miércoles, 9 de julio de 2008

Arte y moral desde el Golden Gate

Por Giovanni Rodríguez
Leo en el suplemento Cultura/s del diario español La Vanguardia una nota titulada “El puente de los suicidas”. Se trata de una reseña del documental The bridge, escrito, producido y dirigido por Eric Steel en 2006, que registra los momentos en los que 19 personas se quitaron la vida saltando desde el puente Golden Gate de San Francisco, California a lo largo de todo un año.
Ingreso en YouTube el título del documental y aparecen fragmentos de no más de dos minutos con varios de los personajes captados por las cámaras que Steel colocó estratégicamente en el puente, entre los que llama especialmente la atención uno con apariencia de rockero que se coloca de pie sobre la barandilla y salta de espaldas al río. Según el autor de la reseña, este personaje se convierte en el hilo argumental de la película, que, además de las imágenes de los suicidas, incluye entrevistas con los familiares de estos.
La crítica ha sugerido que Steel incurrió en un comportamiento antiético al no intervenir para que estas personas no hicieran lo que hicieron, algo que me recuerda a lo ocurrido con el fotógrafo sudafricano Kevin Carter, a quien le recriminaron priorizar su trabajo antes que mostrar una actitud humanitaria al momento de tomar la fotografía por la que le concedieron el premio Pulitzer en 1994. En esa fotografía, lograda en Sudán un año antes, se observa a una niña esquelética presuntamente a punto de morir y a punto también de ser devorada por un buitre.
Poco después de la concesión del premio, Carter se suicidó. Muchos dijeron entonces que el motivo de la fatal decisión había sido su remordimiento por no haber ayudado a aquella niña durante los veinte segundos que esperó a que el buitre abriera sus alas para darle así un mayor impacto a la fotografía.
Pero más allá de los verdaderos motivos y de la verdadera historia de esa fotografía, que por razones de espacio no incluyo en este artículo, me interesa lo que tiene que ver con el dilema arte-moral. Porque la pregunta formulada tanto a Steel como a Carter es la misma: ¿Fue más importante en ese momento el arte que la necesidad de ayudar a los involuntarios personajes de su obra? Y de esta pregunta se deriva otra: ¿Hasta dónde es posible que llegue un artista en busca de su obra maestra?
No voy a aventurarme ofreciendo respuestas porque nunca me he enfrentado a nada parecido, y creo que para responder, quizá no con exactitud pero sí al menos con absoluta sinceridad, no basta una opinión a favor o en contra proveniente de una postura meramente intelectual sino que es necesario vivirlo, experimentarlo con todos los sentidos físicos y también con los metafísicos, si acaso los hubiera.
El dilema entraña la necesidad ineludible de la identificación propia del individuo. Porque, en una situación como éstas, el artista deberá elegir forzosamente una de dos vías posibles: o se deja llevar por su temperamento artístico y acepta, usa y agota todas las posibilidades para que su obra sea una obra auténtica, valiosa en sí misma, independiente y autosuficiente, o declina, cede y otorga en función de no transgredir su condición, ante todo, de humanista.
Otra pregunta necesaria: ¿Es verdaderamente arte aquello que se ve, en determinado momento, disminuido por una causa moral? No creo que haya mayor y mejor confrontación entre moral y arte que en obras como las del cineasta y el fotógrafo, ni mejor oportunidad para plantearse esta pregunta. En cualquier caso, ¡qué obras maestras las que produce a veces la crueldad!
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7 comentarios:

a.toledo. dijo...

Un problema similar a nivel de Honduras es el de Habacuk quien expuso como obra de arte a un perro muriéndose literalmente de hambre, ahora hay un gran grupo de personas a nivel nacional e internacional que esta pidiendo que no se incluya su trabajo en la bienal centroamericana.

Creo, a un nivel teórico y sin la experiencia de una situación puntual, que en un caso en que haya que elegir entre una vida y el patrimonio de la humanidad es algo difícil de considerar por el valor histórico de las obras y la poca aportación que el individuo pueda hacerle a la humanidad. Sin embargo, un artista tiene la opción de no perjudicar la integridad física y emocional de nadie. Si admitieramos que el arte puede admitir crueldad entonces podríamos decir que Hitler fue uno de los mayores artistas del siglo XX.

Anónimo dijo...

Totalmente de acuerdo con el comentario anterior, creo que la integridad física y emocional de los seres ya sean personas, animales e incluso plantas) es mucho más importante que lo que alguien pueda llamar arte.
Lo que hizo Habacuk con el perro es triste e imperdonable y creo que tiene bien merecido no figurar en la bienal centroamericana.

Xibalba dijo...

Que tema tan escabroso y difícil, cuando hablamos de algo que no tiene un cuerpo formal, si lo pensamos, las acciones acaban siendo morales o inmorales cuando la gente las legitima como tales, en pocas palabras aquello que moralmente se considera bueno o malo es lo que entre la mayoría decidimos, algo así como una especie de votación popular, por suerte la moral es atemporal y temporal, ahora ya no es amoral que una chica lleve pantalones pero no hace mucho era una inmoralidad, el tener dos mujeres a la vez ha sido y sigue siendo en las sociedades occidentales amoral.

En la sociedad moderna, esa fina línea no se sabe con exactitud dónde está.

En el caso del arte, con qué nos quedamos, el editor ha dicho que es difícil emitir un juicio a favor o en contra, con lo cual estoy de acuerdo.

En el caso concreto del fotógrafo, el no ayudar a la pequeña le valió la crítica de amigos y colegas de profesión excepto de los que como él llevaban muchos años en lo mismo, es fácil decir yo hubiera hecho esto o aquello, cuando en nuestra vida cotidiana y en un entorno mucho más sencillo (comparado con el entorno del fotógrafo), no nos detenemos nada más que para mirar nuestro ombligo.

Utilizando la terminología marxista y siguiendo con el fotógrafo, podríamos decir que este hizo aquello para lo cual estaba programado, en ese momento no era un ser humano normal, si no un ser cosificado, una máquina fotográfica, su único objetivo sacar la mejor foto, eso y solamente eso era lo único que había en su cabeza, normal teniendo en cuenta que como seres humanos llegamos a asimilar situaciones que pasan a nuestro alrededor de una manera increíble, por desgracia esa asimilación pasa por escenas crueles.

Cuando juzgamos algo, debemos hacerlo en un contexto, ya que si lo descontextualizamos no llegamos a entenderlo.

Nuestro comportamiento ante determinadas situaciones está influenciado en gran medida por el contexto en el que nos movemos, esto no quiere decir que yo justifique la acción del fotógrafo, solo trato de entender sus motivos y quizás me equivoque.

mimalapalabra dijo...

Adal: Hitler estaba haciendo guerras, no obras de arte. Hacer arte implica, en primer lugar, la conciencia de estar haciéndolo.

Con respecto a lo del mataperros, leí el año pasado en un diario español la noticia de que un costarricense había hecho esto mismo en una exposición. No estaremos hablando del mismo mataperros?


Y ya hablando del fotógrafo, en el artículo digo que no menciono las circunstancias verdaderas en torno a esa famosa fotografía por cuestiones de espacio. Si lo investigan, verán que estas circunstancias desvirtúan cualquier cosa que se haya especulado sobre K. Carter.

Básicamente nadie dijo...

En este clip del documental se ve un caso similar al de la niña africana (del cual no estoy informado), con la diferencia de que el fotógrafo sí intervino:

http://es.youtube.com/watch?v=QTtwThhdxf8&feature=related

"Hasta que dejé de verla por el lente sentí que estaba sucediendo en realidad", dice más o menos.

Está bien interesante el documental, a ver si se consigue en internet.

d.c. dijo...

En esta página está el documental completo:

http://video.google.es/videosearch?q=the+bridge&sitesearch=#

Anónimo dijo...

Aunque esta claro que existen un gran número de documenteles, fotografias y otras expreciones del arte que se refieren al tema tratado, siempre resulta interesante que se nos refresque la memoria; en paises como el nuestro esa exposición para el artista esta a la orden del día, sólo falta que se tenga un poco de atención en el transcurrir de la vida, en el paso de los eventos que componen un día en la vida de las multitudes, claro esta que no son todas las personas que tendrán esa sencibilidad de ver en cada acto de ese día una acción que los lleve a preguntarse ¿será etico dar a conocer esto?, ¿intervengo?, ¿seré capaz de captar el verdadero significado de esta acción?(ya sea porque caracemos de sencibilidad artitica o porque no existe), el caso es que también aqui podemos y me atrevo a decir, contamos con eventos que tratados artisticamente nos enfrentarían a esos dilemas artistico-morales (se que el tema no es si contamos o no con esos eve0ntos), basta ver los periodicos, tv, y sobre todo las conversaciones que se manejan en las calles. El gran alboroto que causa el video del puente, es que el artista tubo el valor de mostrarnos los momentos "reales", en los que segundos despues una persona perderá la vida, imaginen que nuestros artistas fueran detectives de esos momentos aqui....