensación casi pantagruélica del humor y las malas pasadas a la sintaxis. El camino que recorría Ehrenhaus ya lo habían recorrido antes otros, pero ese libro suyo era como si dicha operación la acabara de inventar él mismo en ese mismo instante, un segundo antes de comenzar a leerlo. Cuatro años más tarde, publicó Monagatari. Esta vez su hechura me pareció reiterativa. Inventiva inspirada pero al final menoscabada por un exceso de cuadros humanos muy subordinados al chiste fácil.
Ahora tenemos un nuevo libro de Ehrenhaus. Se trata de 19 relatos cortos aglutinados bajo un título muy ehrenhausiano: Un obús cayendo despedaza. Antes que entrar en su evaluación, digamos algo respecto a las normas que el autor introduce en su personalísima escritura. Los lectores se encontrarán con varios términos de imposible comprensión si no son argentinos o no están familiarizados con el sistema. Es habitual en algunos barrios de Buenos Aires alterar el orden silábico de las palabras. Ehrenhaus lo hace, pero además incrementa el caudal de su uso. También introduce en su vocabulario palabras catalanas castellanizadas. Y expresiones extranjeras traducidas: por ejemplo, un narrador de unos de sus cuentos no se doblega ante un galicismo como à la page: dice muy orgulloso de su idioma “a la página”. Esto conviene comentarlo no porque el lector lo necesite, sino porque da informe preciso de un arte poético donde estos desajustes de la lengua ayudan a configurar el mundo narrativo tan singular de nuestro autor. Todo lo que se cuenta en Un obús cayendo despedaza remite a ver las cosas por su revés y su envés. Cada relato nos cuenta una historia corriente y, a la vez, nos cuenta la única manera de contarla si se hace desde el punto de vista (y de escritura) de Andrés Ehrenhaus. Veamos el cuento ‘Un cronocimiento’, por ejemplo: se nos relata un viaje a Bucarest para visitar el cementerio judío llamado Filantropía: en él hay enterrado un judío que se llamó Adolf Hittler (como el tirano pero con una t más): era sombrerero y murió en 1896 a los 60 años. Si el lector busca en Google este cementerio (como hice yo) se le informará de la penosa historia de esa tumba durante la ocupación nazi. Pero Ehrenhaus usa ese mojón histórico (que parecía inventado por él mismo) para colarnos una historia muy suya. Muy ehrenhausiana.
Andrés Ehrenhaus plantea un interesante problema a sus lectores. Sus historias representan a seres humanos a los que podemos reconfortar con nuestro afecto, odiarlos o reírnos de ellos. Pero son gente que nunca hemos visto, ni imaginado que existieran. El insolente mundo narrativo de Ehrenhaus es un mundo inesperado. Esta felicidad de leerlo.
Un obús cayendo despedaza. Andrés Ehrenhaus. Malpaso. Barcelona, 2014. 162 páginas. 18 euros

M. A. West, el novelista desconocido

 El escritor Alexis Ravelo, creador de M. A. West. / Quique Curbelo.
La historia mínima de M. A. West, escritor estadounidense, autor supuesto de una novela negra titulada El viento y la sangre, publicada en 1950 y rescatada del olvido en 1953 por una editorial española, es digna de atención. He aquí algunas pistas, encontradas en El País:
“La encontré tras un gran trabajo de investigación”, le dijo el escritor Alexis Ravelo a Pere Sureda, de Navona Ediciones. “Puede valer para la colección de novela negra”, sugirió. Sureda, reputado experto, la leyó y se la “tragó”, reconoce. Devolvió la llamada y Ravelo le dijo que se había inventado la biografía de West, sus referencias bibliográficas y los diez trabajos más que supuestamente tenía publicados el estadounidense; que la pieza no se había escrito en Estados Unidos, y que la traductora, la periodista Thalía Rodríguez, era cómplice de la trampa. La novela se escribió en Las Palmas de Gran Canaria en 2012 y su autoría era de quien le hablaba. Sureda dudó. Se enfadó unos instantes y admitió el mérito: “Juguemos a lo que quieras jugar, Ravelo”, le dijo.
“Después de ser cómplice del autor, se la pasé a grandes expertos y amigos que me devolvieron con un aplauso esta obra sin saber que su autor era canario, consternados por no conocer a M. A. West”, dice Sureda.
M. A. West, decía su falsa biografía, era un tipo en apuros económicos, con muchos hijos, que escribía para completar un sueldo que le permitiera sobrevivir. 

miércoles, 30 de julio de 2014

Melancolía inútil, disponible en blog


Información para curiosos:
Todo mi libro de poesía Melancolía inútil (mimalapalabra editores, 2012), que incluye algunos poemas de Morir todavía, todos los de Las horas bajas (ganador de los Juegos Florales Hispanoamericanos de Quetzaltenango, Guatemala, en 2006) y los veinte poemas de Réquiem, disponibles desde ahora en este enlace inútilmente melancólico.

miércoles, 2 de julio de 2014

I CERTAMEN LITERARIO DE CUENTO "CIUDAD CEIBA"



Les dejo las bases para este nuevo certamen literario catracho. Queda poco más de un mes para enviar los textos:


Género: Cuento
Premio: DOS MIL DÓLARES ($ 2000) y estancia.
Abierto a: Sin restricciones
Entidad convocante: Alcaldía municipal de La Ceiba/ Universidad Tecnológica de Honduras (UTH Campus La Ceiba)
Fecha de cierre: 8/8/2014

BASES
1.    Podrán concurrir todas las personas que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad, con un solo trabajo.
2.    El trabajo presentado deberá reunir las siguientes condiciones :
a)    Estar escrito en español
b)    Ser original e inédito
c)    No haber sido premiado ni estar participando en ningún otro certamen.
d)    Tener una extensión mínima de 55 páginas  y máxima de 85, mecanografiados (Times New Roman) a doble espacio y por una sola cara.
e)    El tema será libre ¨El jurado podrá otorgar el premio a la obra que considere merecedora de esta distinción, entre aquellos libros presentados a concurso literario ¨Ciudad  Ceiba¨.

3.  Los originales deben presentarse tanto de manera física como por correo electrónico :
a)    Por correo postal: por triplicado y sin encuadernar , firmados con seudónimos y acompañados de un sobre cerrado – en cuyo interior se repita el título del libro-que contenga nombre, edad, dirección y teléfono del autor/a, así como fotocopia de identidad, pasaporte o tarjeta de residencia, de ser el caso.
b)    Por correo electrónico: El libro de cuentos que se remita por correo electrónico será en formato Word.
Se enviaran dos archivos a la dirección Lic. Nelly Mabel Reyes, Directora de Relaciones Públicas, UTH Campus La Ceiba, con la mención en el asunto ¨I CERTAMEN LITERARIO CIUDAD CEIBA¨, uno con la obra que se deberá titular como la misma y otro con la plica que se llamara: ¨plica [titulo de la obra¨, en la que deberán figurar exclusivamente los siguientes datos: nombre y apellidos , nacionalidad, dirección , teléfono y cuenta de correo electrónico, así como una declaración jurada asegurando que el relato no está pendiente de premio en ningún otro certamen y el carácter inédito del mismo, email: nelly.reyes@uth.hn

4.  El original, sus copias y el sobre cerrado serán remitidos por correo postal o por e-mail, antes de las 24 horas del 08 de Agosto del 2014.

5.  La entidad designara el jurado. Este estará compuesto por un mínimo de tres destacadas personalidades de la creación y crítica literaria. El jurado realizara la preselección y selección final.

6.  Antes del 30 de Agosto se reunirán el jurado y, de entre los preseleccionados, se elegirá el libro ganador que optará el premio único. Este  fallo del jurado será dado a conocer al ganador el 11 de Septiembre  por teléfono o por correo electrónico, el ganador queda obligado a asistir al acto de entrega del premio, salvo por fuerza mayor, debidamente acreditada y documentada, en cuyo caso podrán delegar en otra persona. En el momento en el que se le comunique que su libro ha sido premiado, se le informará también del lugar del premiación. La fecha de entrega del premio será el 26 de Septiembre  del 2014, a las  7 de la noche, salvo que por fuerza mayor hubiese que dilatarla.

7.  El premio podrá declararse desierto si el jurado entiende que los trabajos presentados no alcanzan la calidad suficiente. En todo caso, la decisión del jurado será inapelable.

8.  Los trabajos no premiados y sus correspondientes plicas se destruirán una vez fallado el certamen.

9.  No se mantendrá correspondencia con los autores de los trabajos presentados  desde la publicación de la convocatoria hasta después de la elección de los finalistas.

10. La resolución de todas las cuestiones que puedan surgir o plantearse sobre este certamen son de exclusiva competencia de la entidad convocante.

11. El autor de la obra premiada correrá con los gastos de traslado hospedaje y alimentación de él mismo para el recibo de su premio. Las entidades convocantes quedan exentas de esta responsabilidad.

12. La participación en este certamen supone el conocimiento y aceptación de las bases que lo regulan, así como el acatamiento de cuantas decisiones adopte la entidad para que las mismas puedan ser interpretadas y aplicadas.

sábado, 22 de marzo de 2014

Náufragos o el talento narrativo de Dennis Arita


Hernán Antonio Bermúdez
“náufragos que sólo alcanzan a reconocerse cuando logran confluir en una danza o juego” (p. 96)
                                                                                                                        
  En el 2008 Dennis Arita inició su trayectoria como narrador al publicar Final de invierno, libro que agrupa cinco cuentos, el último de los cuales le da el título al volumen. Cabe decir que su voz autoral no se parece a ninguna otra. Impregnado de atmósferas y personajes de clara estirpe onettiana, Dennis Arita pareciera trabajar en un taller secreto del lenguaje, fraguando una estética peculiar que traspasa las inflexiones de la lengua a su propia búsqueda expresiva.
  El linaje de Juan Carlos Onetti en estos relatos se detecta por el clima de derrota, confinamiento y hastío de los personajes principales. Y aun cuando ocasionalmente puedan adoptar un inusual aire de liviandad, tiemblan y hacen relucir su fragilidad subterránea.
  Lo que sucede en Final de invierno es un continuo fracaso, una comprobación tras otra de la inutilidad de actuar. La comunicación no tiene cabida en este universo cerrado y gélido (allí, además, para mayor énfasis, siempre hace frío y llueve), y se la rehúye de manera constante. Así, cuando se desencadena cualquier situación en que cabría esperar un diálogo, el protagonista se desconecta y deambula en un ámbito propio y ajeno. Las raras veces en que se intenta establecer una aproximación con algún interlocutor, ésta ineluctablemente fracasa o se malogra.
  Aparte está el terrible aburrimiento o desazón existencial que domina a todos los personajes que siempre parecen querer desligarse del sombrío lugar en que se encuentran (“la vida está en otra parte”, como diría Milan Kundera). Estos gesticulan como mónadas aisladas, y, si acaso, los diálogos lacónicos marcan la distancia que escinde al protagonista de los demás personajes o, como suele decirse, “el mutuo enigma de un ser frente a otro”.
  En el territorio literario de Dennis Arita refulge permanentemente la imagen de oscuridad. Se trata de una opacidad irremediable y de un misterio difuso que corroe el hábitat de estos cuentos. Es más, se está en presencia de una manera elusiva, oblicua, de narrar, donde la soledad resulta un fenómeno del todo pesaroso (desastroso quizá), pero sin bordear el patetismo. A veces con una trama próxima a la de los sueños, con su lógica alucinada y sus apariciones (y desapariciones) inexplicables.
  En tal sentido, en los relatos de Final de invierno, emparentados por su textura depresiva y su crispación febril, la acción narrativa y el contexto que la rodea poseen una cierta condición onírica: las figuras se coagulan en torno a una lúcida y delirante obsesión de pesadilla.
  En todos ellos, el protagonista, Figueroa en “El río”, Sierra en “Casas”, Peralta en “Monstruo”, Juan Mendoza en “Edificios después de la lluvia” y el de “Final de invierno” (cuyo nombre se escamotea), es un individuo angustiado o bien desmoralizado: se trata de sujetos exhaustos, desengañados, suspicaces, con los afectos rotos o al borde de la zozobra.
   Así en “El río”, “Figueroa no puede decir si acaba de perder la noción del tiempo y de las distancias o si ha sido siempre así” (p. 19) y “las sensaciones le llegan como atravesando distancias cubiertas de niebla” (p. 20). “Todo es para él como un río llevándoselo hacia la nada” (pp. 24 y 25).
  En “Casas”, “Sierra se sentía cada vez más lejos, como si se lo llevara la corriente de un río, igual que un tronco o una rama” (p. 47), y “es incapaz de recordar” (p. 46).
  En “Monstruo”, a Peralta “lo perturbó la sospecha de que por alguna razón estaba perdiendo contacto con la realidad” (p. 55) y “todo quedaría en el límite de lo indefinido” (p. 58).
  Mendoza en “Edificios después de la lluvia” se mueve en “la sombra verdosa y casi submarina en que parecían flotar los objetos” (p. 76).  
  El cuento titular del libro, “Final de invierno”, es a mi juicio el más logrado. No por casualidad éste dio su nombre al libro entero. Además, tanto en él como en “Edificios después de la lluvia” se destaca un “yo” más cargado de importancia individual: es el narrador. En efecto, estos dos relatos están escritos en primera persona del singular: cuentan las vivencias y las reacciones de figuras protagónicas (proto/agónicas) que son, de alguna manera, una delegación del autor aunque, por supuesto, sin confundirse con ellas. Es decir, el autor les presta su voz, su estilo, pero los personajes (como no podía ser de otra manera) poseen las dimensiones de creaturas literarias, con su peso específico propio.
  En definitiva, los protagonistas difieren poco entre sí y parecen variaciones de un modelo  compartido. Eso sí, la hilación de los hechos discurre lenta, lo que carga a la prosa de una dramaticidad a ratos exasperante. La valía de los relatos depende más de su ciclo verbal que de los consabidos componentes anecdóticos que puedan contener. Con todo, el último cuento es un prodigio de intensidad y de dosificación de los efectos, como un mecanismo destinado a culminar con el manotazo de la frase final.
  Dennis Arita posee, en suma, una escritura depurada, precisión de vocabulario, pudor expresivo, continuos hallazgos descriptivos y casi ausencia total de tanteos o vacilaciones (las excepciones son minúsculas). Final de invierno es un excelente primer libro y le abre paso, además, a Música del desierto (2011) que confirma y consolida su enorme talento narrativo.

                                                                                         Tegucigalpa, marzo del 2014


viernes, 7 de marzo de 2014

La labor de Sara Rolla

Otro pequeño homenaje de Hernán Antonio Bermúdez, esta vez a Sara Rolla:

Desde hace varios años vive entre nosotros Sara Rolla, profesora de literatura, crítica y ensayista. De nacionalidad argentina, se caracteriza por la lucidez irónica, el desasosiego y la inconformidad constantes, la finura de las comparaciones y la capacidad para derivar conclusiones reveladoras a partir de ellas.
En sus escritos hace ver que el arte literario tiene que poseer un mundo propio para convencer al lector, así como un estilo capaz de proveer la unidad orgánica de una sola pieza.
Sara Rolla también hace ver que la escritura y lectura de textos de ficción produce un efecto bienhechor en la mente humana, al profundizar y refinar la percepción, además de enriquecer(nos) tanto en el plano emocional como en el intelectual.
Por lo demás, ella posee algo vital: una visión anti-provinciana, producto de su sólido y matizado marco de referencias culturales que deriva del ámbito rioplatense en que se formó. Sus aptitudes le permiten siempre trazar un diagrama crítico de la obra considerada, rescatando su vivacidad, a diferencia de los modelos basados en simples análisis de sangre fría, que nunca satisfacen, salvo  quizá a algunas secas mentes académicas.
Su obstinada labor ha tenido una incidencia para nada despreciable en la literatura hondureña y ha actuado como fermento y espuela de la ola de creatividad literaria que experimenta actualmente San Pedro Sula, ciudad donde reside ya jubilada como docente universitaria.
¡Bravo, Sara!

Tegucigalpa, marzo del 2014

lunes, 17 de febrero de 2014

Ingrato oficio

Un texto breve de Hernán Antonio Bermúdez como homenaje a dos ases de nuestra literatura hondureña:
  Duro, ingrato, es el oficio de escritor en un país como Honduras, con una débil tradición cultural y un público lector marginal, rodeado de una masa más bien hostil de indiferentes y de analfabetos. Si opta por mantener su autonomía, el escritor tendrá que sobreponerse al desconocimiento y desinterés, además de las prosaicas dificultades del trajín diario. Así, resulta casi inconcebible que pueda evitar entregarse al acartonado mundo académico, al engranaje burocrático, a la sabrosa superficialidad del periodismo local o a la bohemia derrotista, entendida en sus acepciones de penuria económica, de deliberados excesos y, lo que tal vez es más grave, de improvisación y facilismo en el terreno literario.
  No parece haber otra alternativa, porque la labor específicamente literaria que puede hacerse para los medios es esporádica, pero sobre todo pésimamente remunerada en comparación con oficios más pedestres.
  Por eso sobresale el ejemplo de Marcos Carías y de Eduardo Bahr, quienes tienen hoy, por un lado, la altiva independencia y, por otro, la formación y sensibilidad cultural, fruto de la insaciable curiosidad de lectores omnívoros y de su capacidad para transmitir a los demás lo que van sacando en limpio de un escrutinio cuidadoso y prolijo de su entorno. Materiales que luego su imaginación y su pluma galana han destilado en cuentos y novelas.
  Vaya ejemplos difíciles de seguir en un país donde lo usual son las concesiones y el resentimiento. Se me antoja que Marcos Carías y Eduardo Bahr son mis maestros, pero a renglón seguido me digo que soy un pésimo discípulo…
                                                                       
Tegucigalpa, febrero del 2014

jueves, 8 de agosto de 2013

La nueva literatura latinoamericana

Lucía Puenzo, Alejandro Zambra, Wendy Guerra. Foto: Daniel Mordzinski
Aunque no todos los nombres que aparezcan en una lista representan necesariamente lo que anuncia (algún "secreto mejor guardado" me viene a la memoria), es bueno revisar de vez en cuando cuáles proponen últimamente como representativos de la nueva literatura, en este caso la latinoamericana. En El País acaban de sacarse una de estas listas y lo comentan en el blog Moleskine Literario. Pasen y lean.