martes, 3 de marzo de 2009

Sobre la crítica en H

Fuente: enrike45.wordpress.com
No apelaré a las excusas de siempre para tratar de explicar el fenómeno de la indiferencia ante aquellos productos artísticos que realmente tienen valor y que aparecen muy raramente en nuestro minúsculo universo cultural llamado Honduras. Sabemos sobradamente –y aquí sí apelaré a dos lugares comunes- que no podemos exigir peras al olmo (nunca he visto un olmo, por cierto) y que tampoco el caviar es para los cerdos (el caviar sí que lo probé una vez). De manera que no es extraño que libros como Las virtudes de Onán (2007), de Mario Gallardo, o Final de invierno (2008), de Dennis Arita, pasen casi inadvertidos. Iba a escribir “pasen inadvertidos por la crítica”, pero ésta es otra cosa que sabemos: en Honduras casi no hay crítica literaria, o al menos no existe una crítica literaria permanente. Aparte de los trabajos de Helen Umaña y de otros libros valiosos que van apareciendo a los largo de los años con una intermitencia casi desesperante, no se ve por ningún lado a la crítica literaria formalmente establecida. No existen revistas en cuyas páginas podamos encontrar juicios de valor sobre obras artísticas, ni los diarios nacionales dan cabida, por mínimo que sea el espacio requerido y aunque la Constitución de la República se los exija, a la información cultural y mucho menos a cualquier tipo de crítica, que, dada nuestra tradicional hipersensibilidad, casi siempre huele mal.
Dicen que Juan Ramón Molina se atrevía a hacer crítica en aquellos lejanos años de principios del siglo pasado y que por eso era rechazado por muchos de los “intelectuales” de la época. Quizá haya sido ésta la razón por la que un presidente de la república lo mandó una vez a picar piedra, encadenado, pocos años antes de su muerte.
Los críticos resultan, para los sensibles corazoncitos de nuestros compatriotas, seres nefastos, dañinos, perversos, injustos y malintencionados; de manera que otorgarles crédito o permitirles espacios para la exposición de sus juicios viene siendo algo así como un gesto traicionero, porque con su lengua y con su pluma “destruyen”, “frustran espíritus”, matan aquello que, por muy escasa calidad que tenga, merece nuestros aplausos y nada más que nuestros aplausos.
Por otra parte: la negligencia de los propios críticos, esa pereza permanente, esa sorprendente capacidad de hibernar de sus cerebros lúcidos, unida en la mayoría de los casos a la falta de curiosidad en la investigación y a la –esto es más comprensible- inexistencia de estímulos por parte de la sociedad en general, que no espera nada de ellos, o al menos nada que no sea su aplauso automático e irreflexivo.
De vez en cuando leemos en un diario, en una página de internet o en un blog alguna reseña de Hernán Antonio Bermúdez o de Héctor Miguel Leyva. Solemos leer un poco de crítica literaria también en la revista de la Academia Hondureña de la Lengua. De vez en cuando Mario Gallardo, sobre todo desde su blog, alude a obras recientes publicadas en Honduras y en el extranjero. Antes de su cierre, aparecían también reseñas y comentarios críticos en las secciones Orbis, de El Heraldo, y mimalapalabra, de La Prensa. Y en los últimos meses (o quizá años) la escasa e incipiente crítica literaria hondureña no se manifiesta sino a través de algunos blogs.
Es un panorama desértico y deprimente por donde se lo mire. Y está claro que ninguna sociedad crece si no es través del concurso de sus cerebros más capacitados y de sus ideas sobre el tema que pretende fortalecer. Podrán seguir apareciendo en Honduras obras de arte realmente valiosas, obras que no pierdan pie a la par de las de otros países, pero si pasan inadvertidas en nuestro propio medio no podemos esperar que sean siquiera levemente advertidas desde afuera.
¿Que soy optimista? Sí, en este asunto un poco, al menos para creer que ya es hora de empezar a hacer algo.
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3 comentarios:

Gustavo Campos dijo...

Giova: me gustó mucho tu artículo. ¡Muy bien!
Aparte, un dato curioso para tu optimismo: El Poder Ciudadano, periódico del actual Gobierno hondureño presidido por Mel Zelaya, cuenta con una sección cultural dirigida por el poeta Roberto Sosa.

Gustavo Campos dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cuauhtémoc dijo...

XIBALBA DIJO

Hace mucho que no me pasaba por mimalapalabra, pero debo decir que me he quedado sorprendido con el lavado de cara, ya era hora.

Con respecto a la crítica en H, qué se puede esperar, si muchos de los medios de comunicación pertenecen no ha empresarios con visión, si no a familias convertidas en empresas con nula visión, que muchas veces viven el día a día.

Los modelos de gestión de las empresas hondureñas muchas veces son arcaicos y anticuados, como ejemplo utilizaré a La Prensa, diario que bajo sus entrañas esconde un modelo desfasado y casi ridículo de gestión de empresa, la mayor parte de los puestos de mando están ocupados por la familia, desde hermanos, cuñados, etc.

Qué sucede con este tipo de empresas en donde los puestos de mando están poblados por familiares, que en muchas ocasiones la pirámide de mando no funciona o directamente no sirve, ya que como es mi cuñada me salto todo el proceso que se llevaría a cabo en cualquier otra empresa y voy directamente a hablar con mi parienta.

Desde fuera, diario La Prensa aparenta ser una empresa fuerte, pero paga las facturas al día, no cuenta con un fondo de emergencia o capital de colchón que le permita innovar, viven el día a día, lo que ganan hoy mañana ya no está, qué podemos esperar de empresas como esta, no hay cabida para nada nuevo por temor a que fracase, con lo cual nos limitamos a lo que se conoce de sobra, los mismos titulares, la misma prensa pomposa en donde los contenidos y la calidad son lo que menos importa, puedes ver el Diario la Prensa y comparar con años anteriores y los cambios son mínimos.

Cuando mimalapalabra tenía su sección en Diario la Prensa, muchos nos alegramos, pero como hemos visto duro lo que duro, pero no porque la sección fuera poco interesante, lo que sucede es que en las empresas familiares suele pasar que cualquier comentario negativo acaba calando más de lo que debiera, y cualquier cosa que se salga de lo común y que no guste al tío panfilo en la cena será discutida.

Que quede claro que este no es un guiño para mimilapalabra y su editor, pero hay que reconocer lo que es bueno y el esfuerzo por sacar avante un proyecto interesante, del cual es una pena nadie se haya copiado.