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miércoles, 25 de febrero de 2015

RLópez: "Nuestra narrativa parece haberse quedado atrás con respecto al resto de C.A."

Raúl López Lemus, durante la presentación del libro Entre el parnaso y la maison, hace algunos años.
Con motivo de su reciente obtención del Premio Centroamericano de Novela "Mario Monteforte Toledo", Raúl López Lemus respondió a unas preguntas del periódico Presencia Universitaria de la UNAH. Dejo unos fragmentos de esa entrevista a continuación:
(PU): En Honduras el género literario de la novela está rezagado, ¿a qué se debe?
(RLL): Sin estar seguro de lo que les pasa a la mayoría de los autores, considero que se escribe poco  en nuestro país debido a la indisciplina e informalidad que campea entre los que saben hacerlo. Digo falta de disciplina porque no creo que se trate de falta de imaginación. Se percibe mucha pereza en nuestro ambiente, siempre estamos dejando para mañana lo que podemos escribir hoy. También, tal vez se deba a que los escritores nacionales no somos lo suficientemente arriesgados, o porque algo falta en nuestra formación. Pasa en la mayoría de los casos que nos proponemos escribir sin haber leído lo suficiente, y en medio del proceso creativo nos damos cuenta de que no estábamos preparados para ello. Menuda sorpresa, descubrir a medio camino que teníamos muchas falencias y debilidades y que eso no se cura con nada que no sea la lectura. 
(PU): Originario del área del Valle de Sula y viviendo en San Pedro Sula, ¿cómo es ese contexto para llevar a cabo una vida como escritor?
(RLL): Estamos claros que el ambiente de la ciudad y, por extensión, el de toda la zona norte, no ayuda mucho que digamos en los procesos creativos. Las razones son harto conocidas. San Pedro Sula no ha tenido nunca una tradición literaria, no se han abierto los espacios necesarios para que afloren las manifestaciones del espíritu. Es una ciudad laboriosa con gente trabajadora, como suelen decir los medios, pero no se encuentra por ningún lado el ambiente propicio para la creación artística. Tiene muy pocas bibliotecas y librerías para la cantidad de habitantes, no hay lugares adecuados para la discusión o las tertulias, además de la apatía que muestran sus autoridades para promover la cultura. En un ámbito así, hay que hacer milagros para producir un poco. Sin embargo, en la actualidad, estamos siendo testigos de un posible resurgimiento intelectual; nos encontramos ante una efervescencia creativa que ilusiona. Una nueva generación de escritores comprometidos con la literatura está intentando cambiar ese pasado.
(PU):Usted es docente de la Carrera de Letras en UNAH-VS, ¿qué balance hace de los jóvenes estudiantes, cuáles son sus tendencias, motivaciones y particularidades de los hondureños que estudian esa carrera?
(RLL): En la respuesta anterior señalé que se percibe, por lo menos, una pequeña agitación en el ámbito literario de la ciudad de San Pedro Sula y, precisamente, es la Carrera de Letras de la UNAH-VS, la responsable de ello, porque ha abierto los espacios de discusión y el análisis necesario para que los estudiantes pueden depositar allí, como se dice, sus inquietudes. La carrera ha aumentado su aforo estudiantil y posee una notable cantidad de muchachos que se deciden por la buena literatura. Muchos de ellos bien actualizados, excelentes lectores y con una formación humanística loable. Creo que ya se cambió esa idea abstrusa de que se estudiaba letras para dar clases en los colegios o en la misma universidad, por una diferente en la que los estudiantes están conscientes de su papel de creadores. Para muestra, en el año 2011 se publicó una antología de la nueva narrativa hondureña y la mayoría de los autores eran exalumnos o catedráticos de la Carrera de Letras.
(PU):¿Qué retos identifica que debe enfrentar la narrativa hondureña, para mejorar su calidad?
(RLL): Reinventarse, o en su defecto, reinventar lo que se estaba haciendo, o como se estaba haciendo. No debería ser yo quien lo diga, porque apenas he ganado un premio y publicado un librito de cuentos, pero la narrativa nuestra parece haberse quedado atrás con respecto al resto de Centro América. Considero que debemos salir del letargo en que hace tiempo hemos caído y en el que parece que nos encontramos a gusto. La fórmula para lograrlo proviene de los mismos libros, de las obras que decidamos leer. La tecnología ha venido a acercar las distancias, ahora podemos saber lo que se produce en Europa o Estados Unidos en el mismo momento en que se produce, por qué no aprovechar esas ventajas y cambiar lo que leemos o cómo lo leemos. Es una decisión que cada uno puede tomar por su cuenta.

martes, 5 de marzo de 2013

Mo Yan y las entrevistas sobre política...


Mo Yan.
Una entrevista al Nobel chino Mo Yan, por Bernhard Zand en El País. Al leerla, uno entiende la postura del escritor de no conceder demasiadas entrevistas. Imaginen ustedes: le acaban de conceder el Premio Nobel de Literatura y de lo que tiene que hablar en las entrevistas es de política...
El premio Nobel de literatura chino Mo Yan tiene 58 años y es miembro del Partido Comunista (PC) desde 1979. Hizo carrera en el Ejército, y actualmente es vicepresidente de la Asociación de Escritores del PC. Pese a todas las críticas vertidas contra el régimen chino, evidentes en sus fantásticas novelas, al autor sigue considerándosele una persona fiel a este. Sus lectores llevan mucho tiempo tratando de asimilar esta paradoja. Igual de divididas estuvieron las reacciones ante la concesión del máximo galardón de las letras mundiales. Algunos disidentes chinos como el escritor Liao Yiwu se quedaron “atónitos”, mientras que muchos otros, como el alemán Martin Walser, se apresuraron a asegurar que Mo es un “maestro fuera de toda duda”.
Él se deshizo en explicaciones. Había rechazado peticiones de entrevistas procedentes de todas partes del mundo. Y en la rueda de prensa previa a la entrega de premios en Estocolmo se volvió a montar un escándalo: afirmó que la censura en China era "un mal necesario", y analistas del mundo entero reaccionaron indignados.
Recientemente, Mo se reunió de forma improvisada con este periodista. "Muy breve", dijo previamente. Como punto de encuentro eligió una tetería pekinesa. El "muy breve" acabó convirtiéndose en dos horas.
Su nombre artístico Mo Yan significa literalmente "no hables". Parece que se toma eso muy en serio. ¿Por qué rehúye el contacto?
Porque me cuesta realizar comentarios de corte político. Escribo deprisa, pero pienso de manera concienzuda. Cada vez que hablo en público, me pregunto posteriormente si me he expresado con claridad. No obstante, mis opiniones políticas están muy claras. Se pueden consultar en mis libros.
En su libro Rana (2011) y describe las consecuencias de la política de hijo único de China. ¿Qué opinión le merece ese tema?
Mo Yan recibe, en diciembre pasado, el Nobel de literatura de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia. / AFP (EL PAÍS)
R. Como padre pienso que uno debería tener tantos hijos como quiera. Pero como oficial tuve que atenerme a la norma aplicable a todos los funcionarios del Estado: un hijo y no más. No resulta sencillo solucionar el problema de la población en China. Solo hay una cosa de la que estoy completamente seguro: a nadie se le debe impedir tener un hijo por medio de la violencia.Considero que Rana es un libro de autocrítica.
¿En qué sentido? Usted no tiene ninguna culpa de los abortos forzosos que describe.
R. En las últimas décadas, China ha vivido cambios radicales tan profundos que casi todos nos sentimos víctimas. Pero casi nadie se pregunta si él mismo ha sido culpable, si le ha hecho daño a alguien. Yo, por ejemplo, puede que solo tuviera 11 años, pero en la época de la Revolución Cultural fui miembro de la Guardia Roja y fui partícipe de la crítica pública a mis profesores. Estaba celoso de los resultados de otras personas, de su talento, de la suerte que tenían. Y en aras de mi propio futuro, insté a mi mujer a que abortara. Yo soy culpable.
Sus libros pintan un amargo retrato de la China moderna. Parece que ni sus personajes, ni la sociedad, ni el propio país evolucionan en estas novelas.
R. En ese sentido no soy típicamente chino. Las historias y los dramas chinos suelen terminar bien. Pero la mayoría de mis libros tienen un final trágico. Sin embargo, hablan de esperanza, dignidad y fuerza.
Desde un punto de vista artístico, sus novelas se leen como películas: esquivan la mirada directa dentro de la mente de sus personajes.
R. Eso forma parte de la experiencia espiritual de mi generación. Algunas personas han reconocido que la Revolución Cultural fue un error del Partido, pero también han aceptado que el Partido ha corregido este error.
¿Qué piensa usted al respecto? Usted también tuvo que abandonar su educación durante la Revolución Cultural, y eso que era miembro del Partido.
R. El Partido tiene 80 millones de miembros, y yo soy uno de ellos. Yo me afilié al Partido en 1979, cuando servía en el Ejército Popular de Liberación, y tardé un tiempo en darme cuenta de que la Revolución Cultural era atribuible a los errores de unos cuantos mandatarios. No estaba directamente relacionada con el Partido.
En sus libros critica a los funcionarios del Partido Comunista y sus actos de forma radical, pero en sus declaraciones políticas, e incluso en esta entrevista, es usted muy blando. ¿Cómo explica esta contradicción?
R. No existe ninguna contradicción con mi postura política si critico duramente a funcionarios del Partido. Siempre he hecho hincapié en que me considero un escritor de las personas, no escritor del Partido. Detesto a los funcionarios corruptos.
El escritor chino Liao Yiwu dice que usted es un escritor al servicio del Estado, que no guarda ningún tipo de distancia con el Partido.
R. Sé que Liao me envidia por haber recibido este premio, y lo entiendo. Pero la crítica que me hace no está justificada.
¿A qué crítica se refiere concretamente?
R. Me reprocha, por ejemplo, que he ensalzado a Bo Xilai...
El líder del Partido en Chongqing encarcelado por un supuesto caso de corrupción...
R. Se refiere a un poema. Pero es todo lo contrario: estaba siendo sarcástico, escribí un poema satírico. Permítame que vuelva a escribirlo.
Coge un cuaderno y escribe:
Suenan las canciones rojas, resuenan los golpes contra los negros.
El país entero tiene la vista puesta en Chongqing.
Mientras la araña blanca teje una auténtica red,
el caballo negro con diarrea no es ningún joven iracundo.
Los poetas no son ni de izquierdas ni de derechas.
“En otoño de 2011”, continúa Mo, “un amigo de Chongqing me pidió una caligrafía, que es algo que se suele hacer entre poetas. Le envié este poema, y me contestó: ‘No sé si tengo que reír o llorar’. En el país había por aquel entonces muchas personas que alababan al cabecilla del Partido Bo por su lucha contra los negros, es decir, la mafia, y porque dejaba cantar ‘canciones rojas’. A muchos escritores les pidieron que hicieran lo mismo. Cuando hablo de la araña blanca me refiero a los jóvenes en China que se pasan todo el día en Internet, y que realmente destapan a criminales: los funcionarios corruptos. El caballo negro con diarrea representa a todas las personas que solo personifican a los intelectuales. Y luego sigue una exhortación a mis amigos escritores para que no se adhieran ni a la izquierda ni a la derecha, sino que escriban en nombre de las personas.
¿Sus críticos han malinterpretado a propósito este poema para que la gente lo tomara a usted por un amigo de Bo Xilai?
R. Mis enemigos son principalmente escritores, personas que también escriben poesía, y saben perfectamente que este poema es una sátira. Pero desde que me concedieron el Premio Nobel, miran mis errores con lupa y trastocan el significado de mis poemas.
Uno de los principales reproches que le hacen los disidentes chinos es que haya contribuido con un libro que celebra el infame discurso de Yan'an de Mao Zedong, un discurso en el que se fijaron en 1942 los límites que no se iban a poder sobrepasar al escribir.
R. Ese discurso es actualmente un documento histórico que contiene elementos razonables, pero también errores. Cuando mi generación y yo empezamos a escribir, fuimos ampliando y sobrepasando poco a poco los estrictos límites que nos habían impuesto. Ninguna persona con conciencia que lea textos míos de esa época podrá decir que no soy crítico.
Pero ¿por qué contribuyó entonces con ese libro?
R. Honestamente fue una idea comercial de un editor, un viejo amigo mío. Ya se había granjeado a más de 100 escritores, y durante una conferencia se paseó con un libro y un bolígrafo y me pidió que copiara un párrafo del discurso. Le pregunté: “¿Qué quieres que escriba?”. Y me dijo: "Mira, esto es lo que he elegido". Fui lo bastante vanidoso como para hacerlo: quería presumir de mi caligrafía.
En su novela La vida y la muerte me están desgastando (Kailas), a uno de los protagonistas se le cae una insignia de Mao Zedong a la letrina; y en su tomo autobiográfico Cambios (Seix Barral) revela que utilizaba estatuillas de Mao para ahuyentar a las ratas de su dormitorio. ¿Por qué se atreve a romper de ese modo los tabúes en sus libros, pero se muestra huidizo en público?
R. ¿Usted cree que soy tan cuidadoso en público? Entonces no habría accedido a mantener esta entrevista. Soy escritor, no actor. Y cuando escribí esas escenas, no estaba pensando en romper con ningún tabú. Si con eso he conseguido mostrar que Mao era solo un hombre, me parece bien. Cuando yo era pequeño, pensaba que era Dios.
Actualmente es usted vicepresidente de la Asociación de Escritores de China. ¿Se puede ocupar ese puesto en China sin estar próximo al Gobierno?
R. Es un título honorífico que no le importaba a nadie hasta que no me concedieron el Premio Nobel. Pero hay gente que cree que un nobel tiene que ser por principio miembro de la oposición. ¿Eso es así? A esas personas no les interesa lo más mínimo lo que escribo. ¿No debería concederse el Premio Nobel de Literatura por la literatura, por lo que uno escribe?
En China hay personas que son perseguidas y encarceladas por lo que escriben. ¿No siente la obligación de aprovechar su distinción, su popularidad, para defender a esos escritores?
R. He afirmado públicamente que espero que Liu Xiaobo recupere su libertad lo antes posible. Sin embargo justo después volvieron a atacarme y me obligaron a expresarme una y otra vez sobre esta misma cuestión.
Liu fue galardonado en 2010 con el Premio Nobel de la Paz. Defenderlo constantemente tendría realmente más efecto que un comentario aislado.
R. Esos rituales de la repetición me recuerdan a la Revolución cultural. Yo hablo cuando quiero. Cuando no quiero, ningún cuchillo en la garganta va a obligarme a hacerlo.
Entre sus críticos se encuentra el artista Ai Weiwei.
R. ¿Y qué ha dicho de mí?
También le tacha de ser un escritor al servicio del Estado. Afirma que es ajeno a la realidad del país y que, como intelectual, no es usted apto para representar a China.
R. Pero ¿no son la mayoría de los artistas en China artistas al servicio del Estado? Muchos ocupan cátedras, otros escriben en periódicos estatales. ¿Y qué intelectual puede afirmar de sí mismo que representa a China? Yo no. ¿Puede Ai Weiwei? Creo que los únicos que pueden realmente representar a China son los que están ahí fuera excavando con las manos en la suciedad y adoquinando las calles.
Usted no es solo miembro del Partido, sino que ha afirmado en numerosas ocasiones que cree firmemente en la utopía del comunismo. No obstante, ¿no demuestran gradualmente sus libros que el comunismo no funciona? ¿No resultaría natural decirle adiós a dicha utopía?
R. Lo que escribió Marx en el Manifiesto comunista es de una belleza magnífica. No obstante, me parece muy complicado llevar ese sueño a la práctica. Por otro lado, cuando me fijo en el Estado de bienestar de los países de Europa, sobre todo del norte de Europa, me pregunto: ¿son concebibles estos Estados, estas sociedades, sin Marx? En cierto modo, el marxismo ha salvado al capitalismo, porque los que realmente se han beneficiado de las bendiciones de esa ideología son las sociedades occidentales. Los chinos, los rusos y los europeos del Este malinterpretamos a Marx.
Der Spiegel. Traducción de News Clips.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Entrevista reciente a Pynchon

T. Pynchon.
Aprovechando el parón prenavideño de la huelga declarada hace algunos meses, dejo a continuación estas dos preguntas (y sus respectivas respuestas) de una reciente entrevista hecha a Thomas Pynchon, que encuentro en la web Factor Crítico, y que se refieren al rumor de que Pynchon no existe y que en realidad es Salinger. Juzguen ustedes.
F.C.: Alrededor suyo también ha habido teorías conspiranoicas. Por ejemplo, durante un tiempo se llegó a decir que usted en realidad no existía. Que era en realidad Salinger escribiendo con seudónimo.
T.P.: Pero nadie lo llegó a creer realmente. E hicieron mal. Porque no hay ningún motivo por el que yo no pudiera haber sido Salinger.

F.C.: Ahora mismo tengo ciertas dudas sobre quién estará realmente al otro lado de estas cartas.
T.P.: En eso se basan, precisamente, todas las teorías de la conspiración. Uno empieza por percibir alguna inconsistencia en lo que le rodea, alguna esquina de la realidad que, en lugar de doblarse hacia dentro, se dobla hacia fuera. Alguien cuya letra varía de una semana a otra, por ejemplo. Entonces te preguntas, ¿quién esa persona sin rostro que impone sus reglas en este juego que me hacen jugar? ¿Será una o varias? ¿Por qué se oculta? La verdad es que no importa la respuesta a ninguna de estas preguntas. Da igual si algún lobby judío planeó el atentado de las Torres Gemelas, o si la CIA paralizó las investigaciones de Timothy Leary con el LSD en cuanto éste consiguió aumentar en un 80% la tasa de reinserción de presos. Lo único que importa son las preguntas en sí mismas. Que uno sea capaz de hacérselas. Las teorías de la conspiración surgen como una forma, por loca que parezca, de interpretar dichas inconsistencias y aunque las respuestas que se obtienen acaben generando nuevas inconsistencias, por lo menos consiguen que seamos conscientes de ellas. Cosa que la historia oficial intenta evitar a toda costa.

martes, 26 de junio de 2012

Rulfo y el origen de Comala


Portada del libro de entrevistas de Robert Saladrigas publicado por Alfabia.
El escritor catalán Robert Saladrigas, que también es periodista, entrevistó a muchos de los miembros del irrepetible Boom latinoamericano y ahora la editorial Alfabia publica una compilación de esas entrevistas. Con motivo de la aparición de ese libro, Juan Cruz entrevista a Saladrigas en El País, quien le comenta algo que Juan Rulfo le contó a él alguna vez:
"Cuando Rulfo me cuenta el origen de Comala me dice que aquel era su pueblo, del que se marchó, y que cuando volvió estaba deshabitado y que de aquella calle surgieron fantasmas. Me sonaba a magia. Para él era pura realidad. Descubrimos que nosotros no podríamos hacer lo mismo en Europa por más que quisiéramos… Europa no tiene leyenda, aquí impera el racionalismo, nunca impera la leyenda".
Cuando quien escuchó por primera vez estas palabras nos las refiere a nosotros, de alguna manera sentimos que somos parte de ese instante en que fueron escuchadas de los labios del autor de Pedro Páramo. Y si no, leamos este párrafo:
"En realidad, los personajes de mi obra no son sino almas en pena, fruto de la mezcla de catolicismo y de concepciones aborígenes, que dan por resultado una especie de sincretismo inidentificable. Bueno, pues la clave que con tanto afán buscaba me salió al paso cuando, treinta años después de haber salido del pueblo, regresé a él en busca de mi infancia perdida allá y lo encontré abandonado, totalmente abandonado, las calles desiertas, las viviendas deshabitadas, invadido todo por el polvo y la soledad más espantosa. A alguien se le había ocurrido la peregrina idea del sembrar en las calles una especie de árboles que se llaman casoaricas. Yo pasé una noche allí, solo, temblando. Las casoaricas son muy parecidas a los pinos, solo que sus ramas son más largas y las hojitas muy compactas no sisean con el susurro tan característico del pino, sino que gimen cuando sopla el ventarrón. Escuchar aquellos gemidos lastimeros en la soledad de lo que había sido mi pueblo, un pueblo que dejé próspero y recuperé gimiente, como si fuesen las piedras, las calles, las almas de los habitantes enterrados o huidos quienes expresaran su dolor en sollozos, me impresionó tanto, que de aquella estancia mía imborrable nació Pedro Páramo".

viernes, 1 de junio de 2012

Villoro y la memoria


Juan Villoro. Foto: Claudia Guadarrama.
Muy interesante la perspectiva de Juan Villoro acerca de la creación literaria recogida en esta entrevista de Jesús Alejo para Milenio (que yo me robo de Moleskine Literario). La memoria, esa que todo lo sabe, es para el escritor mexicano la fuente de su trabajo literario. Nos dice, además, que pertenece a esa clase de escritores que no necesariamente tienen un plan definido antes de embarcarse en la escritura de una novela:
“Nosotros escribimos porque recordamos”, dice Juan Villoro, quien encuentra en la memoria a la mayor cantera para la creación literaria, lo que de muchas maneras se refleja en su obra novelística, como sucede en su más reciente libro, Arrecife (Anagrama, 2012).
“A medida que envejezco pierdo muchas cosas, pero también una de las cosas de ir viviendo es que el pasado se vuelve más grande, incorporas más capas de experiencia, ya sea de otras zonas de tu propia vida o del pasado de tu país.”
Bajo ese entendido, el escritor encuentra que el itinerario del novelista es el de alguien que se mete en un camino largo, tan largo que se extravía y dicho extravío se convierte en la historia que busca en secreto: “Me gusta mucho plantear una novela como algo en lo que te vas a perder y vas a descubrir.
“Hay novelistas que ya conocen ese mundo, tienen una idea muy clara de hacia dónde van a llegar, pero hay quienes escriben para descubrir ese camino. Soy de los segundos: en la novela te debes abandonar un poco para avanzar a ciegas y luego corregir mucho; tienes razón al decir que me interesa mucho la memoria y eso puede ser un vicio narrativo, porque me interesa al grado que de pronto escribo tanto del pasado de los personajes, que me olvido de la novela.”
Ese fue uno de los retos que se planteó Juan Villoro en Arrecife, una historia de amistad, amor y redención, aun cuando también habla de la violencia, de los peligros de la vida y hasta de los sacrificios mayas; todo junto es un coctel que pretende reflexionar en torno a los excesos de la humanidad.
“Me interesaba, primero que nada, contar la historia de una amistad, en donde dos personas recuperan el pasado, si bien uno está más seguro de ese pasado que el otro. Luego quería situar la historia en el presente mexicano, en donde hay un clima de violencia que no trata la novela de manera directa, pero sí es un espejo de los peligros que rodean a la condición humana.”
Esa recreación del pasado tiene como escenario un hotel en el que se ofrecen, como parte de su programa de actividades, aventuras peligrosas, vinculadas lo mismo con el juego, el alcohol, las drogas, los deportes extremos, los animales venenosos o las chicas que no te convienen: “todo eso forma parte del atractivo que muchas veces te hace daño.
“El ser humano es un depredador y se deja atraer por tentaciones que muchas veces son dañinas. Siempre me han intrigado los resorts turísticos, porque son sitios aislados que parecen como naves interplanetarias, donde la gente vive en una situación de total aislamiento, además los hoteles son espacios narrativos por excelencia, porque como autor buscas historias singulares de las personas y en un hotel estamos obligados a ser singulares.”
A Juan Villoro no le interesa tanto la idea de la crítica social, pero al mismo tiempo sabe de la necesidad de reflexionar acerca de los problemas de nuestros días, con una sociedad en la que derrochamos la violencia, en la que hay decapitados, pero hay quienes por deporte juega al gotcha, una representación de la violencia.
“En qué medida vivimos en una comunidad donde la muerte es gratuita y pareciera no tener tiempo para la vida”, se pregunta Juan Villoro; la respuesta se encuentra en Arrecife, una historia en la que se funden muchas de sus obsesiones literarias.

domingo, 18 de marzo de 2012

V-Matas: "No hay nada menos autobiográfico que una autobiografía"


El escritor Enrique Vila-Matas, en Barcelona. / JOAN SÁNCHEZ
Marcos Ordóñez conversó recientemente con Enrique Vila-Matas sobre la última novela de éste, Aire de Dylan. Una de las razones por las que siempre leo a Vila-Matas es la de que en él uno no encuentra simplemente ficción, a la manera de la mayoría de los narradores actuales, sino que además, se le puede seguir como teórico de la literatura, aunque esto siempre, claro, a través de sus personajes. Algo de eso observamos en estas respuestas del novelista que dejo a continuación. La entrevista viene desde El País:
En Aire de Dylan, la nueva novela de Enrique Vila-Matas hay un escritor fracasado y sin nombre que conoce a un adolescente parecido a Dylan que quiere fracasar, y una muchacha misteriosa parecida a Scarlett Johansson, y un escritor muerto y todavía más misterioso llamado Lancastre que infiltra memoria en el cerebro de su hijo, y una madre terrible, y la historia de Hamlet puesta al día, y un viaje a Hollywood que acaba siendo un viaje cósmico, y muchas, muchas cosas más.
Marcos Ordóñez. Lo que no hay, diría yo, es una “sátira de la posmodernidad”, como afirma la contraportada.
Enrique Vila-Matas. Eso fue un malentendido. No me he propuesto satirizar nada. En la literatura (y en la vida) acepto todas las tendencias, salvo, claro está, las totalitarias. Intento mantener una apertura mental extrema. Lo que sucede es que Vilnius, el adolescente, se enfrenta a la visión literaria de Lancastre, su padre muerto, por imperativos de la edad. Y eso es lo que ha dado en bautizarse con el ambiguo término de “posmodernismo”.
M. O. Cito elementos de la panoplia de Lancastre: “heterónimos, cambios constantes de piel y de personalidad, juegos literarios, ficciones presentadas como hechos reales, mezcla de géneros, reinvención de citas de otros autores, humor juvenil…”. ¿Sigo?
E. V.-M. Hace poco me preguntaron si me identificaba con el narrador, el escritor que quiere dejar de escribir, y contesté que me identificaba con Lancastre, con el escritor muerto. En Lancastre no hay sátira de una corriente literaria sino algo que suelo practicar: ponerme en cuestión, reírme un poco de mí mismo. Me gustó cómo lo hizo Coetzee en Verano, donde se contemplaba, muy humorística y duramente, a través de los ojos de los distintos testimonios de una serie de narradores.
M. O. Nabokov parece muy presente en Aire de Dylan, sobre todo el Nabokov de La verdadera vida de Sebastian Knight: por el humor, por la inventiva, por las historias como muñecas rusas, y por ese continuo juego del ratón y el gato con “lo biográfico”.
E. V.-M. Hay una cita muy explícita de ese gran libro en las últimas páginas: es la idea de que no hay nada menos autobiográfico que una autobiografía. Las memorias apócrifas de Lancastre, que Vilnius y Deborah y el narrador intentan escribir, son más verdaderas que una autobiografía real.
M. O. Hará un par de semanas hablaba en estas páginas de “vanguardia feliz” refiriéndose a Pálido fuego: de nuevo Nabokov.
E. V.-M. Nabokov nunca pierde de vista el relato, la melodía. Deconstruir o experimentar abandonando al lector ha sido, por desgracia, una práctica demasiado frecuente. Yo creo que hay que jugar y experimentar sin olvidar el interés del lector, y mantener en alto la historia sin estar sometido a ella.

domingo, 4 de marzo de 2012

De cuando dije que no me interesaba hacer historia

Había olvidado enlazar esta entrevista que me hicieron Óscar Urtecho y Dennis Arita y que apareció publicada en El Heraldo hace una semana. Como sé que este blog es el embudo que utilizan algunos personajes de nuestra farándula catracha para vertir su resentimiento con el mundo entero, los invito a leerla, así tendrán nuevos motivos para sentirse ofendidos. Les dejo sólo un fragmento de la entrevista, que pueden encontrar completa con un clic aquí.
El Heraldo: Una característica de estos escritores (sampedranos) es su postura provocativa y crítica hacia la calidad literaria de otros. ¿Por qué esta actitud? 
G.R.: Nadie que llegue a ser buen lector o que pretenda serlo puede sustraerse del sentido crítico. En algún momento emitirá opiniones sobre aquello que lee y, claro, uno emite generalmente opiniones fuertes sobre esas cosas que cree que lo están molestando. Si uno durante algún tiempo ha estado leyendo literatura hondureña muy pobre o que se ha enfocado en determinado tema y lo ha explotado de manera muy pobre, tiende a hacer comentarios fuertes. Quizá es una obligación social, moral, del lector pronunciarse de vez en cuando, decir "esto está mal hecho", y uno como lector puede dar juicios, opiniones, opinar siempre que quiera, puede escribir, incluso, sobre aquello que lee y no necesariamente debe tener una obra consistente detrás, no tiene que haber sido uno un gran escritor para estar autorizado a criticar bien o mal la obra de alguien. Como lector, uno puede criticar la obra de cualquiera, siempre que lo haga con respeto, con las normas tácitas de la cordialidad. Aquí hay mucha gente que "brinca" cuando se le señalan errores. Lo que deberían hacer, antes de que alguien se los señale, es buscarlos ellos mismos y no esperar que les den palmaditas en la espalda, como normalmente ocurre acá, sobre todo en Tegucigalpa.

domingo, 11 de diciembre de 2011

MGallardo: "No soy ningún autor canónico para dar consejos"

Y para finalizar esta serie, tomada de esta publicación de La Prensa, les dejo las respuestas de Mario Gallardo (incluido en Puertos abiertos. Antología de cuento centroamericano) a Carlos Rodríguez:
¿A qué otro autor nacional le hubiera gustado ver en la antología “Puertos abiertos”?
Desconozco detalles acerca de los parámetros utilizados para la selección por Sergio Ramírez, por lo que sería insensato proponer inclusiones basadas en premisas personales, pero me atrevo a decir que Roberto Castillo no debiera faltar en ninguna antología de narrativa centroamericana.
¿Cree que “Puertos abiertos” ofrece una visión saludable del cuento centroamericano?
No soy muy afecto a las metáforas medicinales, pero es indudable que ofrece un panorama amplio y representativo de la narrativa de corto aliento que se está escribiendo en la región, además de tender un puente entre propuestas que marcaron el paso durante el siglo XX y las que se encuentran en proceso de definirse en el XXI.
Para un autor hondureño, ¿qué importancia tiene aparecer en una antología hecha por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica?
La misma que para el resto de los autores centroamericanos: el honor de haber sido seleccionado por un hombre de letras con una carrera tan unánimemente celebrada como la de Sergio Ramírez y las ventajas de aparecer publicado en una editorial que puede presumir de una trayectoria impecable a nivel continental.
¿Cuál es su cuento favorito de los autores incluidos y que no aparece en la antología?
“Lejano”, de Eduardo Halfon, y “La niña que no tuve”, de Rodrigo Rey Rosa.
Algunas personas han opinado que reveló demasiado de la vida real en Las virtudes de Onán, ¿qué piensa?
Sobre “Las virtudes de Onán” han escrito Helen Umaña, Hernán Antonio Bermúdez, Giovanni Rodríguez, Rodolfo Pastor y Gustavo Campos, y en ninguno de sus trabajos he visto expresada esa sentencia, así que no podría decir mucho en torno a tales “revelaciones” ya que desconozco absolutamente su contexto.
¿Qué consejo le daría a los escritores jóvenes?
No soy ningún autor canónico para dar consejos, pero in extremis optaría por el más trillado, pero el que menos adeptos tiene: leer y, sobre todo, releer.
¿La literatura debería estar comprometida con alguna causa?
No creo en más compromisos que el de preservar la autenticidad de tu propuesta y esforzarte al máximo por escribirla bien.

GCampos y la muerte de Sosa (según CR)

En la misma publicación de La Prensa citada en la entrada anterior de este blog aparece también esta corta entrevista a Gustavo Campos (antologado en Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana). Carlos Rodríguez, el entrevistador, suelta un dardo desde la primera pregunta, pero habría que preguntarle a él si les haría la misma pregunta a todos los poetas hondureños incluidos en esta antología... Porque según Carlos, si Roberto Sosa no hubiera muerto, los únicos poemas hondureños que aparecerían en esta antología serían los de Sosa. Vaya pendejada! Dejando aparte ese asomo egocéntrico en algunas de las respuestas de Gustavo Campos, hay que reconocer que su poesía publicada hasta ahora es una de las más auténticas de los últimos años y que no necesita de la muerte de nadie (ni del autobombo) para sobresalir y ocupar un lugar en una antología tan importante como ésta preparada por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica.
¿Su inclusión en la antología “Puertas abiertas” está marcada por la muerte del poeta Roberto Sosa, ¿es cierto? ¿Qué opina?
Mi obra estaba preseleccionada, según me dijo uno de los integrantes del consejo editorial, y creo más que mi inclusión se debe a un reconocimiento de mi labor creativa que supone, y se entrevé al ver la selección de mis poemas, un nuevo camino que transitar en la poesía hondureña. La muerte de Roberto Sosa nos conmovió y tenemos claro que de seguir vivo él estaría incluido como uno de los poetas más reconocidos que ha dado nuestro país.
¿“Puertas abiertas” es una especie de recompensa a su trabajo poético?
En cierta medida sí. Es gratificante saberse antologado en una de las más prestigiosas editoriales de habla hispana, pero no lo veo como “recompensa” o “incentivo”, de no haber salido seguiría escribiendo y escribiendo, pues la verdadera “recompensa” a la que aspiro es lograr una obra maestra.
¿Con la poesía de qué autor incluido en este libro se identifica tu “yo poético”?
Mi “yo poético” no cree identificarse con otros autores incluidos, pero como lector admiro mucho a poetas como Rigoberto Paredes y óscar Acosta. Lo que me entristece es la exclusión de tres poetas que a mi ver debieron aparecer, como ser: José Luis Quesada, Livio Ramírez y José Antonio Funes. Con los poetas que más me identifico ya están muertos, Edilberto Cardona Bulnes y Nelson Merren.
¿Gustavo Campos cree en el destino?
Creo más en la predestinación. Y cuando llego a creer en el destino me provoca cierto temor a nivel personal, pero grandes expectativas a nivel profesional.
¿Para un escritor hondureño, ¿qué representa aparecer en una antología hecha por Sergio Ramírez para el Fondo de Cultura Económica?
Una satisfacción y una alegría innegable de que haya sido un gran escritor como lo es Sergio Ramírez quien te incluya en una antología que a su vez es publicada por una editorial de gran prestigio.
¿Cuál es su mayor defecto en el oficio de escribir?
Soy muy autocrítico, diría casi autodestructivo conmigo mismo y con mi obra. Soy capaz de distanciarme de mis trabajos y ejercer juicios críticos en su contra, los mismos que aplicaría a otras obras. No me enamoro de mi escritura y a veces suelo reírme de escritos míos.

lunes, 25 de julio de 2011

JJ Bueso: “En tus inicios tenés derecho a ser irreverente”


JJ Bueso.
Cualquiera que viva en una de nuestras ciudades ha oído hablar alguna vez del “negocio de los masajes” pero pocas veces se conocen los detalles de éste, como los que ofrece el siguiente fragmento de la novela Fastidium, de J.J. Bueso, de próxima aparición en el mercado literario nacional. La nueva narrativa hondureña tiene en este texto una muestra de esa urbanidad y de esa desenvoltura que la caracterizan:
Los buhoneros me ven pasar, veo su rostro de barro y su mirada de submundo. Camino acercándome a especímenes en proceso de engorde con melenas femeninas vendiendo prendas a 6 lempiras cada una. Trenecitos humanos avanzan a diestra y siniestra, chocan, se amontonan, obstruyen mi camino y el de los hormigos locos asechando al transeúnte inseguro con navajas oxidadas y culpables. Me he detenido un segundo dudando de todo por un instante, una sensación marica, sapiente, inoportuna trata de frenarme. La empresa cíclica de la incertidumbre encuentra siempre situaciones sospechosas, miedos ancestrales, ojos escondidos en algún escaparate. Ni mierda, hay que seguir, hay que asegurarse de lo incierto, caminar sin vacilar, decidirse, dejarse de paranoias. Encuentro el lobby del hotel “San Judas”: habitaciones sencillas y con aire, servicio a la habitación, agua caliente, televisión por cable. Subo las gradas y un recepcionista malicioso parece adivinar mis pensamientos, le digo con voz nerviosa, habitación 12, señala, me ve, me sigue con mirada gélida, expectante. Filas de aires acondicionados gotean por el pasillo, puertas marrones parecen latir más fuerte mientras camino: 7, 8, 9, 10, 11…
Me abre una rubia de estatura media de entre 18 y 20 años, ojos pequeños y bonitos, cabello recién planchado. Platicamos, nos ponemos de acuerdo, nos entendemos sin objeciones. El látex resbala adentro y afuera con convicción, ella tensa las piernas y gime con el mismo ánimo de mi ritmo. Sus pezones son apetitosos, como de chocolates Hershey´s, sus caderas al arquearse revelan un par de libras extra, su piel es color miel, su entusiasmo en las posiciones me revela simpatía. -Nicol, así me llamo. -20 años, ¿y usted? -Hace poco estoy en esto. -Sí tengo, está en los Estados Unidos. -No, no sabe nada al respecto. -Estudio, me estoy graduando, seré enfermera. -¿Por qué no quiso que le hiciera el masaje? -¿Cómo le parecí?, ¿le gustó? -¿Va a regresar? -¿No?, ¿por qué? -Entonces no le agradó cómo se lo hice. -Ok, está bien, al menos yo sí lo estaré esperando. -Tal vez nos veamos otra vez, ¿no cree? -Bueno, que le vaya bien.
Hay una colilla de cigarrillo todavía encendida sobre las gradas que ahora bajo, el negocio va en alza. Veo de reojo al recepcionista y comienzo a pensar que no me irá muy bien en esta nueva ciudad, a lo mejor el desencanto no se vaya jamás. Los escaparates del mercado son esqueletos con intestinos a veces vegetarianos, compro una manzana y sigo caminando con un par de reflexiones. Estaré bien, lo peor ya ha pasado, todo se resume en un par de pastillas anticonvulsivas, de lo demás me encargo yo sin ayuda de nadie.

La entrevista:
San Pedro Sula se ha convertido en un escenario recurrente entre los últimos narradores de la costa norte. ¿Será que empieza a construirse la mitología literaria de la ciudad?
La imagen de esta ciudad está impregnando nuestra literatura y creo que en San Pedro Sula vemos a la ciudad tercermundista que es, no es una imagen que busque repetir esa tontería de “La Gran Ciudad” sino todo lo contrario, aunque en mi caso, la veo desde la óptica de un inmigrante, porque no nací aquí, y observo el día a día de los sampedranos de manera diferente.
Muchos cuestionan el ánimo desafiante de tu generación. ¿Qué podés decir ante eso?
En tus inicios tenés derecho a ser irreverente, a plantear las cuestiones de manera irreverente, que busquen desafiar a las generaciones anteriores. Así como nosotros desafiamos a la generación inmediatamente anterior a la nuestra, otros vendrán a desafiarnos a nosotros, y eso es saludable para la literatura.
¿Estás de acuerdo con tu colega Darío Cálix en cuanto a que los narradores hondureños son demasiado tímidos a la hora de escribir sobre erotismo?
No es cuestión tanto del autor. Un escritor puede llegar a escribir muy bien sobre el erotismo, la cuestión está en que hay cierto temor a la hora de publicar un texto sobre ese tema porque muchos piensan en las críticas que vendrán y se autocensuran. Creo que piensan demasiado en el lector, y eso es algo que quizá esté cambiando en mi generación.
¿Cuál es tu argumento para decir “aquí estoy, soy un nuevo narrador hondureño, párenme bola”?
El mejor argumento siempre será el texto impreso y publicado porque eso no va a engañar nunca a nadie. Podrás hablar mucho, dar opiniones interesantes, ser irreverente, pero a la hora de la hora lo que importa es la obra.

domingo, 17 de julio de 2011

JSánchez: “Metemos el dedo en la llaga pero también la acariciamos”


Jessica Sánchez caminando por la acera de un edificio en el centro de SPS.
El título de esta entrevista bien podría generar alguna mueca de disgusto en algunos lectores pero precisamente esa mueca es la que escritores como Jessica Sánchez se proponen conseguir. Temas como el abuso sexual o la violencia contra las mujeres atraen a esta autora pero lo suyo ya no es la queja plana o el llanto desconsolado, elementos fácilmente identificables en la narrativa femenina hondureña de los últimos años; lo suyo es una literatura que contiene, al mismo tiempo que una denuncia, la carga de toda su experiencia como lectora y sobre todo, la de la experiencia de su vida.
¿Por qué hay tan pocas mujeres escribiendo o publicando narrativa en Honduras?
Creo que es por las limitaciones que tenemos las mujeres en el medio, las que tienen que ver con el trabajo reproductivo, con el cuidado de los hijos. Ésta es una sociedad en la que las mujeres estamos luchando por encontrar un lugar.
En ese sentido, ¿las mujeres tienen más dificultades que los hombres para publicar un libro en Honduras?
Yo creo que en esto es prácticamente igual; estamos en un país que no promociona la literatura. El tema con las mujeres es que no llegamos ni siquiera a presentar los trabajos. Por lo que he investigado, las mujeres escribimos para nosotras mismas, nos cuesta más porque no somos más juezas de nosotras mismas.
¿Existe un vínculo entre tus trabajos relacionados con la defensa de los derechos de la mujer y el oficio literario?
Creo que el estar trabajando en temas de género da una mirada feminista a los textos literarios y hace que tome fuerza la necesidad de impulsar tu trabajo literario y el de otras compañeras, para no quedarnos postergadas detrás del biombo.
El eterno dilema de muchos es si pesa más la literatura con sus motivaciones intrínsecas o aquella que está comprometida con su contexto. En tu caso, ¿qué pesa más?
Es un ensamblaje de cosas. En nuestra generación no podemos escribir sin tener en cuenta el contexto. Ya nuestro propio contexto es una denuncia, nosotros escribimos más allá de lo posmoderno. Creo que si hay una línea que nos distingue es la de una literatura más urbana, más dura, que no podemos escribirla sin dar cuenta del contexto en el que nos movemos. Los cuentos de mi libro tienen temas de abuso sexual o de violencia contra las mujeres pero no fueron planteados así, no desde una perspectiva feminista sino desde mi experiencia urbana marginal y desde mi experiencia literaria.
¿Creés que esta nueva generación de escritores a la cual pertenecés esté conectando mejor con su contexto social?
Sí, porque por ejemplo, las escritoras mayores que yo están interesadas en temas como la cocina, pero eso no va conmigo, me crié con realidades más duras, no hubo una abuelita que me sobara la cabeza. Por otra parte, creo que pertenezco a una generación de hijos de la guerra, con todas sus convulsiones sociales. Crecí en un mundo de paranoias, de miedo, en el que se necesita de mucho valor para vivir y eso nos hace conectar mejor con los lectores de ahora.
¿Qué particularidades existen en el hecho de pertenecer a la última generación de narradores de la costa norte de Honduras?
Yo no había pensado tanto en eso sino hasta que apareció el libro Entre el parnaso y la maison. Leyéndolo y leyendo el prólogo vi que había una línea común, vi que era una literatura que no se quiere congraciar con el lector, que plantea la realidad tal como es, que es muy urbana y que cuando toca el tema de la ruralidad lo hace en un conflicto con la urbanidad. La generación anterior hizo su denuncia de la guerra, de las desapariciones pero se quedó ahí, mientras que nosotros vamos más allá, nosotros exploramos, metemos el dedo en la llaga pero también la acariciamos, somos parte de ella.
Partiendo de ahí, ¿cómo ves el futuro inmediato para la literatura hondureña?
La nueva narrativa está en la costa norte y creo que estamos empezando a romper con esa idea de que todo lo importante ocurre en Tegucigalpa. La cultura se ha centralizado en la capital durante mucho tiempo pero creo que al menos en la narrativa es la costa norte la que lleva la delantera y el futuro inmediato pinta mejor para esta zona que para la zona central.

sábado, 16 de julio de 2011

DCálix: “Tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes”


Poff es una alegre autopsia de una juventud rebelde y sin embargo culta, ubicada en la cola del sistema pero también librepensadora, regida por los principios del hedonismo e igualmente afectada por las pequeñas calamidades cotidianas. No será difícil que se convierta en una obra de culto entre estos jóvenes, pero, considerando su frescura, su desparpajo y su ambición estilística, también dará de qué hablar entre aquellos lectores todavía acostumbrados a las propuestas de las anteriores generaciones de la narrativa hondureña. A continuación, un fragmento de esta primera novela de Darío Cálix, publicado originalmente en la sección cultural Ágora, de diario Tiempo:
Sobre mi escritorio yace el inicio de una novela que nunca voy a terminar. Se trataba de un intento de asesinato contra Charles Bukowski, el escritor. Un asesinato literario, claro está. Iba a ser yo matando a mi papá literario, Bukowski. Pero no fácilmente puede matar uno a su papá. Y mucho menos cuando se es un “escritor novato” como yo. Un escritor joven, un mal escritor. Escribí 18 ó 20 cuartillas y sencillamente caí en la cuenta de que estaba apuntando más allá de mi rango. Entonces llegó la hora de bajar el arma, de devolvérsela a papá y de pedirle perdón.
“Perdón, papá Bukowski, perdón”.
“Ok, mierda. Y no vuelvas a hacer eso”.
No es cosa fácil matar a papá, no cuando uno lo quiere tanto. Cuando uno se siente tan cómodo en él, como si se estuviese en uno mismo. Cuando parece tan natural ser como papá. Cuando se te pega el ritmo y te sentís bien con él, porque ni siquiera sentís que se te ha pegado nada, que vos te has pegado a papá, a su ritmo. No es cosa fácil cuando no te das cuenta, hasta que viene alguien y te lo dice y te lo señala y sí, ahí está, es cierto. Vaya vaya vaya…
Y de pronto tenés un problema enorme. Lo que tenés que hacer es agarrar todo eso y amarrarlo y soltarlo, me dijo un amigo, haciendo como que agarraba, amarraba y soltaba un globo hacia el cielo. Yo me quedé viendo el globo imaginario y pensé: no será nada fácil.
Y de pronto ha pasado un año o dos y el problema no ha sido solucionado. Te decepcionás terriblemente de vos mismo y cada vez escribís menos. Para qué seguir escribiendo poemas como otro, no tiene sentido. Añorás el inocente principio, cuando escribías todos los días sobre todo y nada ni a nadie habías leído. Cuando todavía desconocías las palabras poema y poesía. Cuando el mar de mierda de la literatura no te había seducido todavía con el canto de un par de sirenas enloquecidas. Añorás el inocente principio, la imbecilidad y la ignorancia, sólo para después sentirte patético. Cada vez escribís menos y la posibilidad de no volver a hacerlo te mata. De verdad pensás que eso te mata, pero a medida que pasa el tiempo, la vida y la literatura misma te enseñan que esas son tonterías de niño. Entonces empezás a considerar seriamente la posibilidad de dejar de escribir y comprendés, al fin, que seguís pensando como niño tonto y que cuando en realidad tengás algo sobre qué escribir lo vas a escribir porque sos un jodido escritor al fin y al cabo.Soy un jodido escritor al fin y al cabo. Si se me ocurre escribir una novela, la escribo, y si fallo en escribirla, entonces escribo sobre eso, sobre el fracaso. Porque soy un jodido escritor al fin y al cabo, cada vez que tenga algo sobre qué escribir lo escribiré. Y el fracaso, amigos míos, es definitivamente algo. Pero ¿y si en el escribir sobre el fracaso también se fracasa? Pues bueno, supongo que en ese caso soy solamente un jodido.

  • Entrevista:
DARÍO CÁLIX, AUTOR DE POFF:
“Tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes”

¿Qué novedades aportan escritores jóvenes como vos a la narrativa hondureña?
Creo que la novedad principal es que estamos muy influenciados por la cultura pop y no tenemos ningún reparo en demostrarlo. Además, me parece que escribimos con mucho más desenfado que los escritores inmediatamente anteriores. Si hay algo en común entre los escritores de mi edad es que tenemos unas ganas locas de acabar con todos los que estuvieron antes y hasta de acabarnos entre nosotros mismos.
¿Cuáles eran tus intenciones cuando escribías Poff?
En primer lugar exorcizar todos los demonios que llevaba conmigo por el hecho de ser un escritor joven y darme cuenta de ello, de que lo quería hacer en serio... Me propuse escribir una novela sobre lo que me estaba pasando para dejar todo eso atrás y de paso demostrarme que sí podía hacerlo. Por otra parte, quería capturar ciertos aspectos de mis amigos y gente con la que me relacionaba en aquel momento (mi generación, supongo). Y por último, pues que fuera moderno, por supuesto.
¿Se ven cumplidas esas intenciones ahora que la obra está terminada y a punto de publicarse?
Han pasado casi dos años desde que la terminé y puedo responder con toda seguridad que sí. No me quedan dudas de que la generación a la que apunta este libro disfrutará mucho leyéndolo y que las demás serán sorprendidas. Estoy más que satisfecho con el resultado.
¿Qué cosas creés que deban empezar a cambiar en la narrativa hondureña?
Creo que se debe tocar una temática más global ahora, experimentar con la estructura y dejar de ser tan maricas. Eso, básicamente.
¿En qué sentido creés que los narradores hondureños tienen esa característica de "maricas"?
Creo que lo han sido en ciertos aspectos o en cierta temática. Por ejemplo con el erotismo: ninguna de las novelas publicada recientemente me parece que han tocado el tema exitosa u originalmente. Pero quizás ese ya sea un gusto personal.

viernes, 8 de julio de 2011

ONatarén: “La responsabilidad ante la historia es casi siempre individual”


El poeta progreseño Otoniel Natarén durante una lectura de su obra en una universidad sampedrana.
En un intento por justificar el criterio utilizado en la escogencia de los poemas incluidos en la compilación cubano-hondureña “Cuarta dimensión de la tarde”, Otoniel Natarén, responsable de la sección hondureña, dijo que el único objetivo en esta publicación era “hermanar a dos pueblos, Honduras y Cuba”, por lo que no se establecieron parámetros de edad e incluso de calidad.
De esta manera, el libro incluye a un autor de 68 años con varios libros a cuestas a la par de autores veinteañeros aún sin libro publicado, deja afuera a poetas como Marco Antonio Madrid y Juan Ramón Saravia, ambos con recorrido y méritos, y permite, sin mayores reparos, la participación de uno que otro principiante.
Sin embargo, el trabajo de Natarén resulta de gran importancia para las letras hondureñas, según algunos comentarios de la crítica especializada, pues permite vincular el trabajo poético de dos países separados por un océano y establece un diálogo que podría verse ampliado en futuras publicaciones.
El libro fue presentado el 27 de junio en San Pedro Sula y en esta entrevista el ideólogo hondureño del proyecto ofrece algunos detalles sobre el mismo y sobre el panorama de la poesía hondureña con respecto a la de Cuba:
¿Cómo surge la idea de este libro cubano-hondureño?
De la circunstancia del encuentro con mi amigo Rafael Vilches, un escritor de la ciudad cubana de Holguín. Existe en esa ciudad la idea del intercambio de poesía a través de antologías de la colección "Mar por medio", que reúne a escritores de dos ciudades de dos países, no necesariamente las capitales, voluntariamente y con la firme idea de juntar las manifestaciones individuales, divididas apenas por fronteras geográficas.

¿Cuáles serían las principales diferencias entre la poesía cubana y la poesía hondureña, según esta recopilación?
Si acaso hay diferencias en la facultad humana, la encontramos en tantos participantes haya en esta presentación, porque resulta que de cada intervención hay un rasgo característico. Sí puedo decir que existe una identificación de insularidad en los amigos de Holguín, en los que se respira la referencia que sugiere la palabra "Isla"; y de los hondureños se advierte un desahogo de ánimo también diverso. Pero en las dos representaciones hay una posición ante el ejercicio de hacer poesía; creo que de allí se podrán definir otras vitalidades.

¿Cómo es el ambiente literario en la ciudad de Holguín?
Es una actividad que bien merece admiración. Y, todavía más, la participación generosa de las personalidades de su país, pertenecientes o adoptadas por esa ciudad oriental, en esta entrega. Además de otras muestras entre los cubanos, bajo esta colección, existe ya otro intercambio con escritores españoles en "Ciudades bajo un mismo cielo". Eso dice mucho de un pueblo, y de la poesía en este caso.

¿Qué diferencias notás con respecto a Honduras?
Los esfuerzos por publicar tienen mucho parecido entre los países de habla hispana. Pero habría que preguntarse cuánto vale un libro en Honduras y cuánto vale en Cuba, y a qué se debe eso.

¿Qué sigue luego del lanzamiento oficial de este libro? ¿Hay otros proyectos similares?
La ciudad de Holguín, representada por Editorial La Luz, y San Pedro Sula, por Editorial Nagg y Nell, han prestado sus sellos para este intercambio. Eso deja una puerta abierta no sólo para estas dos ciudades sino para toda manifestación y búsqueda de calidad, tanto las que sigue la idea de "Mar por medio" como las individuales.

¿Cómo ves la poesía de la costa norte de Honduras?
Considero que siempre tendrá su expresión a pesar de todo, y va en aumento, que la capital Tegucigalpa tiene su peso y que todas las ciudades tienen sus representantes. El esfuerzo es de todos y la responsabilidad ante la historia es casi siempre individual. Es necesario decir que no todos los poetas caben en una antología debido a las circunstancias, y eso no significa un demérito por ninguno.

domingo, 12 de junio de 2011

Eduardo Bähr: "Sosa entendía a la perfección los vaivenes de la condición humana"


Roberto Sosa, durante su última visita a SPS el año pasado. Foto: Gerardo Torres.
El escritor Eduardo Bähr, uno de los amigos más cercanos del poeta Roberto Sosa, fallecido hace algunas semanas en Tegucigalpa, aceptó responder unas cuantas preguntas de mimalapalabra respecto a esta sentida partida para los hondureños. Desde los primeros años de esa amistad hasta hasta las razones por las que cree que Sosa hizo grande su nombre en H, por ahí van sus respuestas:
¿Cuántos años de amistad con el poeta Sosa?
Conocí por primera vez a Sosa hacia 1965, en compañía del español Andrés Morris, quien era nuestro maestro de Literatura en la vieja Escuela Superior del Profesorado de Tegucigalpa, donde RS hacía intentos por permanecer constantemente. Allí comenzó una amistad sin altibajos.
¿Lo tomó por sorpresa la noticia de su fallecimiento?
Absolutamente… Desde hacía unos tres años habíamos regularizado unas tres o cuatro pláticas por semana –a veces telefónicas- y nos veíamos a menudo. Su contextura cercana a la condición leptosomática, delgado y fuerte, pese a sus ochenta y un años no hacía sospechar mal alguno. La familia me llamó cuando lo llevaban para el hospital… llegué a las tres de la madrugada, quince minutos después de su fallecimiento.
¿Cuáles eran los rasgos que mejor lo definían?
De su seriedad al discurrir en una plática se desprendía siempre un deje huraño. Yo sabía desde hacía tiempo que esa desconfianza era parte de su personalidad, puesto que él entendía a la perfección los vaivenes de la condición humana, su propensión al individualismo y a la traición… En alguna ocasión me contó que cuando llegó desde Yoro hasta Tegucigalpa y mostró por primera vez sus poemas a los consagrados de alguna manera éstos se burlaron… Lo enviaban "a traer cigarrillos a la esquina" mientras le decían que iban a leer sus poemas. Morris fue la primera persona que descubrió al "ángel" oculto en las sombras de sus versos. Fue antológica su manera de manejar la ironía y el sarcasmo risueño entre plática y plática. Podía, perfectamente, descubrir la mediocridad con sólo verla, no digamos leerla… Por eso fue odiado constantemente, sobre todo por los hacedores de versos.
¿Es cierto que era muy bueno para poner apodos?
Al principio creímos que éste era un mecanismo de defensa… Luego supimos que era una arista de la alegría y de su optimismo.
Según su opinión, ¿cuáles son los poemas más memorables del poeta Sosa?
Algunos poemas memorables lo son por el gusto personal que los identifica. En realidad, lo memorable de todos ellos está en la manera sutil de enmarcar la “otredad” metafórica y hacer que esto pareciera normal en la construcción formal. Personalmente me gustaron, entre muchos, Canción para un gato negro, Malignos bailarines sin cabeza, La Casa de la Justicia, Las sales enigmáticas y La hierba cortada por los campesinos…
¿Se sabe en los círculos cercanos del poeta de algún libro que pudiera ser publicado de manera póstuma?
La familia tiene en sus manos varios proyectos que él estaba terminando.
¿Cuáles cree que son los mayores aportes de Roberto Sosa a la literatura hondureña?
Fundamentalmente, el haber logrado con méritos propios y sostenidos el reconocimiento poético universal, sin los expedientes contenidos en el malabarismo criollo: el auto elogio, la utilización de la ignorancia circundante para introducir nombres y autores, el chantaje y la envidia. El haber escogido temas de difícil concreción poética y haberlo logrado: ¿A quién le interesan los pobres como elemento literaturizable? ¿Cómo introducir en el formato de la poesía en verso asuntos políticos e ideológicos sin retratarse con la pancarta? ¿Cómo pasar reclamos populares y multitudinarios hasta el reducido cartel de los intereses individualistas de la sociedad?... Finalmente: el haber logrado una absoluta congruencia entre lo escrito, lo hablado y lo vivido…
¿Por qué un poeta de gran importancia como él nunca vio publicado un libro suyo en la colección Visor de poesía, que reúne a los mejores poetas latinoamericanos?
Estructuralmente Centroamérica encierra en su pequeñez el olvido histórico del continente. Así ha sido también en el ámbito literario. Recuérdese que, después de Darío, Asturias, Dalton y otros pocos a los demás se les construye una escalera empinada para llegar a otras dimensiones; el caso de Sergio Ramírez, por ejemplo. No es por la calidad del autor o autora, es por la cualidad mezquina de los intereses prioritarios: política y economía clasistas.
¿Se organizarán en la Biblioteca Nacional algunas actividades relacionadas con su obra?
Pese a que nuestra magra biblioteca no tiene presupuesto y a que hay que pedir permiso para toda actividad vamos a hacer un homenaje pensado sin prisa y con humildad, para que no se parezca a lo que Julio Escoto reclama en un artículo reciente: “Una vez en el ataúd todo es homenaje y panegírico, exaltación y dolor social: ha partido un grande al que no pudimos ayudar en vida a vivir -y crear- mejor”… Por lo pronto pediremos a las autoridades de la Dirección General del Libro y el Documento que la nuestra sala mayor (exposiciones, presentaciones, cátedras, cine, etc.) lleve su nombre.

sábado, 28 de mayo de 2011

SRolla: "Difusión y estudio de la obra de Sosa deben ser prioritarios"


Sara Rolla y Roberto Sosa.
Probablemente no haya en Honduras nadie que conozca la obra del poeta Roberto Sosa, fallecido la madrugada del lunes en Tegucigalpa, mejor que Sara Rolla. En 2002 la ex catedrática de la Universidad de La Plata, Argentina, y de la carrera de Letras de la UNAH-VS, publicó un libro, con el título Itinerario poético de Roberto Sosa, que contiene nueve ensayos dedicados a distintos aspectos de la obra del poeta. En 2010, una nueva edición de ese libro de la crítica literaria argentina incluyó una selección de poemas del autor de Los pobres y fue presentada ese mismo año en el auditorio de la UNAH-VS, la última ocasión en que Sosa leyó ante un público sampedrano. Algunos días después de la partida del que muchos consideran es el mayor poeta de Honduras, Sara Rolla accedió a responder las siguientes preguntas:
¿Cuándo fue la primera vez que leyó la poesía de Roberto Sosa y cómo fue ese encuentro?
En 1979, cuando empecé a trabajar en el departamento de Letras del CURN (hoy UNAH-VS). En el programa de la asignatura Español estaba incluido el estudio de unos poemas del libro “Los pobres”. Al leerlos, me impactó fuertemente la calidad de fondo y forma de ese libro, que ganó muy merecidamente el Premio “Adonais” de España y recibió elogios de críticos tan destacados como Guillermo Díaz-Plaja.
¿Su primer encuentro personal con él se produjo más o menos en los mismos términos? ¿Hubo la misma empatía?
Conocí personalmente a Sosa en 1981, cuando vino a un acto en la UNAH organizado por la carrera de Letras. Yo había elaborado un breve ensayo sobre el poema “La casa de la justicia”, en el cual destacaba una afinidad esencial con la temática de Kafka (traspuesta, desde luego, de la narrativa a la lírica). Y le entregué, un poco tímidamente, una copia del trabajo en cuestión. Él se mostró muy complacido y me dijo que, en efecto, era un gran admirador de Kafka y, con seguridad, existía alguna conexión entre su texto y la obra de ese autor. Eso me animó a seguir explorando con afán analítico su obra y así se fue conformando la serie de estudios que luego compilé en un libro. En lo personal, me sentía un poco cohibida en su presencia, ya que, como analista, siempre me había limitado a estudiar autores que no conocía personalmente. Pero, con el tiempo, llegué a establecer con él una relación de mucho aprecio y respeto mutuo.
Usted que lo conoció tan de cerca, ¿puede decirnos cuál es el recuerdo más presente de su persona?
Hay un detalle de su biografía que siempre admiré y es el cariño extraordinario que él sintió por su padre, quien está enterrado aquí en San Pedro Sula, cerca de mi casa, en el Cementerio General. Por cierto, es el protagonista de uno de sus más vibrantes poemas. Y el último recuerdo es una conversación telefónica que tuvimos hace pocos días, cuando lo llamé para felicitarlo por el premio “Rafael Alberti” que le otorgaron en Cuba. Estaba muy contento y terminó la plática con una de sus clásicas bromas “conceptistas”, o sea, esos juegos de palabras a los que era tan afecto.
¿Por qué es tan importante la obra de Sosa o al menos por qué lo ha sido para usted?
En el panorama de la poesía hondureña contemporánea, Sosa es una figura ejemplar en muchos sentidos. En su obra se funden armoniosamente el impulso ético y estético. Era muy autoexigente (casi obsesivo) en lo formal. Estaba, además, muy consciente de las nuevas tendencias surgidas entre las generaciones que lo sucedieron, y se dedicó incluso a estudiarlas. Es, creo, uno de los pocos poetas hondureños contemporáneos que han practicado, con mucha calidad, el ensayismo y la crítica (un ejemplo es su libro “Prosa armada”).
Usted dijo en algún momento que “falta todavía un trabajo que apunte a desentrañar las constantes estilísticas y deslindar posibles etapas” en la obra de Sosa. ¿Se propone asumir ese reto?
Dejo ese reto para los jóvenes formados en las aulas de la querida carrera de Letras de la UNAH-VS (y, desde luego, para cualquier otro analista que asuma ese tipo de tareas “con mejor pluma” que esta servidora).
¿Qué le depara el futuro a la obra de Roberto Sosa?
Sosa ya tiene asegurado un lugar muy digno dentro y fuera de las letras de Honduras. Él aspiraba a trascender las fronteras patrias y ya lo ha hecho. En el marco de las políticas educativas y culturales de Honduras, la difusión y el estudio de su obra debe ser una prioridad insoslayable.

  • Perfil Sara Rolla
Nació en 1947 en la ciudad de Bolívar, provincia de Buenos Aires, Argentina. Es profesora en Letras en el grado de Licenciatura por la Universidad Nacional de la Plata, Argentina, 1971. Es miembro, desde 2001, de la Academia Hondureña de la Lengua. Ha desempeñado labores como docente en el área de Letras en la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, de 1971 a 1978 y en 1986; en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en San Pedro Sula, de 1979 a 1985 y de 1987 a 2007. Fue coordinadora de la Carrera de Letras en dicho centro durante tres períodos.

Entrevista también publicada en tiempo.hn.

jueves, 28 de abril de 2011

Un cubo lleno de temas

Philip Roth. ETHAN HILL / GETTY IMAGES
¿Trata siempre los mismos asuntos desde distintos ángulos?
¿Eso piensas tú? Creo que cada uno tiene un cubo lleno de temas, que son tuyos porque excitan tu energía verbal. Vas sacándolos y usándolos. Llegas al final del cubo y no quedan muchos. Esto es lo que les pasa a los escritores mayores. Tienes un número limitado de temas, diez, seis o veinte, y ese es tu número. Yo no sé cuántos tengo, pero supongo que uno vuelve a trabajar sobre algunas ideas. Mi autorreflexión sobre mi trabajo también tiene un límite.
De la entrevista a Philip Roth en Babelia.