lunes, 20 de febrero de 2012

Melancolía de lo efímero


Hernán Antonio Bermúdez es, quizá, el mejor crítico literario de Honduras. Eso se comprueba fácilmente al leer Afinidades (Mimalapalabra Editores, 2011), un libro que reúne ensayos críticos de una buena cantidad de poetas y narradores catrachos. Hoy, nuevamente cede para este blog lo último de su producción: una reseña del libro La secreta voz de las aguas (Mimalapalabra Editores, 2010), de Marco Antonio Madrid:
“Ese viaje feliz del iris sobre la melancolía de lo efímero”. (p. 21)
“Un delirio de siemprevivas”. (p. 18)
Quien me mencionó por primera vez a Marco Antonio Madrid como buen poeta fue Roberto Sosa, hace algunos años. Confieso que no lo había leído y pude, en seguida, hacerme de un ejemplar de La blanca hierba de la noche, esa opera prima deslumbrante publicada en el 2005 en Guatemala, no exenta sin embargo de cierta solemnidad y un tanto grandilocuente. Aquí cabe recordar que, según Yeats, retórica es todo aquello que se hace con la voluntad y no con la imaginación.
Con todo, lo más destacable de ese poemario fue la curva melodiosa de los versos, salpicada de imágenes líricas y hallazgos semánticos.
Con La secreta voz de las aguas (2010), Marco Antonio Madrid ha adquirido una voz poética más sobria y decantada y, como bien dice Felipe Rivera Burgos en el magnífico prólogo, logra avanzar “hacia un lenguaje maduro y menos sentencioso” (sobre todo en la segunda parte del libro).
La atención del poeta se desplaza esta vez de la mitología griega, tan presente en su primera obra, a la naturaleza, a los elementos telúricos, a la flora y fauna del “solar nativo”. Poesía “paisajista” o bucólica se dirá, género fatigado, propio del (insípido) jardín donde pastan los vates más tradicionales.
Sin embargo, Madrid consigue revigorizar -e insuflarle brío- al género y lo “redime” una vez más, tal y como lo hace el sueco Tomas Tranströmer, quien se hizo acreedor al Premio Nobel de literatura el año pasado.
En efecto, el poeta escandinavo no sólo recrea brillantemente el paso de las estaciones climáticas de Suecia, con sus inviernos prolongados y severos y sus veranos breves y fulgurantes, sino también sabe evocar la magia de los inmensos bosques de su país, junto con los animales que los habitan.
De manera similar, Madrid se entronca con el reino vegetal y animal de su provincia de origen, Santa Bárbara, a partir de un tono exultante y entrañable ( el glosario, al final, se lee casi como un manual agrícola). Tales elementos naturales pertenecen a sus recuerdos de niño y están imbuidos de apego y nostalgia. En ese sentido destaca “Poemas de las tierras altas”:
“Todo lo que creías olvidado está en la memoria,
el sol en las zarandas, el misterioso sonido
del agua entre las piedras,
el río como un cuchillo de hielo atravesando
las sierras…
(p. 50)
Además de las aguas de los ríos, el poeta logra captar bien el mar que es, como suele decirse, el principio y fin de todo. El mar es muerte y renacimiento, es donde yace nuestro origen y, para los seguidores de Jung, símbolo de la agonía y del cierre del ciclo de la vida:
“El mar como un animal herido y jadeante entre las piedras.
El mar de mi abuelo, marino a sus dieciocho años,
el de aquellos navegantes que dieron gracias por salir
de sus honduras (…)
El mar de Walcott, ese cofre gris que tiene
a buen resguardo la memoria del mundo”
(p. 45)
Como siempre, lo destacable es el modo mediante el cual un poeta es capaz de abordar una temática en particular, sin caer en lo trillado, esquivando los ripios y los lugares comunes. Y en ese empeño Madrid sale airoso (su único desliz consiste en aludir a “la lluvia pertinaz”). Su aproximación al ámbito rural es fresca y vital, apta para evocar las fragancias del campo, “bajo un cielo imborrable” (p. 17), donde “los ríos (…) bajan de las montañas” y “el sol (…) extrae su oro/ de ese nicho de rocas donde hermanan sus aguas” (p. 17).
El canto a la naturaleza se da, además, en contraposición a la sordidez urbana: “A lo lejos, en los vertederos públicos de las grandes/ ciudades, donde el amor agoniza como un animal nocturno” (p. 39). Pues, en efecto: “Atrás queda el necio, la ciudad y la horda que vuelve/ gris el silencio transparente de las fuentes” (p. 41).
La secreta voz de las aguas consolida los logros que Marco Antonio Madrid alcanzó en su primer poemario, es decir, la habilidad para hilvanar líneas cuya melodía es capaz de rozar a cualquier lector, con un lirismo diáfano y transparente. Lo nuevo son las trazas de melancolía inocultable. En medio de la exaltación de esa “miel de donde brota el manantial/ de la memoria y sus anchas vegas” (p. 49), subyace la reflexión y la pesadumbre: “Y sientes que se acaba todo, que se va la vida,/ que se van los años” (p. 64). La precaria mortalidad, “de la cuna al sepulcro” (p. 73), frente a la imperturbabilidad de los “estancados cielos” (p. 31).
Ciertamente Madrid trae a colación que pese al esplendor de “las aguas que pulen/ insomnes el duro mineral de un origen” (p. 65), y al “ milagro de la yerbabuena” (p. 57), queda el inevitable sedimento de tristeza y dolor, propio de la condición humana. No en vano “La noche es vasta,/enorme la soledad” (p. 75), y “el enemigo acecha” (p. 61).

Estocolmo, 16 de febrero del 2012

domingo, 5 de febrero de 2012

Auster dialoga consigo mismo


Portada de este libro autobiográfico de Paul Auster.
Anagrama publicó recientemente Diario de invierno, de Paul Auster, "un puzle sentimental que alterna algunas páginas anodinas con episodios de alta graduación emocional y evocaciones soberbias, capaces de enaltecer cualquier momento insignificante de la vida cotidiana", según lo describe Javier Aparicio Maydeu en esta reseña aparecida en la última Babelia. "Es el libro de la vida de un hombre, pero admitamos que es sobre todo el libro de la vida de un escritor, capaz de crear un mundo entero de sensaciones alrededor de un retrete atascado o del cuerpo de una madre muerta, el libro de una persona "precaria y dolida, un hombre que lleva una herida en su interior desde el principio mismo, ¿por qué, si no, te has pasado toda tu vida adulta vertiendo palabras como sangre en una hoja de papel?", continúa el crítico. JAM compara esta última obra de Auster con libros como -Pelando la cebolla o La caja de los deseos de Günter Grass, Hombre lento de Coetzee, Elegía de Philip Roth, Se está haciendo cada vez más tarde de Tabucchi y Calle de las tiendas oscuras de Modiano.
Esperemos que llegue pronto a nuestras escasas y pobres librerías.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Fallece Wislawa Szymborska


La poeta polaca Wislawa Szymborska.
"¿Qué función cumple la poesía ante la crueldad del mundo?", le preguntaron a Wislawa Szymborska, premio Nobel 1966, en una entrevista de El País hace tres años. "El mundo es cruel, pero merece también otros calificativos más compasivos. Si únicamente fuera cruel, la gente hace mucho tiempo que no estaría aquí. Habría aquí y allá algunos escombros y crecerían algunas plantas. Plantas anónimas, porque no habría nadie que les diera nombre", respondió. Hoy, a sus 88 años, la poeta murió "Tranquilamente y en sueños", según dijo su asistente, en su casa de Cracovia. La noticia aquí.

domingo, 22 de enero de 2012

La vanidad literaria


Lectores de Lolita, de Vladímir Nabokov, fotografiados en una librería de Londres en 1959.- GETTY IMAGES / KEYSTONE.

Interesante este artículo sobre la vanidad literaria publicado por Javier Gomá Lanzón en Babelia. "No hay otro criterio que el veredicto unánime de jueces con gusto delicado, libres de prejuicio, dotados con capacidad de comparación y auxiliados por una práctica constante", cita el autor, de otro artículo de Hume, para empezar a hablar del asunto. "A falta de otros expedientes mejores, la única forma de conocer el valor de la obra literaria que uno produce es, en consecuencia, procurarse la aceptación de los demás", sigue. Pero mejor leamos un fragmento del artículo:
En el ámbito literario, en cambio, la historia no es acumulativa. ¿Es superior Tolstói a Goethe, éste a Shakespeare, éste a su vez a Dante, Virgilio y Homero? La obra de uno de ellos no anula la validez de la anterior ni la reemplaza. El espíritu artístico no progresa -como lo hace el relevo que se traspasan de mano en mano los atletas- sino que deviene, y sus obras maestras, aun las más antiguas, disfrutan todas de una actualidad simultánea. Aquí la categoría de progreso no es explicativa. Y no lo es porque carecemos de un criterio objetivo que determine la verdad literaria. ¿Ha sido sometido Platón a un experimento científico que advere la exactitud de sus proposiciones filosóficas? No. ¿Dónde reside, pues, su verdad? En que durante generaciones y generaciones, hasta hoy, la lectura de los Diálogos ha resultado fecunda para muchos. La función que tiene en las ciencias el laboratorio la cumple en la literatura el consenso.

domingo, 15 de enero de 2012

Literatura hondureña del 2011


Poff, El mundo es un puñado de polvo y Música del desierto, tres de los títulos de narrativa publicados en 2011 en Honduras.
Repaso las líneas del estante que alberga mis libros de literatura hondureña y, sin rigor alguno pues me confío sólo a la memoria y a lo que tengo a mano, decido elaborar una lista de los títulos publicados el año recién finalizado, la mayoría de ellos por autores o por editoriales de la costa norte:
Destaca el protagonismo de la narrativa, que vio la publicación de cuatro novelas y cuatro libros de cuentos, además de una antología, lo cual es la confirmación de que este género está cobrando mayor importancia entre los escritores de este lado del país, dejando a Tegucigalpa con la hegemonía en la poesía. Entre todos ellos, dos primerizos: Darío Cálix (Poff, Editorial La Hermandad de la Uva) y Martín Cálix (Partiendo a la locura, Ñ Editores), el primero con mucha más calidad que el segundo, aunque ambos aborden temas comunes, como la música y esa especie de escepticismo Siglo XXI. Los restantes son más conocidos, aunque dos de ellos se estrenan en novela y cuento, respectivamente: Jorge Martínez, con El mundo es un puñado de polvo (Editorial Grado Cero), una novela con maras y mareros escrita desde el centro mismo de ese submundo catracho, y Jessica Sánchez, con Infinito cercano (Letra Negra Editores), que es un libro de relatos en los que la mujer suele ser la protagonista, sin que esto derive necesariamente en feminismo puro, cosa casi siempre reprochable en los libros publicados por nuestras narradoras. Mario Gallardo dio a conocer los relatos orales de la comunidad garífuna de Masca en el libro La danta que hizo dugú (Mimalapalabra Editores), precedidos por un extenso ensayo introductorio que explica con detalle el proceso de preparación del libro, la historia de esta comunidad y sus rituales y creencias. Dennis Arita publicó su segundo libro de relatos, Música del desierto (Editorial Orbis), que sigue el estilo de su anterior obra y lo confirma como uno de nuestros mejores narradores. Memorial del blasfemo (Editorial Guaymuras) es la más reciente novela de Jorge Medina García, un narrador con amplia trayectoria y gran calidad. Buscando el paraíso (Editorial Iberoamericana) es la segunda parte de la trilogía que se ha propuesto escribir Marta Susana Prieto sobre la llegada de los españoles a nuestro territorio, un proyecto que posiblemente termine este año o el próximo.
Murvin Andino decidió publicar su segundo poemario, Extranjero (Mimalapalabra Editores), y en este género se reeditaron dos libros más: La casa de los locos, de John Connoly, y El canto de las estaciones, de Javier Hernández, ambos con Ñ Editores. Otra reedición destacada es Afinidades (Mimalapalabra Editores), de Hernán Antonio Bermúdez, que reúne los mejores ensayos de crítica literaria escritos por su autor durante varios años, casi todos enfocados en obras de autores hondureños.
Finalmente, dos antologías de la Editorial Nagg y Nell: Entre el parnaso y la maison, preparada por Gustavo Campos, que reúne textos narrativos de 10 autores del norte de Honduras, y Cuarta dimensión de la tarde, preparada por Otoniel Natarén, que incluye poemas de autores de la costa norte y de la ciudad de Holguín, Cuba.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Orsai (Fuera de juego)


Me entero, vía Moleskine Literario, de un extraordinaio proyecto cultural llamado "Orsai". Su creador, argentino, de nombre Hernán Casciari, nos lo explica en este video de 18 minutos que también resulta ser una magnífica historia. Parece que esto demuestra que con imaginación y voluntad la cosa puede marchar. Compruébenlo.

martes, 20 de diciembre de 2011

Qué es y qué no es una novela


Portada de la novela de GGMárquez aludida en el artículo.
Con ocasión de una reciente noticia relacionada con García Márquez, el novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez nos entrega en este artículo, publicado en El Espectador, una leccioncita que tendrían que aprender muchos de nuestros "lectores" catrachos, acostumbrados a confundir, con ignorancia y altanería a la vez, algunas cosas elementales:
Hace 17 años, un tal Miguel Reyes Palencia demandó a García Márquez por haber convertido su vida en literatura.
Sostuvo Reyes que el personaje de Bayardo San Román era él, o que él era Bayardo San Román. Ustedes lo recuerdan: aquel hombre misterioso y adinerado que en Crónica de una muerte anunciada se casa con Ángela Vicario, descubre que la novia no es virgen, la devuelve a su familia y pone en marcha la tragedia que acabará con la muerte de Santiago Nasar. Sostuvo Reyes que García Márquez le debía la mitad de las regalías que hubiera obtenido por la novela y que además su nombre, el de Reyes, debía figurar en la portada como coautor. Hace unos días, un tribunal superior de Barranquilla falló a favor de García Márquez y en contra de las curiosas pretensiones del modelo real del personaje ficticio. Y al hacerlo ha recordado algunas verdades sobre la creación literaria que al parecer no son, o no son siempre, del dominio público.
El asunto tiene un lado humano, demasiado humano: el oportunismo. Y no es la primera vez que alguien trata de sacarle tajada al éxito económico de García Márquez con estas estrategias: ustedes recuerdan que ya el marinero cuya experiencia informa el Relato de un náufrago había probado suerte de la misma forma. Con una diferencia: el hecho de que ese relato fuera un reportaje —y no una ficción— podía provocar cierta confusión en gente bienintencionada. Pero alegar que uno es coautor de una novela por el hecho de que su vida ha inspirado la creación de un personaje no sólo es cómico: es delirante. En la (justamente) célebre entrevista con Hemingway, el entrevistador de la Paris Review le dice: “¿Podría usted decir algo acerca del proceso de convertir a un personaje de la vida real en un personaje ficticio?”. La respuesta de Hemingway es: “Si explicara cómo se hace a veces, sería como hacer un manual para abogados expertos en difamación”. Y para oportunistas, añado yo.
Una novela no es nunca las cosas que cuenta, sino cómo se cuentan esas cosas. Tomen ustedes la siguiente historia: una mujer frívola se casa mal, se aburre de su matrimonio, se enreda con uno o dos amantes y la vida se le enreda tanto que acaba en la desgracia. Con semejante material pueden ocurrir dos cosas: una mala telenovela venezolana o Madame Bovary. Un joven confundido comete un asesinato, es perseguido por la policía y acosado por la culpa hasta que decide confesar su crimen, va a parar a la cárcel y allí encuentra la redención gracias al amor de una mujer. Con eso se hace una pésima película de Hollywood o Crimen y castigo. La diferencia, por supuesto, está en las palabras que se escogen, el orden en que se ponen, las escenas o los párrafos que construyen: ese complejo aparato que es una novela es la consecuencia de muchas decisiones, y ninguna de ellas pertenece a la persona real que el novelista usó.
Crónica de una muerte anunciada, ese librito que en mi edición tiene apenas 120 páginas, es uno de los aparatos narrativos más sofisticados de nuestra lengua. Su construcción y su prosa son una maravilla; su falsa estrategia periodística, una lograda osadía. Bayardo San Román es una criatura hecha de lenguaje, y ese lenguaje no es el de Miguel Reyes Palencia, sino el de Gabriel García Márquez. Y eso, me parece, es todo lo que hay que saber.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Narrar la vida de la madre puta


El escritor mexicano Julián Herbert. Foto de MÓNICA ÁLVAREZ HERRASTI.
"No reivindico ni la pobreza ni el sufrimiento. Con cualquier vida se puede construir un universo literario", dice el mexicano Julián Herbert (Acapulco, 1971), reciente ganador del premio Jaén de Novela con la obra Canción de tumba (Mondadori). En esta nota de El País, nos dicen que Herbert, narrador, poeta y vocalista de la banda de rock Madrastras, cayó en 2006 como una piedra en el estanque editorial español con Cocaína. Manual de usuario (Almuzara), un texto escrito con el mismo cuchillo con el que ahora relata la vida de su madre, prostituta.
La enfermedad terminal de una mujer cuyo primer recuerdo era una paliza fue el detonante de la historia que su hijo empezó a redactar para sobrellevar las noches de hospital. "Tuve que vencer una vergüenza personal y otra literaria", dice el escritor por teléfono desde Saltillo. "Lo autobiográfico tiene esquinas difíciles". "Madre solo hay una. Y me tocó", reza la cita que abre Canción de tumba. Lo que le sigue es un torrente de nomadismo prostibulario, casas malconstruidas por sus propios inquilinos, desahucios y violencia. "Lo malo de ser el hijo de una puta es que, cuando eres niño, muchos adultos actúan como si la puta fueras tú. Mi hermano mayor tuvo que salvarme de ser violado al menos en tres ocasiones antes de que me graduara de primaria", escribe Herbert, que insiste en que su mayor preocupación no fue qué contar sino cómo hacerlo: "No quería hacer una autobiografía sino algo que funcionase literariamente".
Si quieren seguir leyendo, váyanse por aquí.

domingo, 11 de diciembre de 2011

MGallardo: "No soy ningún autor canónico para dar consejos"

Y para finalizar esta serie, tomada de esta publicación de La Prensa, les dejo las respuestas de Mario Gallardo (incluido en Puertos abiertos. Antología de cuento centroamericano) a Carlos Rodríguez:
¿A qué otro autor nacional le hubiera gustado ver en la antología “Puertos abiertos”?
Desconozco detalles acerca de los parámetros utilizados para la selección por Sergio Ramírez, por lo que sería insensato proponer inclusiones basadas en premisas personales, pero me atrevo a decir que Roberto Castillo no debiera faltar en ninguna antología de narrativa centroamericana.
¿Cree que “Puertos abiertos” ofrece una visión saludable del cuento centroamericano?
No soy muy afecto a las metáforas medicinales, pero es indudable que ofrece un panorama amplio y representativo de la narrativa de corto aliento que se está escribiendo en la región, además de tender un puente entre propuestas que marcaron el paso durante el siglo XX y las que se encuentran en proceso de definirse en el XXI.
Para un autor hondureño, ¿qué importancia tiene aparecer en una antología hecha por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica?
La misma que para el resto de los autores centroamericanos: el honor de haber sido seleccionado por un hombre de letras con una carrera tan unánimemente celebrada como la de Sergio Ramírez y las ventajas de aparecer publicado en una editorial que puede presumir de una trayectoria impecable a nivel continental.
¿Cuál es su cuento favorito de los autores incluidos y que no aparece en la antología?
“Lejano”, de Eduardo Halfon, y “La niña que no tuve”, de Rodrigo Rey Rosa.
Algunas personas han opinado que reveló demasiado de la vida real en Las virtudes de Onán, ¿qué piensa?
Sobre “Las virtudes de Onán” han escrito Helen Umaña, Hernán Antonio Bermúdez, Giovanni Rodríguez, Rodolfo Pastor y Gustavo Campos, y en ninguno de sus trabajos he visto expresada esa sentencia, así que no podría decir mucho en torno a tales “revelaciones” ya que desconozco absolutamente su contexto.
¿Qué consejo le daría a los escritores jóvenes?
No soy ningún autor canónico para dar consejos, pero in extremis optaría por el más trillado, pero el que menos adeptos tiene: leer y, sobre todo, releer.
¿La literatura debería estar comprometida con alguna causa?
No creo en más compromisos que el de preservar la autenticidad de tu propuesta y esforzarte al máximo por escribirla bien.

GCampos y la muerte de Sosa (según CR)

En la misma publicación de La Prensa citada en la entrada anterior de este blog aparece también esta corta entrevista a Gustavo Campos (antologado en Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana). Carlos Rodríguez, el entrevistador, suelta un dardo desde la primera pregunta, pero habría que preguntarle a él si les haría la misma pregunta a todos los poetas hondureños incluidos en esta antología... Porque según Carlos, si Roberto Sosa no hubiera muerto, los únicos poemas hondureños que aparecerían en esta antología serían los de Sosa. Vaya pendejada! Dejando aparte ese asomo egocéntrico en algunas de las respuestas de Gustavo Campos, hay que reconocer que su poesía publicada hasta ahora es una de las más auténticas de los últimos años y que no necesita de la muerte de nadie (ni del autobombo) para sobresalir y ocupar un lugar en una antología tan importante como ésta preparada por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica.
¿Su inclusión en la antología “Puertas abiertas” está marcada por la muerte del poeta Roberto Sosa, ¿es cierto? ¿Qué opina?
Mi obra estaba preseleccionada, según me dijo uno de los integrantes del consejo editorial, y creo más que mi inclusión se debe a un reconocimiento de mi labor creativa que supone, y se entrevé al ver la selección de mis poemas, un nuevo camino que transitar en la poesía hondureña. La muerte de Roberto Sosa nos conmovió y tenemos claro que de seguir vivo él estaría incluido como uno de los poetas más reconocidos que ha dado nuestro país.
¿“Puertas abiertas” es una especie de recompensa a su trabajo poético?
En cierta medida sí. Es gratificante saberse antologado en una de las más prestigiosas editoriales de habla hispana, pero no lo veo como “recompensa” o “incentivo”, de no haber salido seguiría escribiendo y escribiendo, pues la verdadera “recompensa” a la que aspiro es lograr una obra maestra.
¿Con la poesía de qué autor incluido en este libro se identifica tu “yo poético”?
Mi “yo poético” no cree identificarse con otros autores incluidos, pero como lector admiro mucho a poetas como Rigoberto Paredes y óscar Acosta. Lo que me entristece es la exclusión de tres poetas que a mi ver debieron aparecer, como ser: José Luis Quesada, Livio Ramírez y José Antonio Funes. Con los poetas que más me identifico ya están muertos, Edilberto Cardona Bulnes y Nelson Merren.
¿Gustavo Campos cree en el destino?
Creo más en la predestinación. Y cuando llego a creer en el destino me provoca cierto temor a nivel personal, pero grandes expectativas a nivel profesional.
¿Para un escritor hondureño, ¿qué representa aparecer en una antología hecha por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica?
Una satisfacción y una alegría innegable de que haya sido un gran escritor como lo es Sergio Ramírez quien te incluya en una antología que a su vez es publicada por una editorial de gran prestigio.
¿Cuál es su mayor defecto en el oficio de escribir?
Soy muy autocrítico, diría casi autodestructivo conmigo mismo y con mi obra. Soy capaz de distanciarme de mis trabajos y ejercer juicios críticos en su contra, los mismos que aplicaría a otras obras. No me enamoro de mi escritura y a veces suelo reírme de escritos míos.