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viernes, 22 de enero de 2010

I'm walking with Terry Reid



Portada de River, 1973. Terry Reid.

Jimmy Page invita a Terry Reid a unirse a los New Yardbirds, la futura banda Led Zeppelin. Page había terminado su ciclo en Yardbirds. Terry no acepta la propuesta. Pero conoce a Robert Plant y de plano sabe que es el tipo que debe unirse a Page y entonces lo recomienda. Tiempo después Terry responde también con una negativa a Deep Purple, lo invitaban a tomar el lugar del vocalista Rod Evans.

¿Qué tenía el compa Reid para recibir esas ofertas? Muchos dicen que despreció la fama y la fortuna o que perdió dos oportunidades valiosas para convertirse en una superestrella del rock. Lo cierto es que ahora nada de eso importa. Y si no le importó a Reid, menos a un habitante de estas Honduras que recién lo descubre.

En estos días, gracias a D, tuve el placer de conocer parte de la música de este inglés. D escuchó la rola Seed of memory en la película The devil's rejects. D me dijo que estaba buscando Seed of memory porque le llamó la atención que la cinta, "sucia y violenta", terminara con esa canción. Yo estaba leyendo (en PDF, claro) los diarios de Kurt Cobain y escuchando unas rolas de G.G. Allin (When I die), por referencia de Cobain.

Pero cuando D habla de una película o de una rola vale la pena tomarle la palabra e investigar de qué se trata. Entonces voy a Google y empiezo la búsqueda de Terry Reid. Nada fácil. Reid es uno de esos tipos geniales opacados por las grandes estrellas del rock de los sesenta y setenta. Al fin encuentro Seed of memory. Buena rola. Pero escarbo más en la red y saco otras joyitas de esa época de oro de Reid. Por cierto, está vivo.

En estos momentos prefiero escucharlo con el placer de quien descubre, por ejemplo, un manuscrito de un escritor olvidado. Me pregunté -como un recién llegado al mundo Reid- si en algún momento se arrepintió de rechazar un puesto en Led Zeppelin y en Deep Purple.

Peter Doggett de la revista Record Collector lo entrevistó en 1992 y allí encontré la respuesta:
RC: You've gone down in the history books as the man who was asked to join Led Zeppelin, but had to turn them down, because Mickie Most had you under exclusive contract.
TR: That's a load of bullshit! I was the one who put the group together. Jimmy Page offered me the job, but I had two tours of America booked up, so I had to say no. In the meantime, we were doing a gig-in Buxton, I think it was - with the Band Of Joy as support. I'd seen them before, and I knew Robert Plant and John Bonham . And when I watched them on stage, I thought, that's it I could hear the whole thing in my head. So I phoned up Jimmy the next day and said, "I've found him, the singer". And Jimmy said, "What does he look like '?" "Whaddya mean what does he look like'?", I said. "He looks like a Greek God. I'm talking about how he sings! And the drummer is phenomenal Check it out!" So people keep saying "Terry found Robert", but he weren't lost. He took a bit of finding, but he weren't lost!

RC: So there was no bitterness about missing out on joining Zeppelin ?
TR: No,. I'm the guy who put the greatest rock and roll band in the world together, and I'm proud of it. When you do something good, there's always people gonna try and make something bad out of it. But it don't bother me, mate I never got a penny out of it, but I should be bitter about that? No, I'm just proud.
Bueno, si desean escuchar algo de Reid, les dejo unas rolas. Por ahora recorro, de la mano de Terry Reid, esos caminos que otros disfrutaron cuando yo aún no era parte de la humanidad.



sábado, 14 de noviembre de 2009

Mi voto por nadie

La primera vez -y última- que asistí a una caravana política tenía 13 años de edad. Mi madre, nacionalista por herencia, era una de las miles de mujeres hipnotizadas por la palabra del licenciado Rafael Leonardo Callejas (a quien este año le entregaron 16 cartas de libertad definitivas que confirman su honestidad). Recuerdo las banderas con la estrella solitaria que ondeábamos subidos en la paila de un pick up Toyota 1000. Cinco años después llegó el tiempo para ejercer el sufragio. Sin conocimientos amplios -aunque aún ahora tengo muchos vacíos- acerca de la historia política de Honduras, decidí no votar por ningún candidato: Ni Carlos Roberto Reina, y menos Oswaldo Ramos Soto. Luego subieron al trono presidencial Carlos Roberto Flores, Ricardo Maduro y Manuel Zelaya. Ninguno despertó mi interés y me sumé a los miles de hondureños que ya no se tragan el gastado discurso de combate a la pobreza, apoyo a la educación, combate a la corrupción o gobierno para los pobres. ¿Por qué dar mi voto para legitimar las falacias de quienes adquirieron astucia política desde alguna dependencia del Estado? ¿No tengo acaso derecho de elegir no elegir este 29 de noviembre? Muchos se llenan la boca diciendo que elegir es un derecho constitucional. Falso: nos obligar a creer eso. Los hondureños van a las urnas para legitimar al candidato que los grupos de poder "bendicen". No elegimos, legitimamos la voluntad de quienes en realidad tienen el poder para poner y quitar presidentes. De nuevo me rehuso a participar en las elecciones. "Cambio Ya", dice Pepe Lobo. Pepe no merece nuestro voto. "El cambio para vivir mejor", proclama Elvin Santos; tampoco merece nuestro voto. El "Obama" Catracho -qué manía la de buscarle a todo personaje famoso su contraparte catracha- deja mal parada a la cultura garífuna; tampoco merece que desperdiciemos un domingo para darle el voto. "Del pueblo al poder", asegura Felícito Ávila del Partido Demócrata Cristiano de Honduras. Basta con echarnos a reír y no votar por el partido verde que nunca alcanzó madurez. ¿Y César Ham? Pues mucho ruido y pocas nueces. ¿Y Carlos H. Reyes? Ha hecho historia al lograr una candidatura independiente. Aunque tampoco le daré el voto, porque se retiró del proceso electoral.
¿Qué opciones tenemos entonces quienes descreemos del tradicionalismo político de estas Honduras? Pues no votar para demostrar que somos más los ausentes que aquellos "ilusos" o "engañados" que todavía creen que eligen y que los presidentes dependen de su voto. Aunque quizá he votado sin darme cuenta. ¿Si en elecciones pasadas han ejercido el sufragio los muertos, porque no han de obligar a votar a quienes no asisten a su centro de votación? En estas Honduras todo es posible. Si acaso cambiara -aunque sé que no pasará- no podría ya ejercer el sufragio pues no cambié mi domicilio de votación y tendría que movilizarme a Tegucigalpa.
¿Que soy zelayista? ¿Nángara? ¿Comunista? Nada de eso. Solo un lector con algo de sentido común y apatía por marcar bajo un rostro hipócrita y mancharme el dedo por "amor y respeto a la democracia". ¿Serán éstas las elecciones más votadas? Si los organizadores del teatro electoral quieren sí, aunque la gran mayoría nos quedemos viendo la tv o durmiento el próximo 29 de noviembre. ¿Votar para salvar a Honduras? Otra falacia. El futuro de estas Honduras es sombrío. Los tentáculos de las vacas sagradas que heredan el poder a sus becerros asfixian cualquier intento por encaminar por nuevos caminos a esta patria. Su prioridad no es Honduras, sino mantener su status y defender sus haciendas (entiéndase intereses). ¿Que si no creo en la democracia? -¿Y existe, pues?
Publicado también en carloshn.blogspot

miércoles, 17 de junio de 2009

La llamada de N

Por Carlos Rodríguez
Almuerzo, si se le puede llamar así a tres piezas de Pizza Hut, a dos vasos de té y a un pan de ajo. Regreso a la chamba para cerrar las notas asignadas. Cerca de las tres de la tarde de este 17 de junio recibo una llamada del poeta N. Me pregunta si el autor de Ficción hereje para lectores castos está en la ciudad y si estará en el "antro" (se refiere a Klein Bohemia) donde se presentará el libro.
- No, N. El autor sigue en España pero, aunque usted no lo crea, estará presente a través de una conexión de internet.
- Entonces no voy...
- Pero estará Simón, Ricardito, Sarita, y le mencioné otros nombres sin saber si en realidad llegarán este 19 de junio a ese sitio...
- Los mismos de siempre -me interrumpió.
Me quedé callado.
- Mejor compro el libro. Hoy lo miré en librería Caminante. Además, esa zona de Klein es peligrosa y ese lugar ya no es como antes...
No dije nada.
- Mejor voy a esperar a ver qué dicen los que lean el libro y entonces lo compro.
- ¿Por qué esperar? -Le dije a N. Mejor cómprelo, lo lee y usted mismo decide si es "bueno" o "malo".
- Es que me gusta primero oír la opinión de otros para comprar un libro.
- Creo que lo mejor es leerlo uno mismo -insistí con mis buenos modales. Además, no creo que valga quinientos lempiras.
- No -dijo N. Me parece que lo tienen a 175 pesos y el título me gusta, dan ganas de comprarlo. También me dijeron que se trata de unos chavos que secuestran a Misael Argeñal. Pero no sé si será bueno.
Pensé en colgar pero, como era él quien había marcado mi número celular, decidí -para vengarme de este homo dundis hondurenis- darle largas a la conversación.
- Pero le aseguró que no es como los secuestros de los libros de M, le dije para picarlo.
- Y qué tiene que ver M en esto. Eso es lo que no me gusta de ustedes. Tal vez M no escribe bien todavía y le falta mucho para ser un gran escritor pero es uno de los más vendidos -respondió en tono fuerte.
- Pero más vendido no significa calidad, ¿cierto? Acuérdese de Coelho. Compre el libro de G, compa.
- No. Mejor voy a esperar a ver qué dicen quienes lo lean.
- Bueno, entonces vaya a la presentación que habrá en el museo de antropología el otro viernes. También Murvin va a presentar Corral de locos...
- ¿Para qué? Para ver a los mismos. Además, ya no asisto a ese tipo de eventos.
- ¿Ya se volvió Saraviano?
- No, es que mejor dedico ese tiempo a escribir. Además, ustedes sólo llegan para burlarse de los demás.
Me cansé de N. Aunque era él quien gastaba dinero en una plática sin sentido, yo me estaba convirtiendo en el estúpido. Me despedí de N. Cuando G vivía en San Pedro Sula le prestó a N algunos libros. N aún se cree poeta. El efecto N se propaga en la ciudad. Ficción hereje para lectores castos parece un título atractivo a los lectores N, pero no dan el paso -ni el pisto- porque esperan que otros opinen por ellos. En realidad, creo que N no asistirá a ninguna presentación de Ficción hereje... porque, ¿a quién le dirá que le regale el libro? N colecciona libros autografiados, pero si G estará conectado vía internet desde España, ¿cómo le pondrá la firma al libro que le regale a N?
De todos modos, creo que Ficción hereje para lectores castos no será una historia interesante para tipos como N. ¿Por qué? Porque dónde está la enseñanza, la fábula moral o esa lección positiva que debería dejar en la vida de un ser humano la lectura de un libro. Es imposible no sentir cólera al hablar con un lector N. El efecto N se ha convertido en pandemia.

viernes, 24 de octubre de 2008

La culpa es de Kalimán

Por Carlos Rodríguez
Tengo un sueño recurrente. Siempre me he preguntado qué podría significar. Desde que recuerdo, este sueño se repite. Cuando retorno al mundo de los despiertos confirmo la pura y simple fantasía.
Sueño que puedo volar. Aparezco en medio de la noche caminando por una calle de tierra de mi pueblo natal (soy niño) mientras una manada de perros me ladra y persigue. Trato de escapar, pero los pies parecen calzar zapatos de hierro: demasiado pesados para correr y librarme de la jauría. En la fuga aparece una inmensa cuesta y a gatas intento subir. Casi perdido y resignado a ser desgarrado por las fieras decido agitar los brazos. Aleteo... aleteo... y poco a poco comienzo a levitar. Los canes ladran furiosos con la mirada hacia arriba. Estoy en el aire, entonces me burlo de ellos.
Difícil de creer, sólo con mover mis brazos, como agitan sus alas los pájaros, yo hago realidad lo que parece imposible para el hombre: volar. Esa acción increíble se ha repetido a través de los años en diferentes escenarios y, con sólo abanicar los brazos, el cuerpo se torna liviano y alza vuelo. Otras veces logro tal hazaña a través de la meditación: estoy en una situación extrema y entonces, no sé cómo, esa parte intangible de mi ser abandona el cuerpo y escapa volando.
El sicoanalista preguntaría si vuelo en forma humana o de pájaro, si vuelo alto o bajo, si durante el sueño caigo repentinamente a tierra, si el vuelo es vertical u horizontal, si vuelo solo o acompañado, y exploraría otras variantes antes de atreverse a dar una explicación. El amigo pintor diría que es falta de cannabis y que el sueño recurrente no es más que un deseo sin cumplir; me recetaría una dosis ecológica. Por su parte, el hermano pastor evangélico -o apostol como les gusta llamarse ahora- explicaría que tal experiencia onírica representa el deseo de mi alma por acercase a Dios: me animaría para que acepte a Jesús como mi Salvador Personal.
Pero ya resolví el misterio. La manía de volar en sueños se remonta a mis primeras lecturas. Sí, los culpables de todo son Kalimán y Águila Solitaria, protagonistas de "paquines" que leí en los ochenta. Historietas que, hasta ahora lo sé, publicaba Promotora K y Editorial Novaro, ambas mexicanas. También las publicaron otras editoriales, pero eso no me interesa mucho en este momento. El piel roja -Águila Solitaria- posee la capacidad de volar. Nada sobrenatural: en sus brazos amarra dos grandes alas elaboradas con plumas y se lanza al vuelo. El otro culpable: Kalimán. El sereno hombre de turbante que, tras meditar sentado sobre sus piernas, se aventura en largos viajes (puro desdoblamiento). Quizá mi inconsciente aprendió de este personaje el dominio de la mente sobre el cuerpo.
Esos personajes de historieta barata -que siempre leía de prestado- se convirtieron en los primeros habitantes de ese mundo imaginario y caprichoso que se activa al hundirme en el misterioso territorio de Morfeo. En fin, no existe nada religioso, paranormal o sicotrópico, simplemente se trata de héroes de paquines. Lecturas primigenias que alimentaron la memoria infantil.
Nota: Si desean descargar algunas de las historietas ("paquines") en pdf, les dejo estas direcciones: Kalimán y Águila Solitaria.

miércoles, 15 de octubre de 2008

Coelho sí le entiende al trámite

Por Carlos Rodríguez

No soy admirador de Pablo C. Hace años leí El Alquimista, pero al llegar a la tierra de la literatura quemé los barcos y nunca más sucumbí a su fácil palabrería. Sin embargo, debo reconocer que este portugués sí le entiende al trámite, al negocio, a la venta de sus libros. En la 60ª Feria del Libro de Fráncfort dejó claro que aprovechó Internet para potenciar sus ventas, aun sin la venia de sus editores. Se convirtió en pirata de sus propios textos mediante una página digital que denominó The pirate Coelho. Aunque sus libros se venden cual tomates en el mercado, no dudó en subirlos a la web, según dijo, "para aumentar el número de lectores, que no sólo leen los textos a través de la red sino que también terminan, tarde o temprano, recurriendo al libro impreso".

A vista y paciencia (quizá molestia incluida) de escritores y editores, la red es una infinita biblioteca digital, donde con unas pocas búsquedas uno pesca el libro deseado. Aún los textos alojados en "books.google" -con algunos trucos- se descargan. Pero volvamos a Coelho. ¿Cómo combate la piratería de sus libros? Subiéndolos a la red y permitiendo que sus lectores los descarguen gratis. ¿Esa táctica ha disminuido sus ventas? No way, Jose, las ha incrementado.

Con regularidad visito la web de Sergio Ramírez y ahora la de Vila-Matas. Algunos de sus libros, más en el caso del autor español, los conseguí primero en Internet. ¿Algún día se piratearán "oficialmente" a sí mismos en su sitio virtual? Vila-Matas sabe que ciertos textos suyos navegan libremente en el mundo virtual. Recuerdo mi primera lectura de Vila-Matas: Bartleby y compañía. Lo descargué del ya extinto FTP Michel, lo imprimí en papel tamaño carta y así pasó de mano en mano. Ahora varios de los que leyeron la copia pirata tienen un original. Así leemos muchos tercermundistas que vivimos al día y que adquirimos el libro impreso cuando podemos.

No he perdido la práctica de hurgar la red en busca de libros. Si matan uno de los sitios, aparecen diez. Pero sería un gran alivio -para no cargar con el mote de piratas- que los escritores serios vencieran el temor a Internet, liberaran sus creaciones e hicieran más grata la visita de sus lectores a la librería cuando acudimos a comprar el libro impreso. Si los amantes de Pablo Coelho pueden descargar libremente algunas de las recetas de autoayuda de su escritor, ¿por qué a los discípulos de Paul Auster, Vila-Matas, Bolaño, Aira, Villoro, Saramago, Castellanos Moya, Pitol, etc... se nos negaría disfrutar -en pleno siglo XXI- la lectura de libros digitales?

Coelho sí le entiende al trámite, compas.

Nota: pensaba convocar a mis amigos con el fin de confiscar todos los libracos de Coelho y quemarlos en el parque central. Pero si los libera en la red, ¿cómo podremos destruirlos?