miércoles, 14 de octubre de 2009

Nocilla Lab + Vila-Matas

AFMallo. Fuente: www.diarioinformacion.com
Una sinopsis de lo que encontraremos en Nocilla Lab, la tercera parte de la trilogía de Agustín Fernández Mallo, la ofrece el periodista Ricard Ruiz Garzón en El Periódico. Desde ya se dice que esta tercera parte será la más literaria pues contiene múltiples apariciones de escritores, entre ellos Vila-Matas. Leamos:
Un obrero de Prípiat, Chernóbil, regresa a su hogar cinco años después del desastre y se muestra incapaz de identificar su casa, lo cual conecta con una reflexión sobre la similitud y la diferencia, la cual conecta con símiles entre los replicantes de Blade Runner y la física cuántica, los cuales conectan con un viaje del narrador a Cerdeña que a su vez conecta, a modo de estribillo rizomático, con un texto de Enrique Vila-Matas sobre un bar de las Azores, y todo en cuatro páginas entre el flujo de conciencia y el monólogo interior que se extienden a unas 70 cambiando los puntos ortográficos por recursos poéticos, imágenes recurrentes y deslumbrantes zapeos semánticos. Así empieza, y con brillantez, la road movie autoficticia Nocilla Lab, una novela nuclear y tripartita con la que el físico, poeta y experimentador Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) cierra el fértil proyecto narrativo que nació en el 2006 con Nocilla Dream y explotó en el 2008 con Nocilla Experience. Sobre la novela, hay que decir que está, como las anteriores, muy por encima de la restrictiva etiqueta nocillera. Fernández Mallo es un autor sólido, osado, cargado de criterio y talento, aunque menos revolucionario de lo que algunos creen.
Ritmo e inteligencia
La primera parte de Nocilla Lab, por ejemplo, desborda ritmo e inteligencia, y se crece en los nexos entre ciencia, arte y cultura pop que definen su propuesta, hilando reflexiones sobre el azar, el cómic o la Coca-Cola a partir de una habilidosa (pos)modernización formal de lo que ya han bordado decenas de autores, incluido su admirado Thomas Bernhard. La segunda parte, más prosaica, continúa en 44 bloques punteados por dibujos y fotografías el delirante viaje del narrador, un viaje en el tiempo y el espacio hacia el encuentro con un insólito doble o doppelgänger. Ya en el último tramo, el autor ofrece una serie de fragmentos dispersos, accidentales y reveladores –como al fundirse a García Márquez, Ludwig Wittgenstein, Marguerite Duras o J.G. Ballard–, al cabo de los cuales propone una abismada resolución en forma de cómic que dibuja Pere Joan. La original aparición en viñetas de Vila-Matas, como antes en el texto Octavio Paz, Paul Auster o Bukowski, podría hacer pensar que Nocilla Lab es la obra más literaria de la trilogía. Si es así, es sobre todo por el ejercicio de autoficción con el que el coruñés le pone broche de oro, subrayando sus orígenes, su sentido y, especialmente, el laboratorio del yo creador, 100% poético, que late infatigable bajo el proyecto.
DJ ficcional, narrador plástico, fragmentador de azares, físico conceptual, pospoeta... Con su trilogía, a la que Nocilla Lab aporta una fecunda dimensión seminal, Fernández Mallo ha demostrado que al crear no hay material de deshecho, que al mundo en red le sobran hieratismos y que la escritura mutante, cremas para untar al margen, tiene futuro. Gustará o no, pero su obra es un inestimable regalo para atisbar la previsible implosión del paradigma textual. Se acercan cambios, y Fernández Mallo ayuda a conectarlos.
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