sábado, 16 de julio de 2011

DCálix: “Tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes”


Poff es una alegre autopsia de una juventud rebelde y sin embargo culta, ubicada en la cola del sistema pero también librepensadora, regida por los principios del hedonismo e igualmente afectada por las pequeñas calamidades cotidianas. No será difícil que se convierta en una obra de culto entre estos jóvenes, pero, considerando su frescura, su desparpajo y su ambición estilística, también dará de qué hablar entre aquellos lectores todavía acostumbrados a las propuestas de las anteriores generaciones de la narrativa hondureña. A continuación, un fragmento de esta primera novela de Darío Cálix, publicado originalmente en la sección cultural Ágora, de diario Tiempo:
Sobre mi escritorio yace el inicio de una novela que nunca voy a terminar. Se trataba de un intento de asesinato contra Charles Bukowski, el escritor. Un asesinato literario, claro está. Iba a ser yo matando a mi papá literario, Bukowski. Pero no fácilmente puede matar uno a su papá. Y mucho menos cuando se es un “escritor novato” como yo. Un escritor joven, un mal escritor. Escribí 18 ó 20 cuartillas y sencillamente caí en la cuenta de que estaba apuntando más allá de mi rango. Entonces llegó la hora de bajar el arma, de devolvérsela a papá y de pedirle perdón.
“Perdón, papá Bukowski, perdón”.
“Ok, mierda. Y no vuelvas a hacer eso”.
No es cosa fácil matar a papá, no cuando uno lo quiere tanto. Cuando uno se siente tan cómodo en él, como si se estuviese en uno mismo. Cuando parece tan natural ser como papá. Cuando se te pega el ritmo y te sentís bien con él, porque ni siquiera sentís que se te ha pegado nada, que vos te has pegado a papá, a su ritmo. No es cosa fácil cuando no te das cuenta, hasta que viene alguien y te lo dice y te lo señala y sí, ahí está, es cierto. Vaya vaya vaya…
Y de pronto tenés un problema enorme. Lo que tenés que hacer es agarrar todo eso y amarrarlo y soltarlo, me dijo un amigo, haciendo como que agarraba, amarraba y soltaba un globo hacia el cielo. Yo me quedé viendo el globo imaginario y pensé: no será nada fácil.
Y de pronto ha pasado un año o dos y el problema no ha sido solucionado. Te decepcionás terriblemente de vos mismo y cada vez escribís menos. Para qué seguir escribiendo poemas como otro, no tiene sentido. Añorás el inocente principio, cuando escribías todos los días sobre todo y nada ni a nadie habías leído. Cuando todavía desconocías las palabras poema y poesía. Cuando el mar de mierda de la literatura no te había seducido todavía con el canto de un par de sirenas enloquecidas. Añorás el inocente principio, la imbecilidad y la ignorancia, sólo para después sentirte patético. Cada vez escribís menos y la posibilidad de no volver a hacerlo te mata. De verdad pensás que eso te mata, pero a medida que pasa el tiempo, la vida y la literatura misma te enseñan que esas son tonterías de niño. Entonces empezás a considerar seriamente la posibilidad de dejar de escribir y comprendés, al fin, que seguís pensando como niño tonto y que cuando en realidad tengás algo sobre qué escribir lo vas a escribir porque sos un jodido escritor al fin y al cabo.Soy un jodido escritor al fin y al cabo. Si se me ocurre escribir una novela, la escribo, y si fallo en escribirla, entonces escribo sobre eso, sobre el fracaso. Porque soy un jodido escritor al fin y al cabo, cada vez que tenga algo sobre qué escribir lo escribiré. Y el fracaso, amigos míos, es definitivamente algo. Pero ¿y si en el escribir sobre el fracaso también se fracasa? Pues bueno, supongo que en ese caso soy solamente un jodido.

  • Entrevista:
DARÍO CÁLIX, AUTOR DE POFF:
“Tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes”

¿Qué novedades aportan escritores jóvenes como vos a la narrativa hondureña?
Creo que la novedad principal es que estamos muy influenciados por la cultura pop y no tenemos ningún reparo en demostrarlo. Además, me parece que escribimos con mucho más desenfado que los escritores inmediatamente anteriores. Si hay algo en común entre los escritores de mi edad es que tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes y hasta de acabarnos entre nosotros mismos.
¿Cuáles eran tus intenciones cuando escribías Poff?
En primer lugar exorcizar todos los demonios que llevaba conmigo por el hecho de ser un escritor joven y darme cuenta de ello, de que lo quería hacer en serio... Me propuse escribir una novela sobre lo que me estaba pasando para dejar todo eso atrás y de paso demostrarme que sí podía hacerlo. Por otra parte, quería capturar ciertos aspectos de mis amigos y gente con la que me relacionaba en aquel momento (mi generación, supongo). Y por último, pues que fuera moderno, por supuesto.
¿Se ven cumplidas esas intenciones ahora que la obra está terminada y a punto de publicarse?
Han pasado casi dos años desde que la terminé y puedo responder con toda seguridad que sí. No me quedan dudas de que la generación a la que apunta este libro disfrutará mucho leyéndolo y que las demás serán sorprendidas. Estoy más que satisfecho con el resultado.
¿Qué cosas creés que deban empezar a cambiar en la narrativa hondureña?
Creo que se debe tocar una temática más global ahora, experimentar con la estructura y dejar de ser tan maricas. Eso, básicamente.
¿En qué sentido creés que los narradores hondureños tienen esa característica de "maricas"?
Creo que lo han sido en ciertos aspectos o en cierta temática. Por ejemplo con el erotismo: ninguna de las novelas publicada recientemente me parece que han tocado el tema exitosa u originalmente. Pero quizás ese ya sea un gusto personal.
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