viernes, 5 de febrero de 2010

Vuelve 2666 versión Àlex Rigola


Escena de "La parte de Fate", de la obra 2666 de Àlex Rigola.
Las tres funciones de 2666, desde hoy y hasta el domingo, en el Teatre Lliure, se han convertido en un acontecimiento para el que no quedan localidades. A pesar de tratarse de una reposición –procede del Grec del 2007–, a pesar de su duración de cinco horas, la obra, basada en la novela homónima de Roberto Bolaño y dirigida por Àlex Rigola, ha levantado una enorme expectación por los elogios cosechados en su paso por Europa y América y por la imparable aura de mito literario alcanzada por Bolaño tras su muerte.
¿Cómo se le ocurrió adaptar una novela de 1.119 páginas?
Yo buscaba dirigir una pieza épica, por su dimensión, con muchos personajes que se conectaran. Pensaba en "Los siete afluentes del río Ota" de Robert Lepage. Buscaba mis propios afluentes en textos teatrales, y no las encontraba. Buscaba una historia que la gente no conociera, como los juglares que sorprendían al público con nuevas historias, sentía que había pasado mi etapa de hacer clásicos. Shakespeare es muy bueno, pero todo el mundo sabe cómo acaba. Vi, de repente, que la novela que yo había devorado y estaba recomendando a todos mis amigos cumplía esas condiciones y además mostraba una temática social que, bajo mi punto de vista, es importantísima para el teatro. Era, asimismo, una novela que contenía cinco novelas, lo que permitía a mí pasar por cinco formas de narrativa teatral.
Es su obra más ambiciosa...
Sí, sin duda. Transcurrido un año y medio después de cada estreno, acostumbro a detestar mis propias obras, casi sin excepciones. Con 2666 no me sucede. 2666 es como una summa de lo que soy, me permite mostrar todos los caminos que he seguido en mi carrera, todo lo que he hecho estos años, cada una de las cinco partes es un lenguaje teatral diferente.
¿Cuál es el tema principal?
Habla de muchas cosas pero sobre todo de la capacidad del ser humano de apartar la vista de lo que está sucediendo cuando no nos gusta. En Ciudad Juárez –la Santa Teresa de la obra– hay siete asesinatos cada día, es la ciudad más peligrosa del mundo y, hasta hace muy poco, ese era un hecho absolutamente desconocido.
¿Qué tiene esa ciudad?
Es la frontera entre el tercer mundo y el país más rico del planeta. Es tal vez el único lugar del mundo donde esa frontera es solamente una línea: normalmente hay un mar, países intermedios, una cordillera… Es el reino de las maquiladoras, fábricas donde reina la esclavitud, y los trabajadores fabrican productos en condiciones de vergüenza, como las anteriores a la revolución industrial. Y a todo ello se suma el negocio de la droga, que genera una economía sumergida gigantesca, dinero fácil, prostitución… La gente crece en un entorno en el que el valor de la vida es tan bajo que los jóvenes, colocados tras una noche de marcha, esperan que salga una trabajadora de la maquiladora y, en vez de irse a pagar un servicio sexual, la violan y luego, para que no haya problemas, la matan. Y el desierto está lleno de cadáveres. En este contexto se desarrolla también la violencia entre bandas por el control del negocio.
Usted ha dicho que es una ciudad capitalista llevada al extremo.
Sí, es el mismo funcionamiento. El capitalismo es un sistema basado en el ego, no en el individuo, como se dice. El individuo, justamente, es atacado desde todos los lados. Ciudad Juárez es el paraíso capitalista, el extremo total: los empresarios contratan a quien quieren al precio que quieren.
Bolaño dijo: "Escribir bien lo puede hacer cualquiera, la literatura de calidad es saber meter la cabeza en lo oscuro". ¿Es su idea del teatro?
Sí, no siempre lo conseguimos, eh, es algo que nos tenemos que recordar cada vez. Bolaño, hay que decirlo, escribía muy bien, fuera de lo normal, porque procede de la poesía y su lenguaje funciona teatralmente, todas las frases provienen del libro. No es un Larsson, vaya.
¿En qué sentido?
He leído a Larsson y me ha enganchado, pero su prosa es tramposa, artificial. Engancha la trama pero, al finalizar, te invade una sensación de pérdida de tiempo porque, para eso, mejor me voy al cine. Dedicar 30 horas a la lectura de una cosa superflua es más grave que dedicarle solamente dos. Y encima esa vacuidad se esconde tras la denuncia de la violencia de género. Para mí, 2666 es la verdadera novela denuncia de la violencia de género, porque nos cuenta los asesinatos reales de mujeres en Ciudad Juárez. En Larsson la violencia de género no es más que una excusa para la distracción, no hay calidad.
¿Cuánto tardó en leer la novela?
La he leído muchas veces. Unas 50 horas la primera vez, tenga en cuenta que la gente del teatro leemos mentalmenete en voz alta, sin verbalizar pero, en vez de leer significados, yo escucho los fonemas, y me la iba imaginando representada a medida que la leía.
Vamos por la primera parte, La parte de los críticos.
Es una conferencia. Los cuatro profesores explican su tesis doctoral sobre Archimboldi, ese escritor que nadie ha visto y del que nadie sabe nada. Comienzan hablando de él y acaban explicando su propia vida.
La segunda, La parte de Amalfitano.
La parte teatral más clásica, con géneros que permiten mostrar lo sobrenatural, la angustia, la tristeza. Los estudiosos se trasladan a Santa Teresa y allí conocen a Amalfitano, un trasunto de Bolaño, porque es de Barcelona y de padre chileno. Ha ido a Ciudad Juárez con su hija. Su mujer, Lola, es una gruppie de Leopoldo Panero, un poeta loco al que nunca se cita por el nombre.
La tercera, La parte de Fate.
Es la parte en que el libro es una novela policíaca. Un periodista negro llega desde Detroit para cubrir un combate de boxeo y se encuentra con los asesinatos de mujeres. Y conoce a la hija de Amalfitano. Es la parte más complicada en cuanto a la acción, porque hay que representar varios miedos, el mundo de la noche, de las drogas… y lo hacemos en un solo espacio, hemos creado una caja verde en la que se pueden sentir estos temores.
La cuarta, La parte de los crímenes.
Hemos montado una instalación, que reproduce el desierto de Ciudad Juárez. Si tuviéramos que escoger una sola parte que describa la obra sería esta, con la descripción de los asesinatos de mujeres. Y cómo las autoridades se mueven en relación a los hechos, y las diferentes actuaciones de los policías. Hay miles de historias pequeñitas, que podrían ser relatos y que hemos tenido que seleccionar mucho. Es dramaticamente bella y clásica.
¿No es muy dura?
Le voy a decir algo: sabía perfectamente cómo acabar esta parte consiguiendo un magnífico aplauso del público, pero mi voluntad fue que los espectadores no salieran contentos, que experimentaran una sensación desagradable y extraña. De la tragedia hacemos belleza y, en vez de un final amable, acabamos de forma muy dura.
La quinta, La parte de Archimboldi.
Un espacio vacío, con la historia del escritor. Hay una gran crítica a la Alemania nazi y también al comunismo, aunque por este segundo aspecto hemos pasado de puntillas porque no nos cabía.
¿Habrá más funciones?
Nos lo estamos planteando. Creíamos que era anticomercial, por eso tenía sentido hacerlo en un teatro público, porque era un proyecto de riesgo. Y, en cambio, agotamos las localidades...

Entrevista de Xavi Ayén a Àlex Rigola en La Vanguardia.
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1 comentario:

madison dijo...

Una entrada muy interesante y reconozco con algo de verguenza que no sabía que la obra salió al aire en el 2007, gran libro, pero me quedo con Los detectives salvajes.
Un abrazo