jueves, 8 de enero de 2009

Mal, muy mal

Por Giovanni Rodríguez
2008 acabó mal y 2009 empezó mal. Este artículo también empieza mal; lo sé, pero no puedo evitarlo. Así que si quiere, puede abandonar ahora mismo la lectura e irse por ahí, silbando una cancioncita para alegrarse la vida y dejarme a mí con este blues lento y acaso melancólico.
Lo general: la crisis mundial que aunque algunos no queramos asumirla acaba dándonos en la nuca hasta de carambola. Lo particular: a mitad del mes pasado me introdujeron una aguja en la rodilla izquierda y me extrajeron un líquido que aunque inicialmente creí (no sé por qué) de color amarillo, resultó más rojo que la roja sangre (era, efectivamente, sangre, y si a estas alturas empieza a sentir que va a vomitar, recuerde que en el párrafo anterior le recomendé la huida juiciosa).
Dieciocho días con la pierna enyesada y las consecuentes dificultades para cualquier tarea doméstica. Sí, para cualquier tarea doméstica, sin excepción, y sin contar que de mi habitación a la cocina hay veinticuatro escalones disuasorios. Y para seguir con lo particular: la madre de todos los resfriados que se ha empeñado en cohabitar conmigo durante todo el inicio de año sin que se le vean ganas de una ya, por favor, justa retirada.
No tengo ganas ni para escribir este artículo (es otra advertencia) y me da sólo por hablar de cosas malas o hablar mal de cosas buenas. Hablar, por ejemplo, de la noche que está nublada y de que no tiritan, azules, los astros a lo lejos. Hablar también de esas líneas de Molloy -la primera novela de Samuel Beckett que leí hace como ocho años- que dicen: “Entonces entré en casa, y escribí: ‘Es medianoche. La lluvia azota en los cristales’. No era medianoche. No llovía”.
Aquí en mi habitación, con este resfriado insoportable, me da la impresión de que es medianoche y que afuera llueve. No lo sé. Probablemente no sea medianoche ni llueva afuera. Probablemente ni siquiera esté resfriado. Sólo sé que repiquetean en mis oídos esas palabras de Beckett traídas por Vila-Matas con tanta insistencia en cada artículo que leo de él últimamente, y que me gusta creer que dicen la verdad, o sea: me gusta creer que verdaderamente es medianoche y que afuera la lluvia cae sobre el mundo.
Mal, muy mal. Estoy escribiendo a trompicones. Cada frase me la deja a la mitad un estornudo sorpresivo o la maldita tos que ya casi no me permite hablar.
Ahora que recuerdo, el personaje Molloy andaba con muletas, como yo hasta el 30 de diciembre. Bonita coincidencia. Fui Molloy durante dieciocho días. Lo malo es que no pude andar en bicicleta ni irme por ahí, de bar en bar, buscando no sé qué, como hace Molloy en la novela. Me quedé en casa todo el tiempo y acompañé a Daniel Sada a un pueblo caluroso de México. Espié también a Sebald en su conversación con Austerlitz y acompañé a este último en la búsqueda interminable de su familia desaparecida y de su propia identidad robada por una de esas desafortunadas circunstancias de la vida desde los cinco años. Continué con Georges Perec y me fui con los dos personajes de Las cosas a una aburrida ciudad de Túnez.
Y sigo ahora en mi habitación, inmóvil, con mucho frío, y sin embargo me voy alejando de nuevo, esta vez con Murakami y su reciente novela After Dark, en donde la acción empieza precisamente casi a medianoche. Planeo montarme en mi bicicleta imaginaria y llegar con ella hasta Tokio o cualquier otra ciudad japonesa que se le haya ocurrido a Murakami, y no me importa que sea medianoche ya, que llueva y que el resfriado derive en una enfermedad más grave. Ya les avisaré.

lunes, 5 de enero de 2009

Memoria del solo

¿En qué ajeno paraíso abandonaron

mi humeante corazón, quemado vivo,

las mujeres que amé?

¿Bajo qué cielo raso se desnudan

y muestran victoriosas el reino que perdí?

Yo, en cambio, nada guardo: ni dicha ni rencor.

Una a una me dieron la gloria merecida

y derrotado fui con sus mejores armas.

El amor es la única batalla

que se libra en igualdad de condiciones.

Yo no pude escudarme, devolver las palabras

con la misma osadía, y los más leves golpes

me alcanzaron de lleno a la altura del pecho.

Dado ahora a morir en cama extraña

(orgulloso de mí, en paz conmigo)

cierta gloria atesoro, ciertos nombres

como el viejo guerrero que alivia sus heridas.

Rigoberto Paredes, La estación perdida (2001)

Foto: Escena de Breakfast at Tiffany's

viernes, 2 de enero de 2009

Feliz cumpleaños, Mr. Salinger

Feliz cumpleaños, Mr. Salinger (aunque no le guste que se lo recordemos).

jueves, 1 de enero de 2009

Visión y colonialismo

Pancho Fierro (1803-1879), El capitán Castilla camina sobre el puente, sin fecha, acuarela, 23x18cm.
Jean-Baptiste Debret (1768-1848), Indios cruzando una quebrada (El cazador de esclavos), circa 1820-1830, óleo sobre tela, 80 x 112 cm. Museu de Arte de São Paulo.

Por Gustavo Larach

La mirada de un extranjero nunca tendrá la empatía de un ojo local, de un ojo que, espontáneamente y a cada instante, se encuentra atrapado por los sujetos que forman parte del tejido social en que él mismo está incrustado. Si contrastamos la forma en que dos artistas distintos, uno extranjero y otro local, representan temas latinoamericanos, observaremos muchas diferencias. Podemos comparar el trabajo de dos artistas concretos para sondear ciertas oposiciones: Jean-Baptiste Debret y Pancho Fierro. Cada uno de estos artistas retrata la vida de una sociedad particular dentro de la América Latina del siglo XIX: Brasil en el caso de Debret y Perú en el de Fierro. Las imágenes producidas por cada uno presentan diferencias extremas. Debret, quien era pariente de Jacques-Louis David, se entrenó en Francia durante las últimas décadas del siglo XVIII, y llegó a Brasil a inicios del XIX para unirse a la Misión LeBreton. Fierro era un mulato autodidacta que comenzó su carrera pintando mapas, decoraciones murales y escudos de armas.
En las imágenes de Debret, el espacio está construido racionalmente, sigue una perspectiva clásica y, en él, las figuras se distribuyen orgánicamente. Dichas imágenes son por tanto sobrias y presentan una atmósfera tranquila. Hay mucho detalle tanto en la arquitectura homogeneizada de sus vistas urbanas como en las junglas que también aparecen en sus imágenes. Muy pocos elementos amueblan el mundo creado por Fierro; los fondos de sus imágenes soy más bien reducidos. Fierro simplifica la arquitectura y sus figuras son con frecuencia caricaturescas. Las relaciones entre sus figuras y su espacio, arquitectónico o bidimensional, son menos precisas de lo que podemos ver en las construcciones clásicas de Debret.
A pesar de la estudiada elaboración formal de las imágenes de Debret (o quizá más bien gracias a ella), sus personajes y escenas se sienten lejanas, vistas por un ojo que niega su presencia dentro del espacio representado y que no se interesa por la subjetividad de las personas que ese espacio contiene. Mientras que las imágenes de Debret pretenden ofrecer una visión objetiva de situaciones percibidas durante recorridos por Brasil, las bien delineadas personalidades de las figuras de Fierro no solo nos atraen y establecen un enlace psicológico con el espectador, sino que logran proyectar el ritmo palpitante del mundo urbano que habitan.
Debret elabora estereotipos costumbristas mediante el vestuario, o la desnudez, de sus figuras, a las que con frecuencia adjudica roles típicos. Aunque las imágenes de Fierro sí incluyen ciertos “tipos”, el artista peruano muestra también personajes reales de la Lima moderna, según se puede inferir por el alto grado de individuación en el parecido y carácter de sus figuras. En las imágenes de Debret los indígenas aparecen en la selva, rodeados de frutas y vegetales, como si ellos mismos fuesen parte de la naturaleza. Debret muestra también en sus imágenes a “indígenas civilizados”, quienes, vestidos como europeos, entran en la selva “virgen” en ayuda de soldados encargados de capturar “indígenas de la selva”. Mientras Fierro valora con optimismo y espontaneidad la nueva vida urbana del Perú, Debret no solo participa de la mirada colonialista que Europa mantiene sobre las Américas, sino que es muy lógico pensar que la circulación de sus imágenes por Europa pudo muy bien reforzar la actitud imperialista hacia los recursos naturales explotables, seres humanos incluidos, del “Nuevo Mundo”.
  • Bibliografía
Ades, Dawn. Art in Latin America : The Modern Era, 1820-1980. New Haven: Yale University Press, 1989.

Hatt, Michael and Charlotte Klonk. Art History : A Critical Introduction to its Methods. Manchester and New York : Manchester University Press, 2006.
Lefebvre, Henri. The Production of Space. Oxford and Cambridge: Blackwell, 1991.

Abolición de los propósitos

Por Giovanni Rodríguez
¿Qué día es hoy? ¿Miércoles o jueves? ¿Estamos aún en 2008 o tengo que empezar ya a acostumbrarme a escribir el año con un 9 al final? De verdad que no lo sé. Aunque, a juzgar por el alboroto de anoche lo más probable es que éste sea el primer día de enero. En ese caso, ¿qué debería hacer hoy? ¿Cómo debería empezar el año? ¿Con qué actitud? ¿Con qué proyecto en mente?
Busco desesperadamente mi lista de propósitos para el año nuevo y no la encuentro por ninguna parte. Me detengo a pensarlo un momento y caigo en la cuenta de que no redacté ninguna lista de propósitos. Es urgente, entonces, que me ponga a trabajar en esa lista. Me detengo otro momento a pensarlo y esa nueva pausa acaba suministrándome en el ánimo una buena dosis de pereza y aburrimiento.
Nunca he hecho listas con propósitos o cosa parecida. O al menos nunca he hecho una lista que haya seguido al pie de la letra durante todo el año. Soy un defensor de la incertidumbre, del riesgo y del azar, y hasta ahora no tengo motivos para quejarme de los resultados de esa agenda inexistente. Afronto más bien el futuro con cierto escepticismo y también con cierto pesimismo. Yo sería un magnífico antihéroe en esos libros de motivación y de superación personal.
He definido una estrategia personal para distraer al optimismo: adopto una actitud de riguroso desdén hacia todo aquello que huela a grandes expectativas, a grandes propósitos, y me encierro en mi torre imaginariamente amurallada a esperar los vendavales, las grandes catástrofes, hasta que, aburrido también de tanto encierro, decido salir de vez en cuando a respirar el aire de la universal tragedia humana e inyectarme otra vez en el ánimo una buena dosis de realidad. Así me siento siempre con la moral a tope, porque no es posible llorar por algo a lo que no se ha aspirado nunca.
¿Ven cómo una determinada presencia de ánimo siempre es importante? Nunca hay que esperar nada, o por lo menos nada bueno. Nunca. Ideas en mente, eso sí, y trabajo permanente para fortalecer esa ideas y llevarlas a cabo con absoluta discreción. Pero nada de propósitos. Nada de esperanzas. ¿Me oyen? ¡Nada de nada! Ya pueden empezar a postularme como su líder espiritual, si quieren, pero no esperen que les ayude a organizar la secta ni que sea yo el David Koresh que nos meta fuego a todos.
Así, al final del año, o al principio del otro (todo es cuestión de gustos, o de temperamento, o de la presencia de ánimo vigente en ese momento), lo que hago es redactar –mentalmente, claro- mi lista personal de logros durante todo el año que termina –o que terminó- y no acabo menos que contento y me dan ganas de felicitarme y de agradecer a aquellos que de alguna manera incidieron en esta alegría mía de ahora, y bueno pues, ahí la tienen, mi recomendación de abolir el establecimiento de propósitos y la adopción, en cambio, de esta excelente estrategia de distracción del optimismo, o de distracción del tedio, si de ser absolutamente sinceros se trata. La cosa es que funciona. A mí al menos. Feliz Año Nuevo.

martes, 30 de diciembre de 2008

Seguimos en el 2009

¿Broma? ¿Qué es broma? Una nadería. Algo efímero. Chascarrillos estúpidos y superficiales para reuniones entre amigos o estrategia que algunos usan para romper el hielo o la hiel (de Harry Haller -fan de mimalapalabra). Pues sí, lo del cierre de este sitio era una "inocentada" (y no sentada).
Pues la intención es evidente: los visitantes se pronunciaron (veánse los comentarios -algunos lo creyeron). Pobre Harry Haller, no sabe que TODO lo de este blog es para el olvido, incluso Harry Haller. Además, esa "bromilla" nos permitió saber que ese lobo estepario es uno de nuestros lectores. Sin esa publicación estúpida no tendríamos el honor de leer la opinión de H.H...
Nos seguimos leyendo en el 2009, el año del sapo crucificado ¡Celebremos con beer&egg!

Austerlitz, de WG Sebald

Termino de leer Austerlitz, al parecer el último libro escrito por W. G. Sebald, y me queda una sensación de tristeza ajena. No puedo evitar compadecerme del personaje Austerlitz, un hombre que, al final de sus días, empieza a escarbar en el pasado para ver si logra dar con su origen, con su identidad. No conoció a sus padres, no sabe dónde nació, no sabe por qué, a sus cinco años, lo llevaron a Gales a vivir con un párroco y su mujer, y no sabe tampoco, por qué ha tardado tanto en decidirse a buscar las respuestas.
Se dedica entonces a consultar archivos y bibliotecas para dar, primero, con sus padres y de esa manera consigo mismo. Y lo que me contagia tristeza en la lectura de esta fascinante novela es lo que Austerlitz siente cada vez que descubre algo nuevo sobre su vida, porque para él, que las circunstancias no le permitieron estar donde debía haber estado, vivir donde debía haber vivido, cada calle, cada edificio, cada objeto en el que encuentra una huella de sus padres o de sí mismo representa una parte del pasado que le arrebataron. Y este pasado imposible duele.
Austerlitz vive en Londres pero no es inglés ni se siente inglés. En realidad no tiene sentido de pertenencia a ningún lugar. Por eso busca en el pasado, para ver si ahí le encuentra el sentido a su vida. Pero a medida que va encontrando las pistas que necesita va también sintiéndose un ser ya no sin identidad sino con una identidad dispersa, y esto es lo que lo lleva algunas veces a caer enfermo e incluso a perder, por un periodo de tiempo corto, la memoria.
Pero quien nos narra la historia de este personaje no es Austerlitz sino alguien que lo ve una vez en la estación de Amberes tomando notas y haciendo dibujos en un cuaderno. Ahí empieza una amistad que los hará encontrarse varias veces en distintos países, y en cada una de esas ocasiones Austerlitz habrá de reanudar el relato de su vida.
Una novela escrita con una intensidad y un ritmo que no dan tregua. Hay pocos punto y aparte en el texto y a menudo lo que nos es narrado está acompañado de una imagen, una fotografía tomada por Austerlitz durante su incesante búsqueda, lo que constituye un juego ficción-realidad muy interesante.
Sebald murió en un accidente automovilístico en noviembre de 2001. Paro cardíaco mientras conducía. Tenía, creo, 57 años. Había nacido en Wertach, Alemania; vivió en Suiza y luego en Inglaterra. La voz del narrador de Austerlitz probablemente sea la suya.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Adiós, nos obligan a retirarnos de la red

A partir del 31 de diciembre de 2008, http://www.mimalapalabrahn.blogspot.com/ pasará al cementerio de los blogs. Cuando más actividad había, "gracias" al accidente de uno de los blogeros y que le permitía permanecer hasta diez horas conectado, hemos recibido una orden judicial para clausurar este sitio. Aunque el vínculo culpable ya no aparecía en esta página (http://www.mimalapalabra-biblos.blogspot.com/), algún "enemigo" nos delató y hemos recibido la terrible orden que nos obliga a decir adiós.
Somos uno de los primeros blogs (sin altanería, actitud que nos caracteriza) de literatura en Honduras. Otros siguieron nuestro ejemplo y les deseamos suerte. Otros trataron de plagiarnos y les deseamos la muerte. De nuevo la censura llegó. Primero en nuestra sección impresa de diario LA PRENSA. Ahora en lo que hasta hace tres días nos parecía libre: los blogs. Estamos planeando una estrategía para seguir en contacto con nuestros fieles lectores.
NOTA: Se aceptan donaciones para crear nuestro propio sitio web: http://www.mimalapalabra.com/. A todos los contribuyentes se les dará el respectivo crédito en la página oficial.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Un día de silencio por Harold Pinter

El dramaturgo y premio Nobel 2005 Harold Pinter. Fuente: www.timeout.com

Sin proponérselo nadie, la historia le otorga un día de silencio al dramaturgo y premio Nobel inglés Harold Pinter. Murió el miércoles pero durante todo el día de ayer nadie dijo nada. Los medios de comunicación mundiales tenían ayer 25 de diciembre su día libre. Pero hoy en todas partes aparece la noticia retrasada: Harold Pinter fallece a sus 78 años.

A nosotros en Honduras nos quedan algunos libros suyos en Atenea y Teatro La Fragua representando magníficamente sus obras.
Descanse en paz Harold Pinter. Descansemos en paz nosotros, con nuestra vida a cuestas.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Molina, entre el abismo y la montaña

Una de las escasas imágenes de JRMolina que se pueden encontrar en internet.

En este breve texto que nos envía un estudiante de la carrera de Letras de la UNAH-VS la poética de Juan Ramón Molina es analizada a través de tres de sus poemas: "Autobiografía", “Metempsicosis” y "El águila". El autor descubre vínculos entre la obra del poeta hondureño y la filosofía de Nietzsche y Schopenhauer. ¿Se trata únicamente de un caso de influencias?

Por Juan Ramón Rodríguez

¿Por qué esta confesión de Juan Ramón Molina en su poema “Autobiografía”: “Hay en mí una dualidad extraña: /tengo mucho de cuerdo, algo de loco,/ mucho de abismo y algo de montaña”? La respuesta quizá la encontremos entre Schopenhauer y Nietzsche. De un extremo, los destellos misteriosos de luz que provienen de la profundidad del abismo, y del otro, una luz superior, el rayo. Molina es el puente entre ambos.
¿Qué hay en ese abismo de Molina? Hay dolor, nostalgia y hastío, y Molina lo dice a través del pensamiento de Schopenhauer, de quien leemos: “Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor. Cuanto más elevado es el ser, más sufre”. Por esa razón, la luz que aquí circula, la que se percibe en el poema de Molina, adquiere un carácter fantasmagórico y se manifiesta muy tenue y sumergida.
Pero entonces ¿cómo se explica que de estar en el abismo ahora Molina suba a la montaña? Para el poeta, este ascenso no sería posible sin el dolor y es éste el momento en que su poesía le toma la palabra a Nietzsche cuando dice que el hombre deja de lamentarse de su vil condición de mortal para convertirse en “superhombre”; el águila es entonces la llamada para esa misión, la única que se atreve a alcanzar el rayo: “Jove, que fue el señor de la ancha esfera,/ me destinó, en decretos inmortales,/ a ser su mensajera,/ a conducir los rayos celestiales.” (“El águila”); y la serpiente, que es utilizada por ambos como un símbolo, es la conductora, es decir, representa la inteligencia.
Pero… ¿qué sucede con el superhombre o el águila? Una vez que alcanzan la luz máxima del rayo son derribados y enviados al abismo de acuerdo con la ley del eterno retorno. Lo que ocurre es que el poeta ha trascendido la muerte y por eso vuelve a la tierra, su punto de partida. Según Schopenhauer, la materia de la que está compuesta el ser humano pasa a integrar otras formas de vida, y esta idea, combinada con la idea del resurgimiento de Nietzsche, le otorga al poeta también la posibilidad de “resurgir”, tal como lo expresa en su poema “Metempsicosis”: “Hoy (convertido en hombre por órdenes obscuras),/ siento en mi ser los gérmenes de existencias futuras./ Vidas que han de encumbrarse a mayores alturas,/ o que han de convertirse en génesis impuras.” Así que esa “dualidad” de la que habla Molina en su “Autobiografía” quizá no sólo se derive de su propia angustia existencial sino también de sus lecturas de Nietzsche y Schopenhauer.