jueves, 8 de noviembre de 2007

Obligados a vivir

En la poesía de Gustavo Campos la existencia misma es un acto poético. Vivir equivale a beber, amar, sufrir, pero también a escribir. Más que poemas, las piezas que de él presentamos en esta edición número 21 de mimalapalabra en diario La Prensa -escapadas de Desde el hospicio y Bajo el árbol de Madeleine, los dos libros que publicará a principios del próximo año- son fragmentos de una experiencia vital forjada a fuerza de desvelos, tropiezos, ardores y desamores. Que ninguna miel corrompa estos versos, porque son amargos y definitivamente humanos.

Habla la poesía
Me alimento de poetas/ que fracasaron en su vida,/ de aquellos que prefieren un verso/ a los labios de la mujer que aman./ De los que construyeron a la orilla del mar la fe,/ como de la soledad su tumba. De aquellos a los que no dije:/ las esperanzas son un laberinto disfrazado de atajo./ De a quienes les soplé una órbita de tristezas/ y quedaron atrapados/ en el centro del misterio, como dentro de un remolino./ De esos me alimento./ Soy bestia: lanzo pecados./ Derribé gigantes en la era de David./ Convertí en monstruos los molinos/ y las piedras en pan./ Soy el sol que entra en los humanos,/ y después, cuando ha recorrido su cielo,/ les deja un monstruo por ocaso./ Escojo, al azar, poetas/ y los convierto en tristes o exultantes./ Me alimento de poetas/ porque ellos creyeron que me hacían cuando sólo fueron mi reflejo.
Confesión de Madeleine
Tomé en mis manos al último poeta/ y lo formé a imagen y/ semejanza/ de la locura./ Tomé en mis manos al último lector/ y le enseñé/ el morbo./ No les enseñé a vivir./ Los forjé de pesadillas.
Obligados a vivir
Nada puedo hacer por mí; que me acepten o me destierren. Alain Bosquet
nos obligaron a vivir/ jamás me dejaron seguir/ ya vendrá el milagro, dijeron/ y la angustia fue el milagro/ nos obligaron a vivir/ estuve tendido en las calles/ a los indiferentes que pasaban/ les grité inhumanos/ yo estuve reencontrando un amor lejano/ con mi barba parecida al tiempo/ un amor lejano/ nos obligaron a vivir/ el fuego siempre fue mi amigo/ como la irreflexión y los impulsos/ hoy ando con mi cuerpo incinerado/ me obligaron a masturbarme en público/ y me amarraron a un poste y los golpes/ fueron más fuertes que los dados al peruano/ se burlaron de nuestras depresiones/ nos llamaron haraganes/ y en contexto fue una necesidad ajena/ la que nos obligó a buscar visiones/ no escogimos las pesadillas/ el exilio/ errar eternamente solos/ las convulsiones/ o delirios/ ni inventar un nuevo diálogo/ nos obligaron a vivir/ quienes nos obligaron a morir/ con los ojos muertos y el alma accidentada/ seguimos en un mundo/ de la posibilidad y la palabra/ con nuestra propia mierda/ por esperanza/ sáquennos a toda prisa de nosotros/ prescindan de nuestras acciones/ prescindan de nosotros/ como nosotros de nosotros/
Puente
hundirme hundirme deshacer mis rasgos Tomás Segovia
Al ver un águila ves una porción de genio. W. Blake
cuando la tempestad no abre los sellos/ y los brazos del sitio se mantienen cerrados/ errar es el único sitio el río su único camino/ que engaña a alguien ajeno ya ajeno/ sumiso a la oscuridad a las horas/ un árbol de calamidad condena los ojos/ alimenta las visiones y deshace los recuerdos/ cuando se ha dicho amor/ sólo para expulsarlo de las bocas/ y dejarlo en soplo en palabras a merced del tiempo de nada/ esperando que caiga el árbol de una hoja/ y roer la coherencia desde las garras del águila/ muriendo a pesar de las voces/ que aparecen como el humo en la razón/ y el relámpago es un puente que transitar de noche/ con la indiferencia como rostro y las piedras de tropiezo/ del mañana el orgullo de la raza de diálogo de monstruos/ fijará sus ojos alegremente solos/ como Artaud antes que él/ la demencia roe con sus dientes de acrimonia la esperanza/ al hombre mismo a la palabra/ hay que escucharlo de la misma manera/ como hay que ver un rayo/ las frases siempre serán la desesperación de romper el sello/ y la espera/ deshacer los propios rasgos como se borra una huella
Primer destino del hombre
Lo que relato es la historia de los próximos dos siglos. Describo lo que viene… F. Nietzsche
Fracasó antes de intentarlo./ Fue su ruina./ Destruyó su Pabellón de Oro./ Con esfuerzo procuró vencer/ el cansancio de los últimos siglos./ El desierto fue su herencia y el sol su castigo./ Lo llamaron demente./ Y se hizo de palabras,/ también de esas que roen el pensamiento hostil/ que da la sensación de hastío./ Lo hubieran escuchado citando a Derrida,/ en el último peldaño de la esperanza, cuando nadie le creía,/ oyendo burlas que ahogaban como rocío/ el tímpano del grito. Visitó los bares y glorietas/ y sonrió con amigos. Un hombre se obliga a vivir./ El sistema amordazó su tranquilidad y/ descubrió que no hay belleza que no deba corromperse./ Lo salvaron una computadora y algunos libros de Ciorán./ Lo juzgó la mugre y su ruina lo hizo sonreír de tormento./ Su personalidad fue, de todas las tristezas conocidas,/ la más parecida al grito de Munch./ Apúntenlo con un dedo adverso, allí va caminando con su mirada/ fija al pavimento, las manos en el imperfecto bolsillo,/ y el recuerdo en el fracaso;/ susurren lejos de su barba, ¿no ven que lleva aún sobre él/ la nube negra?/ Quizás nunca nadie lo haya conocido,/ ¿quién es capaz de vivir el pavor/ de esforzarse en sonreír y sólo desdibujar su rostro,/ de contorsionar su alma hasta el extremo de borrar/ el recuerdo de amigos y familia, el ritmo cálido/ y velado de aquellos días hoy perdidos?
  • Datos del autor Gustavo Campos nació en San Pedro Sula en 1984. Es estudiante de la carrera de Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula. Es miembro del colectivo mimalapalabra y de la Sociedad Secreta de los Portátiles. El conjunto de su obra cabe perfectamente en una maleta: Habitaciones sordas, su primer poemario, apareció en 2005 con la editorial Letra Negra de Guatemala. En 2006 obtuvo el tercer lugar en el Premio Hibueras, en la rama de narrativa, con su novela Los inacabados, que la editorial de la SCAD publicó este año.
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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Gustav, muy buena poesía. Pero sin duda no supera tu libro anterior. Sigue adelante.

Nelson Ordóñez dijo...

Anónimo, recordá el río... cada cosa tiene su momento.

Gustavo Simón dijo...

Un hospicio es una sala de habitaciones, Madeleine es un mundo de hospicios.
Gracias, anónimo, por entender las cajas chinas.