"Todo eso sucedió hace seis años y medio. Lo extraño fue que, al cabo de tres meses, me llegó una postal suya, enviada desde algún lugar del Tercer Mundo, con instalaciones turísticas de primera clase (Belize, Honduras, uno de esos países), y su tono era del todo amistoso".
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lunes, 16 de julio de 2012
David Kepesh habla de la H
miércoles, 3 de agosto de 2011
O’Henry en tierras catrachas
Para quienes creían ya olvidada nuestra sección "El discreto encanto de la H", en la que recogemos todas las citas sobre nuestra Honduras que vamos encontrando en los libros y en internet, aquí les va la última. Se trata de un libro que publicará en septiembre el escritor José Ovejero con la editorial Alfaguara. El libro se titula Escritores delincuentes y en él Ovejero comentará el caso de varios escritores que fueron encarcelados. Pero vamos a lo que nos compete: el caso de O’Henry en tierras catrachas, adelantado por Nuria Azancot para El Cultural (y encontrado en el blog Moleskine Literario):
martes, 22 de marzo de 2011
No los salvó ni Houston
Todos sabemos lo de Tamaulipas, así que sólo les dejo a Juan Villoro, que cuenta sobre uno de los 72:
domingo, 28 de febrero de 2010
8 veces H
"En Honduras, el derrocado presidente Manuel Zelaya intentó reformar la ley para optar a otro período de gobierno, pero el golpe de Estado truncó sus aspiraciones".
"La secretaria (de Estado de EE UU, Hillary Clinton) está especialmente molesta por la maniobra propiciada por el secretario general en la Asamblea de la OEA de San Pedro Sula (Honduras), en junio pasado, para reincorporar a Cuba a la organización".
"Y es también lamentable que en esta Cumbre de la Unidad se encuentre ausente el Gobierno de Honduras, cuyo pueblo es víctima del militarismo y no merece castigo, sino auxilio".
"Vale lo mismo el español de Honduras que el de España o el de Argentina".
"Bien vale perder un barco por conocer un puerto"Típico de mi madre. Es bellísimo, poético, nostálgico, no ocupa aclararlo: por la Gran Ilusión vale sacrificar algo o mucho. Otro muy de acá es: "Machete estate en tu vaina". Lo particular es que sólo hay un enunciado a medias, no tiene conclusión verbal. Tampoco la ocupa porque sólo esa oración ya expresa la idea: hay que contenerse, no saltar a la violencia con la primera agresión (mejor que el arma esté quieto en su vaina). También pide no provocar. Cuando alguien está ofendiendo se le dice el refrán, o sea, que haya paz para no pelear, no nos vayamos a las manos.
sábado, 5 de diciembre de 2009
La prensa española sobre la H
Más allá de la coincidencia de que a nuestra selección de fútbol de H le haya tocado el grupo H en el sorteo del Mundial (Nasralla y su séquito deben estar ya haciendo cábalas), a mí, particularmente, me alegra que sea contra España con quien tengamos que vérnoslas. ¿Por qué? Pues porque desde ayer, y hasta que empiece el Mundial, ya no sólo consultaré los diarios y televisión españoles para saber qué hay de nuevo sobre el Golpe, sus golpistas y sus golpeados, sino también para enterarme de cómo ven los españoles a H sobre un campo de fútbol. A partir de ahora la prensa española empieza a recordar el gol de Pecho de Águila Zelaya en el Mundial España 82. Dejo a continuación algunas impresiones, hasta el momento, de algunos diarios, en las que nos consideran "peritas en dulce", "peligrosos", "valientes", "poderosos físicamente pero con problemas de ataque":
lunes, 6 de abril de 2009
Inocentes, curiosos y hasta peligrosos deseos de la gente de H
- Que Óscar Andrés Rodríguez llegue a ser Papa
- Que la Selección de fútbol clasifique al Mundial.
- Que La Fea hondureña gane un Óscar algún día.
- Que Chelato Uclés sea el Presidente de la República.
- Que un familiar de Mata Ballesteros aparezca para pagarnos la Deuda Externa.
- Que nuestro país sea un Estado Libre Asociado de los Estados Unidos.
- Que la oración sea obligatoria en escuelas y colegios.
- Que Polache y Crí Crí Anderson se den en la madre a guitarrazos.
- Que prohíban la píldora del día después.
- Que Salvador Nasralla siga siendo un hombre “visionario” y lleno de clichés, y que además imponga de una vez su moda de los shorts en Semana Santa.
- Que las feministas hagan valer su derecho a feminizar la lengua.
- Que los payasos reguetoneros sigan “poniendo en alto el nombre de H”.
- Que despidan a Mel y ya no quede nadie para joderle la vida a los cabrones.
- Que La Prensa y el Heraldo sean los dos mejores diarios de H (de 4 existentes).
- Que Roberto Quesada gane el premio Nobel de Literatura.
- Que nos pongan una iglesia evangélica en cada esquina.
- Que de entre los enredos del Bloque Popular surja el mesías comunista del futuro.
- Que Carlos Pavón no quiera jubilarse nunca.
- Que el próximo Presidente de la Reputapública cumpla su promesa de la pena de muerte.
- Que el Primitivo Maradiaga vuelva a Guatemala dentro de tres o cuatro años.
- Que Pistael Argeñal sea crucificado y resucite al tercer día.
Si usted, distinguidísimo compatriota, tiene más deseos, déjelos en el espacio destinado a los comentarios, que con gusto los incluiré en la lista. ¡Hagamos patria, no seamos indolentes!
sábado, 21 de marzo de 2009
Otra vez BTraven y los literatos de H
B. Traven. Fuente: la jornada.
EL HOMBRE QUE SUPO MENTIR (Texto introductorio de Javier Marías)
No está de más recordar hoy a Traven. Hoy, cuando no hay secreto ni misterio que aguante más allá de unos meses, cuando nuestras chismosas y ridículas sociedades exigen saberlo todo, hasta lo que no les incumbe y ni siquiera interesa; cuando al hombre teóricamente más poderoso de la tierra no se le consiente mentir en lo que se debe mentir, y ha de confesar por televisión sus pecadillos, y hasta los pocos escritores que han decidido esconderse son asaltados, como Salinger, a la salida del mercado por cámaras rapiñadoras. No está de más recordar a quien logró enmascararse durante toda su vida y los casi treinta años pasados desde su muerte.Es de lo poco seguro: B. Traven murió en ciudad de México el 26 de marzo de 1969, quizá a los ochenta y siete años, y sus cenizas, como había pedido, fueron esparcidas sobre el río Jataté en la selva de Chiapas. Con esa inicial y ese apellido firmó la mayoría de sus libros, de los que se llevan vendidos más de 35 millones de ejemplares en 36 lenguas. El más famoso -aunque gracias al cine- fue El tesoro de Sierra Madre. Se cuenta que era el novelista favorito de Einstein, y su historia, su enigma, su leyenda, no han sido puestos en claro de forma unívoca y definitiva, así que será lo último lo que acabará prevaleciendo. En tres obras relativamente recientes sobre su personalidad y su vida, cada autor llega a muy distintas conclusiones, si bien coinciden los tres en algunos datos, para que se acreciente la intriga. No puedo resumir aquí tantas pesquisas, pistas falsas, contradicciones y desmentidos, esforzadas deducciones y certezas negadas, tanta labor detectivesca. Pero para hacerse una idea de la capacidad esquiva de Traven, basta con enumerar los nombres que utilizó en la ficción o en la realidad: Arnolds, Baker, Hal Croves (con éste se hacía pasar por su propio agente cinematográfico), Traven Torsvan, Traves Torsvan, Berick Traven, Bruno Traven, Traven Torsvan Torsvan, Traven Torsvan Croves, B.T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige, Kraus Martínez, Fred Gaudet, Otto Wienecke, Lainger, Goetz Ohly, Anton Riderscheidt, Robert Bek-Gran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider y Heinrich Otto Becker, que se sepa. Más modesta es la lista de nacionalidades que dijo tener, a menudo con pasaporte: inglesa, americana, sueca, noruega, lituana, alemana y mexicana. No se quedó corto, en cambio, respecto a las profesiones que desempeñó o dijo desempeñar en algún momento: escritor, actor, director teatral, mecánico, ingeniero, librero, fotógrafo, agente teatral, profesor de drama, marino mercante, cocinero, explorador, guía, traductor, marinero, profesor de lenguas, granjero, frutero, tutor, panadero, empresario, soldado, cerrajero, periodista, revolucionario, anarquista bávaro, peón algodonero, científico, guionista, agente literario y psicólogo. Según las diferentes descripciones que de sí mismo hubo de aportar en documentos oficiales, su estatura fue de 1.71, 1.66, 1.65, 1.68 y 1.70. Sus ojos oscilaron tan sólo entre el gris, el azul y el azulgris, pero su pelo fue consignado como castaño, gris, negro, castaño oscuro, castaño claro, rubio, rojizo, blanco y cano. Se dijo que escribía en inglés, en español, en noruego, en sueco y en alemán (al parecer lo hacía en esta última lengua, al menos en primera redacción, aunque siempre negó ser alemán o austríaco). En vista de lo escurridizo que era, le fueron atribuidas las siguientes personalidades, ocultas tras su inicial y apellido públicos: el novelista Jack London, el cuentista Ambrose Bierce (quien, ya viejo, había cruzado la frontera con el México revolucionario y desparecido para siempre en 1913), un millonario americano, un negro fugitivo, Frans Blom, el profesor Frank Tannenbaum, un leproso, el Presidente Adolfo López Mateos, Esperanza López Mateos, August Bibelje, Jacob Torice, el Presidente Elías Calles, un editor alemán, Arthur Breisky, el capitán Bilbo, un grupo de litertatos hondureños (?), un grupo de guionistas izquierdistas de Hollywood, un hijo ilegítimo del Kaiser Guillermo II y el hijo ilegítimo de un albañil polaco.Dejó viuda, y ésta colaboró cuanto pudo con el biógrafo Jonah Raskin durante todo un año, al cabo del cual Raskin no sólo estaba más desorientado que al principio, sino que, facilitado el acceso a las pertinencias de Traven, se vestía con su ropa, se ponía sus gafas y acabó abandonando el proyecto para contar sólo la búsqueda. él cita una frase de Traven que quizá hoy más que nunca nos basta: «La única verdadera defensa del hombre civilizado contra quienes los agobian es mentir». La escribió en 1926, y cuánto debió reír desde entonces.Javier Marías, 1999
lunes, 2 de febrero de 2009
Por fin Borges y la calle Honduras
La calle Honduras de Buenos Aires, Argentina. Fuente: www.flickr.com
“Un día entre los días del año 1904, en una casa que persiste en la calle Honduras, Evaristo Carriego leía con pesar y con avidez un libro de la gesta de Charles de Baatz, señor de Artagnan. Con avidez, porque Dumas le ofrecía lo que a otros ofrecen Shakespeare o Balzac o Walt Whitman, el sabor de la plenitud de la vida; con pesar porque era joven, orgulloso, tímido y pobre, y se creía desterrado de la vida".
SRamírez sobre un fotógrafo de H
Madrid. Me han dicho que en el Círculo de Bellas Artes se exhiben las fotografías de un artista hondureño de renombre, Andrés Serrano, y he ido a ver la exposición que se llama El dedo en la llaga. Las referencias de los vínculos de Serrano con Honduras no las he encontrado por ningún parte, y no he dado con ellas sino después. Nació en Nueva York en 1950, hijo de un marinero de la costa norte de Honduras y de una cubana a la que abandonó. La madre, sometida a crisis mentales, llevó al niño a Honduras, un viaje fracasado en mucho sentidos, pues el hombre tenía otras tres mujeres, y Serrano habría de regresar más tarde solo, otra vez en busca del padre, como si persiguiera un fantasma. He ido primero a ver su serie de La Morgue en un sótano del edificio, aterradoras fotografías de cadáveres que representan un homenaje a la sensualidad de la muerte, cuerpos desnudos que enseñan su belleza congelada, que es a la vez su última fealdad; y luego, he recorrido el piso de la biblioteca donde se exhiben sus retratos de personajes de la cultura pop de los Estados Unidos, desde artistas del vodeville y payasos célebres a miembros encapuchados del Ku Klux Klan, y monjas, frailes, boy scouts. Un formidable artista provocador cuyo Piss Christ, la fotografía de un crucifijo metido en una bolsa de su propia orina escandalizó al establecimiento conservador de los Estados Unidos, tele predicadores y pastores de sectas fundamentalistas, al grado de haber sido amenazado de muerte. Un outsider que registra la vida a través del lente descarnado, como lo haría un retratista de caballete, capaz de pintar santos y monstruos. Éste es el hijo del marinero hondureño, que pone el dedo en la llaga.
miércoles, 21 de enero de 2009
La H y la estatua de Morazán
“…y según Sergio Chejfec, pueden cometerse otros errores más graves, o divertidos: sabía yo, por ejemplo, que la estatua de Francisco Morazán, en la plaza Morazán de Tegucigalpa, era en realidad una estatua del mariscal Ney”.
“…me concentré en un artículo de Eduardo Bahr, en el que rendía homenaje a Tegucigalpa, y que arrancaba con este inventario de la ciudad: dos ríos, doce puentes, seis montañas, dos catedrales, cien minas de oro abandonadas, mil calles, dos avenidas, cincuenta guerras civiles, quince gobiernos de uno a dos meses, un gobierno de dos días, seis dictaduras militares, una tiranía de dieciséis años, dos ciudades gemelas…Respecto a la estatua ecuestre de Francisco Morazán, refiere, unas páginas más adelante, la pelea que tuvo con Gabriel García Márquez, un día en La Habana, a raíz de que el colombiano recogiera y propagara ese viejo rumor, según el cual la comisión de expertos en bellas artes, enviada a París para encargar la estatua de Francisco Morazán –la ocasión no era tan frecuente- entre cenas finas y revistas lijeras, no tardó en dilapidar las lempiras (sic) o las pepitas de plata del gobierno hondureño, conservando lo justo para regresar al país tras la adquisición, a precio de saldo, de una estatua ecuestre del mariscal Ney desechada por la Restauración”.
“Aquella misma noche invité a Roberto Castillo a cenar a una de las cantinas con techo de paja, donde las cenas finas consisten en rodajas de caracoles de mar y de huevos de tortuga. Su mirada se ensombreció de inmediato y recorrió recelosa los rostros de los clientes de las otras mesas, como si acabara de proponerle un golpe de Estado o un atentado”.
Sobre todo este rollo de si la estatua de Morazán es auténtica o no, Miguel Cálix Suazo escribió un libro (publicado en 2005) precisamente con el título kilométrico de Autenticidad de la estatua de Morazán del parque central de Tegucigalpa. Ahí despeja de una buena vez todas las dudas y se despacha también a García Márquez con unas cuantas líneas.“El honor ultrajado tuvo una pronta y categórica respuesta: a la mañana siguiente me encontré en la recepción del hotel, el Lesly´s, otros artículos que aplastaban definitivamente el escorpión de ese rumor (…): la estatua ecuestre era obra del escultor Morice (…). Fue fundida, como lo demuestra un certificado, por la casa Thiébaut Hermanos (…). Y sólo el corte del uniforme pudo generar semejante calumnia.El general Francisco Morazán no era soldado de carrera. Había combatido en tres o cuatro ejércitos de diferentes nacionalidades, cuyos uniformes no estaban claramente catalogados en la historia militar, de modo que el escultor parisino le había endosado lo que la Escuela de bellas artes de París consideraba que podía ser un uniforme de general durante la primera mitad del siglo XIX (…).La mañana siguiente, tras leer los diferentes artículos que Roberto Castillo había mandado dejar para mí en la recepción del hotel, junto con los últimos números de su revista Galathea, (…), decidí que, en previsión de que las vicisitudes de la historia me obligaran algún día a solicitar un pasaporte hondureño, convenía poner fin a la polémica, y en lo que a mí respectaba, la estatua de Francisco Morazán era la de Francisco Morazán”.
martes, 20 de enero de 2009
El ascensor de un hotel en H
Hotel Istmania de Tegucigalpa. Fuente: www.mundoanuncio.com
"Salir del ascensor del hotel Istmania, de nuevo indemne pese a los inquietantes ruidos de poleas, supone cada día un renovado placer".
"Me he llevado el periódico al lóbrego restaurante del hotel Istmania, que tal vez tuviera un toque elegante en los años cuarenta, desmesuradamente grande y alto de techo, gruesos manteles blancos almidonados, cuadriculado en relieve del planchado sobre la tela áspera y acartonada, barra de madera roja, rematada con espejos e hileras de botellas de aguardiente cuya visión me produce mareos esta mañana, de modo que he elegido un lugar que los sustraiga a mi mirada vidriosa".
Patrick Deville y la H
Imagen de la portada de la novela, publicada en 2005 por Seix Barral.
"Llegué a Centroamérica con el proyecto de escribir la vida de William Walker, un aventurero norteamericano del siglo XIX que se embarcó en una expedición bastante catastrófica rumbo a México, que llegó a hacerse elegir presidente de Nicaragua y que acabó fusilado en Honduras. Mientras recorría aquellos lugares siguiendo las huellas de su ejército fantasma, me pareció que, durante los dos últimos siglos, esa región del mundo había sido tan pródiga en héroes, traidores y cobardes como las provincias griegas y latinas de la antigüedad. También allí los hombres soñaron con ser más grandes que sí mismos y a menudo fracasaron. Empecé entonces a registrar las vidas de Simón Bolívar y de Francisco Morazán, de Augusto César Sandino, asesinado por el primer Somoza, o incluso del llamado Che.50, un agente doble enviado para espiar al verdadero Che en Sierra Maestra".
lunes, 22 de diciembre de 2008
Se busca actor porno en H
Calle de El Progreso, lugar de la desaparición de Reinaldo Hermosilla. Fuente: www.panoramio.com
En el cuento "Prefiguración de Lalo Cura", del libro Putas Asesinas de Roberto Bolaño, volvemos a encontrar otra mención a nuestra "magnífica y terrible" H. Esta vez se trata de un actor porno y les dejamos aquí un fragmento del cuento para que vean lo que le sucedió:
Salvaje ménage à trois con H incluida
Fuente: sunwalked.wordpress.com/.../menage-a-trois
Asistamos a este trío, narrado por el poeta real visceralista Juan García Madero, en el que se ve implicado -hasta las heces- el hijo del embajador de H en México, y a las conclusiones de Onán al respecto:
viernes, 19 de diciembre de 2008
Quesada dice que Anderson dice que la H...
Río Patuca. Fuente: blog de Cri Cri
Encuentro en la revista Istmo un ensayo sobre una antología editada por el norteamericano Paul Theroux titulada The Best American Travel Writing 2001. El ensayo se titula “Para tener una revelación, vení a los peores lugares”, título que, si consideramos que esta nota forma parte de nuestra popular sección “El discreto encanto de la H”, ya nos anticipa algo de lo que encontraremos en él. Su autor, Uriel Quesada, no sabemos si estudiante o profesor del McDaniel College de Maryland (si anda por ahí, que nos lo aclare, por favor), centra su trabajo en el primero de los textos incluidos por Theroux en la antología y que lleva por nombre “As Long As We Were Together, Nothing Bad Could Happen to Us”, obra de Scott Anderson, “un periodista norteamericano que ha escrito sobre distintos países y en especial sobre el tema de la guerra”, según nos refiere Quesada. La historia es ésta (en palabras de Quesada, gracias):
“As Long” relata un inesperado recorrido por territorios de La Ceiba, Honduras, cuando Anderson es apenas un muchacho de 16 años de edad. El adolescente ha sido enviado por sus padres para que traiga de vuelta a los EE.UU. a su hermano mayor, Jon, quien supuestamente ha sufrido una herida con machete, y cuya gravedad se ignora. El motivo del viaje se convierte en una parábola del encuentro entre los hermanos –la relación hasta entonces ha sido distante, casi de desconocidos– y de cómo una situación límite permite crear un lazo que perdura por el resto de la vida.
La primera imagen que tiene el lector de La Ceiba se encuentra en una foto que Jon ha enviado a su familia. En el anverso Jon aparece en una playa de “aspecto roñoso” (Anderson, 2001: 3). En el reverso describe las actividades a las que se ha dedicado, entre ellas la recolección de cocos, y de paso menciona el accidente con el machete. El pie no está bien, sino hinchado, quizás con gangrena y hasta es posible que “haya que amputarlo” (Anderson, 2001: 3). Este truco narrativo prepara al lector para que La Ceiba sea un lugar espectacularmente horrible, un sitio primitivo y por ello mismo plagado de peligros. Scott llega a La Ceiba y su primera mención es de un bar, El París. La Ceiba como lugar que se observa está apenas esbozado por algunos rasgos que señalan la ausencia de elementos de confort y modernidad. El Paris, por ejemplo, “es uno de los pocos lugares de La Ceiba con aire acondicionado” (Anderson, 2001: 5). El aeropuerto es “una minúscula terminal” (Ibid). La roña de la playa, el calor, la pequeñez, estos elementos sirven como preámbulo a las grandes conclusiones: “Más allá del sucio vidrio de la ventana”, dice el narrador, “estaba el parque principal de La Ceiba, una desmarañada placita con una estatua oxidada en el centro. Hasta el momento yo no había visto nada en Honduras que pareciera divertido” (Anderson, 2001: 6).
El ascenso por el Patuca, como en narraciones similares, implica un choque entre civilización/ingenuidad y barbarie. Si La Ceiba no era otra cosa que un pésimo lugar, los siguientes poblados a los que llegan los hermanos se encuentran todavía en un estado mayor de fealdad y atraso. Brewers Lagoon, el primero de ellos, está descrito en términos de unos excusados construidos sobre pilotes adonde la gente sube a hacer sus necesidades corporales. Ver a las personas ir y venir es “la mayor fuente de entretenimiento” (Anderson, 2001: 10) para el narrador. Brewers Lagoon es letargo, chavolas infestadas de mosquitos, pantanos y lluvia diaria. Es aburrimiento, que se puede consolar con la lectura de las novelas traídas con el equipaje. La ruta hacia Awas anuncia lo que ese poblado será: un puñado de chozas, indios misquitos –identificados, pero no reconocidos como individuos– y una pequeña tienda donde Jon pretende cambiar sus cheques viajeros. Esto último provoca un comentario del narrador sobre los intentos de su hermano de convencer al dueño del estanco para que reciba los cheques, sin lograr de él más que una mirada de confusión. Los lugares que recorren los hermanos ejemplifican lo que Spurr llama “espacios negativos” (1993: 93). La mirada colonialista destaca ausencias –territorios vacíos, aunque también el vacío incluye las prácticas culturales, políticas y sociales– implícitamente comparando un mundo más civilizado con lo que la narrativa recoge del lugar visitado. Spurr usa ejemplos de varios viajeros, incluyendo Charles Darwin, para señalar cómo los espacios negativos justifican un supuesto derecho del visitante a colonizarlos. Las ausencias permiten la acción del aventurero, la apropiación del espacio e incluso de su gente.
De cómo Bolaño se dejó encantar por la H
Bolaño investigando en las calles de Tegucigalpa. Fuente: El Mercurio, Alfredo Cáceres.
En "El discreto encanto de la H", el relato de Mario Gallardo que hemos venido copiando y pegando aquí para engrosar nuestro archivo sobre la presencia de la H en la literatura mundial, el narrador ofrece algunas pistas que nos ayudarán a comprender por qué Bolaño se dejó seducir. Veamos:
jueves, 18 de diciembre de 2008
Bolaño y la jodida H en 2666
"Muchos años después, cuando su fortuna era más que considerable, Popescu se enamoró de una actriz centroamericana llamada Asunción Reyes, una mujer de una belleza extraordinaria, con la que se casó. La carrera de Asunción Reyes en el cine europeo (tanto en el francés como en el italiano y en el español) fue breve, pero las fiestas que dio y a las que asistió fueron, literalmente, innumerables. Un día Asunción Reyes le pidió que, ya que tenía tanto dinero, hiciera algo por su patria".
"Al principio Popescu creyó que Asunción se refería a Rumanía pero luego se dio cuenta de que hablaba de Honduras. Así que aquel año, por navidades, viajó con su mujer a Tegucigalpa, una ciudad que a Popescu, admirador de lo bizarro y de los contrastes, le pareció dividida en tres grupos o clanes bien diferenciados: los indios y los enfermos, que constituían la mayoría de la población, y los así llamados blancos, en realidad mestizos, que era la minoría que ostentaba el poder".
"Todos gente simpática y degenerada, afectados por el calor y por la dieta alimenticia o por la falta de dieta alimenticia, gente abocada a la pesadilla. Posibilidades de negocio había, de eso se dio cuenta en el acto, pero la naturaleza de los hondureños, incluso de los educados en Harvard, tendía al robo, a ser posible el robo con violencia, por lo que trató de olvidar su idea inicial. Pero Asunción Reyes insistió tanto que en el segundo viaje navideño que realizó se puso en contacto con las autoridades eclesiásticas del país, las únicas en las que confiaba".
"Una vez hecho el contacto y después de hablar con varios obispos y con el arzobispo de Tegucigalpa, Popescu estuvo meditando en qué ramo de la economía invertir el capital. Allí lo único que funcionaba y daba ganancias ya estaba en manos de los norteamericanos. Una tarde, sin embargo, durante una velada con el presidente y con la mujer del presidente, Asunción Reyes tuvo una idea genial. Se le ocurrió, sencillamente, que sería bonito que Tegucigalpa tuviera un metro como el de París. Popescu, que no se arredraba ante nada y que era capaz de ver los beneficios en la idea más peregrina, miró al presidente de Honduras a los ojos y le dijo que él podía construirlo. Todo el mundo se entusiasmó con el proyecto".
"Popescu se puso manos a la obra y ganó dinero. También ganó dinero el presidente y algunos ministros y secretarios. Económicamente tampoco quedó mal parada la Iglesia. Hubo inauguraciones de fábricas de cemento y contratos con empresas francesas y norteamericanas. Hubo algunos muertos y varios desaparecidos. Los prolegómenos duraron más de quince años. Con Asunción Reyes Popescu encontró la felicidad, pero luego la perdió y se divorciaron. Olvidó el metro de Tegucigalpa".
Alan Pauls y la H para Sofía
Otro argentino, Alan Pauls, que fue seducido por el discreto encanto en su excelente novela El pasado, ganadora también del premio Herralde. Esta vez el informante pudo haber sido Horacio Castellanos Moya:
Borges y la H en “El Aleph”
Seguimos con este hondo encantamiento de la H; esta vez le toca el turno a Borges. Y de nuevo aparece Óscar Acosta como informante:
miércoles, 17 de diciembre de 2008
La H, BTraven y Vila-Matas
Fotografía que posiblemente corresponda al escritor B. Traven. Fuente: traven
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