viernes, 1 de junio de 2012

Villoro y la memoria


Juan Villoro. Foto: Claudia Guadarrama.
Muy interesante la perspectiva de Juan Villoro acerca de la creación literaria recogida en esta entrevista de Jesús Alejo para Milenio (que yo me robo de Moleskine Literario). La memoria, esa que todo lo sabe, es para el escritor mexicano la fuente de su trabajo literario. Nos dice, además, que pertenece a esa clase de escritores que no necesariamente tienen un plan definido antes de embarcarse en la escritura de una novela:
“Nosotros escribimos porque recordamos”, dice Juan Villoro, quien encuentra en la memoria a la mayor cantera para la creación literaria, lo que de muchas maneras se refleja en su obra novelística, como sucede en su más reciente libro, Arrecife (Anagrama, 2012).
“A medida que envejezco pierdo muchas cosas, pero también una de las cosas de ir viviendo es que el pasado se vuelve más grande, incorporas más capas de experiencia, ya sea de otras zonas de tu propia vida o del pasado de tu país.”
Bajo ese entendido, el escritor encuentra que el itinerario del novelista es el de alguien que se mete en un camino largo, tan largo que se extravía y dicho extravío se convierte en la historia que busca en secreto: “Me gusta mucho plantear una novela como algo en lo que te vas a perder y vas a descubrir.
“Hay novelistas que ya conocen ese mundo, tienen una idea muy clara de hacia dónde van a llegar, pero hay quienes escriben para descubrir ese camino. Soy de los segundos: en la novela te debes abandonar un poco para avanzar a ciegas y luego corregir mucho; tienes razón al decir que me interesa mucho la memoria y eso puede ser un vicio narrativo, porque me interesa al grado que de pronto escribo tanto del pasado de los personajes, que me olvido de la novela.”
Ese fue uno de los retos que se planteó Juan Villoro en Arrecife, una historia de amistad, amor y redención, aun cuando también habla de la violencia, de los peligros de la vida y hasta de los sacrificios mayas; todo junto es un coctel que pretende reflexionar en torno a los excesos de la humanidad.
“Me interesaba, primero que nada, contar la historia de una amistad, en donde dos personas recuperan el pasado, si bien uno está más seguro de ese pasado que el otro. Luego quería situar la historia en el presente mexicano, en donde hay un clima de violencia que no trata la novela de manera directa, pero sí es un espejo de los peligros que rodean a la condición humana.”
Esa recreación del pasado tiene como escenario un hotel en el que se ofrecen, como parte de su programa de actividades, aventuras peligrosas, vinculadas lo mismo con el juego, el alcohol, las drogas, los deportes extremos, los animales venenosos o las chicas que no te convienen: “todo eso forma parte del atractivo que muchas veces te hace daño.
“El ser humano es un depredador y se deja atraer por tentaciones que muchas veces son dañinas. Siempre me han intrigado los resorts turísticos, porque son sitios aislados que parecen como naves interplanetarias, donde la gente vive en una situación de total aislamiento, además los hoteles son espacios narrativos por excelencia, porque como autor buscas historias singulares de las personas y en un hotel estamos obligados a ser singulares.”
A Juan Villoro no le interesa tanto la idea de la crítica social, pero al mismo tiempo sabe de la necesidad de reflexionar acerca de los problemas de nuestros días, con una sociedad en la que derrochamos la violencia, en la que hay decapitados, pero hay quienes por deporte juega al gotcha, una representación de la violencia.
“En qué medida vivimos en una comunidad donde la muerte es gratuita y pareciera no tener tiempo para la vida”, se pregunta Juan Villoro; la respuesta se encuentra en Arrecife, una historia en la que se funden muchas de sus obsesiones literarias.
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