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lunes, 16 de julio de 2012

David Kepesh habla de la H


Portada de la novela de Philip Roth en su edición de Alfaguara.
Hace mucho no dejaba algo aquí relacionado con eso que alguna vez decidimos llamar "El discreto encanto de la H" y que reúne cualquier fragmento de texto encontrado en la literatura que mencione a nuestra pútrida patria. Hace días, un miembro de La Hermandad de la Uva me puso al tanto de otra mención a nuestra singular H en la novela El animal muribundo, de Philip Roth. Cito:
"Todo eso sucedió hace seis años y medio. Lo extraño fue que, al cabo de tres meses, me llegó una postal suya, enviada desde algún lugar del Tercer Mundo, con instalaciones turísticas de primera clase (Belize, Honduras, uno de esos países), y su tono era del todo amistoso".
Quien habla es el narrador de la novela, David Kepesh, un profesor universitario que a sus ochenta años confiesa a alguien la experiencia sentimental que tuvo con una cubana, casi cincuenta años más joven que él, de nombre Consuelo Castillo. En algún momento de su historia juntos, Consuelo huye, hasta que reaparece con una postal enviada "desde algún lugar del Tercer Mundo" que, sin embargo, tiene unas "instalaciones turísticas de primera clase". Kepesh sugiere que podría tratarse de Belice (la Honduras Británica) o de Honduras (nuestra honda Honduras), "uno de esos países", lo que revela el grado de desprecio que estos países tercermundistas puede generar en alguien como Kepesh, un hombre culto y famoso en la historia de la novela de Roth.
En el caso de tratarse de Honduras, ¿qué lugar "con instalaciones turísticas de primera clase" podría ser ese en el que Consuelo Castillo pasó unas cortas vacaciones?

miércoles, 3 de agosto de 2011

O’Henry en tierras catrachas


Para quienes creían ya olvidada nuestra sección "El discreto encanto de la H", en la que recogemos todas las citas sobre nuestra Honduras que vamos encontrando en los libros y en internet, aquí les va la última. Se trata de un libro que publicará en septiembre el escritor José Ovejero con la editorial Alfaguara. El libro se titula Escritores delincuentes y en él Ovejero comentará el caso de varios escritores que fueron encarcelados. Pero vamos a lo que nos compete: el caso de O’Henry en tierras catrachas, adelantado por Nuria Azancot para El Cultural (y encontrado en el blog Moleskine Literario):
A veces los escritores-delincuentes tienen mucho cuento, y se convierten, como en el caso de O’Henry, en maestros del género tras su paso por la prisión. Su verdadero nombre era William Sydney Porter (1862-1910) y simultaneaba su trabajo en el First National Bank con el alcohol, sus escritos en un semanario humorístico llamado The Rolling Stone, y una desdichada vida familiar. Acusado en 1895 de desfalco, no ayudó mucho a sus defensores al huir en julio de 1896 rumbo a Honduras. La noticia de que su mujer estaba agonizando le hizo regresar a Estados Unidos, donde fue juzgado y condenado a cinco años de cárcel, aunque sólo cumplió tres por buena conducta: mientras, escribía los relatos a los que debe su fama.

martes, 22 de marzo de 2011

No los salvó ni Houston


Todos sabemos lo de Tamaulipas, así que sólo les dejo a Juan Villoro, que cuenta sobre uno de los 72:
La justicia suele ser ilegal. Durante veinte años, Víctor Manuel Escobar Pineda trabajó en Estados Unidos. Era contratista para una empresa de Houston y daba empleo a sus paisanos de Honduras. Su madre, su mujer y sus cinco hijos vivían con él. El más pequeño tenía 2, el mayor 15. Vivían bien. Todo era justo, y era ilegal. A veces, Víctor Manuel soñaba con San Pedro Sula, la ciudad plana en la que nació, donde se alza una iglesia de pastelería. Eran sueños calurosos, mitigados por la cercanía del mar. Volvía a ser un cipote, un niño que probaba la langosta que le daba un negro. La sensación de volver era buena, pero al despertar recordaba un cuchillo en una calle de tierra, el trabajo en las maquiladoras, las niñas que corrían descalzas sin tener a dónde ir. Houston eran un sitio seguro. Ahí los peligros quedaban lejos. El Apolo XIII había hablado desde fuera del mundo para decir: “Houston, tenemos un problema”. Las calamidades estaban en el espacio exterior. En mayo de 2010 Víctor Manuel tuvo un lío de papeles. Vivía bien, pero nació en Honduras. Lo justo era ilegal. Fue deportado. De inmediato planeó su regreso. En San Pedro Sula había buena sopa de mondongo, pero en Houston la sopa de mondongo era la sopa que le hacía su madre. Se puso en marcha en agosto. Su tío Cantalicio Barahona Vargas viajó con él. Atravesaron México sin ver otra cosa que el miedo en las miradas de sus acompañantes. Cerca de la frontera fueron detenidos por narcos. Les ofrecieron otro trabajo ilegal. El quería trabajo sin muertes. Un trabajo justo para alguien sin papeles. No aspiraba al lujo de que la justicia también fuera legal. El 23 de agosto, 72 migrantes fueron asesinados. Lo contó el que siempre sobrevive para contarlo. En sus Cuentos de cipotes, Salarrué narra historias de campesinos con voces de niños hondureños. En una de ellas dice: “José Pashaca era un cuerpo tirado en un cuero; el cuero era un cuero tirado en un rancho; el rancho era un rancho tirado en una ladera”. Víctor Manuel Escobar Pineda cerró los ojos tirado en Tamaulipas. Tenía 36 años. Fue sepultado en San Pedro Sula. Sus hijos viajaron al entierro. También su tío murió en la matanza. En la misa de Cantalicio el sacerdote recordó lo que dijo San Pablo: “Somos ciudadanos del cielo”. En Houston, la estación espacial de la NASA protege a los ciudadanos del cielo. Los que construyen las casas no tienen papeles.

Tomado de Radar, Página12

domingo, 28 de febrero de 2010

8 veces H

 
Hijos de H celebrando un gol (clímax de nuestro patriotismo).
Estaba tan insistente la H en la edición sabatina de El País, que decidí inventariar sus apariciones. 

1. Primero fue en un texto titulado "La gran tentación latinoamericana", en el que comentan que en Colombia al presidente Uribe le niegan la opción de un tercer mandato. La H aparece cuando recuerdan el golpe de Estado del pasado 28 de junio:
"En Honduras, el derrocado presidente Manuel Zelaya intentó reformar la ley para optar a otro período de gobierno, pero el golpe de Estado truncó sus aspiraciones".
Hay que ver con qué ligereza dan por descontado que todo lo ocurrido en H a partir de la fecha mencionada anteriormente es consecuencia directa de la propuesta de la Cuarta Urna, una propuesta que daría lugar a una Asamblea Nacional Constituyente, y que una vez instalada ésta, los ahí reunidos habrían de estudiar democráticamente si se reformaba y modernizaba un poco nuestra vetusta Constitución, y que en el hipotético caso de que una de las reformas concediera la opción de la reelección presidencial, Zelaya decidiera volver a ser candidato, y que en el caso de que así lo decidiera, que finalmente el pueblo votara, en su mayoría, por su reelección, como ocurre en todo país verdaderamente democrático y civilizado, pero para qué volver con la misma babosada, ¿verdad?, si ya nuestra H está resurgiendo, ganándose nuevamente el favor del mundo entero, con su carita y su camisita blanca, pura, democrática e independiente...

2. La H apareció de nuevo en la nota titulada "EE UU se resiste a apoyar a Insulsa para liderar la OEA":
"La secretaria (de Estado de EE UU, Hillary Clinton) está especialmente molesta por la maniobra propiciada por el secretario general en la Asamblea de la OEA de San Pedro Sula (Honduras), en junio pasado, para reincorporar a Cuba a la organización".
Es una situación que, "por la enorme importancia que tiene para mi vida", desconozco, pero que me permite observar de nuevo esa simpática costumbre gringa de meterse en todo y con todos porque, claro, todo lo que hagan todos en todas partes del mundo al fin y al cabo tiene algo que ver con ellos, los gringos. Pero no me interesa indagar en los intereses de la señora Clinton, tan sólo consignar aquí, una a una, las apariciones de la H este sábado en El País.

3. Va la tercera: "Que cada palo aguante su vela" es el título del discurso del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, en la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe, en Cancún, México, el pasado 22 de febrero, en donde, entre otras cosas, de esas típicas cosas suyas medio claras medio oscuras, dice:
"Y es también lamentable que en esta Cumbre de la Unidad se encuentre ausente el Gobierno de Honduras, cuyo pueblo es víctima del militarismo y no merece castigo, sino auxilio".
Muchas gracias, señor Arias, pero si su mediación seguirá teniendo el objetivo de caerle bien a todo el mundo mientras bajo bajo planea algo sucio que favorecerá a algunos, mejor ni se meta, que ya le sabemos el juego.

4. "El ciudadano se aleja de sus líderes", es el título de la siguiente nota en donde vuelve a aparecer nuestra querida H. La nota contiene un mapa de los derechos políticos y las libertades civiles, diseñado por Freedom House, un "centro de estudios independiente estadounidense fundado en 1941 que analiza la situación mundial de libertades y democracia", en el que H aparece marcada entre los "países parcialmente libres", de un total de 58 en todo el mundo, a la par de los "países libres" (89) y los "países no libres" (47). Hasta en esto somos "término medio".

5. Otra fugaz mención a la H la encontramos en la nota "El equipo del Mundial", en la que podemos leer la lista casi definitiva de los jugadores que Vicente del Bosque convocó para los próximos partidos amistosos de España antes del Mundial en el que habrá de enfrentarse a la temible selección de H. No se habla mucho de H en esta nota, pero supongo que servirá al menos para que vayamos haciendo cábalas y pensando si es más conveniente que el penal a Casillas lo tire Pavón o Amado Guevara.

6. Ya en Babelia me encuentro un reportaje de Winston Manrique Sabogal sobre el Diccionario de americanismos titulado "Polola, menso, trucho, rumbear...", en el que se cita una frase de Humberto López Morales, el secretario de la Asociación de Academias de la Lengua Española:
"Vale lo mismo el español de Honduras que el de España o el de Argentina".
Es una frase que, si la descubre alguno de los iluminados cerebros de nuestro periodejismo que se la pasan "poniendo en alto el nombre de Honduras", puede hacer correr mucha tinta y saliva, para acabar, probablemente, con la declaración de que ellos (llámense Kilvet Bertrand, Animal de Barro o Reñato Álvarez) son tan buenos periodistas como cualquiera y que escriben y se expresan tan bien como García Márquez, por ejemplo.

7. Una reseña de Caballero Bonald sobre una "antología de la poesía hispanoamericana contemporánea" titulada Cuerpo plural me dejó con curiosidad por saber el nombre del único poeta hondureño incluido. Así que al llegar a casa busqué en Google y descubrí que ese poeta era Fabricio Estrada (por suerte, porque tenía el mal presentimiento de que se trataba de alguno de esos poetas sonámbulos o peripatéticos o simplemente tarados que tanto abundan en nuestra aldea). Felicidades, Fabricio.

8. Y finalmente, en la nota titulada "La vida de los refranes" reúnen a 22 escritores de 22 países para "compartir los refranes preferidos o los que mejor retratan a sus regiones". Así que por H, cómo no, Julio Escoto, que puso esto:
"Bien vale perder un barco por conocer un puerto"
Típico de mi madre. Es bellísimo, poético, nostálgico, no ocupa aclararlo: por la Gran Ilusión vale sacrificar algo o mucho. Otro muy de acá es: "Machete estate en tu vaina". Lo particular es que sólo hay un enunciado a medias, no tiene conclusión verbal. Tampoco la ocupa porque sólo esa oración ya expresa la idea: hay que contenerse, no saltar a la violencia con la primera agresión (mejor que el arma esté quieto en su vaina). También pide no provocar. Cuando alguien está ofendiendo se le dice el refrán, o sea, que haya paz para no pelear, no nos vayamos a las manos.

sábado, 5 de diciembre de 2009

La prensa española sobre la H




Veremos si son capaces de hacer cosquillas.

Más allá de la coincidencia de que a nuestra selección de fútbol de H le haya tocado el grupo H en el sorteo del Mundial (Nasralla y su séquito deben estar ya haciendo cábalas), a mí, particularmente, me alegra que sea contra España con quien tengamos que vérnoslas. ¿Por qué? Pues porque desde ayer, y hasta que empiece el Mundial, ya no sólo consultaré los diarios y televisión españoles para saber qué hay de nuevo sobre el Golpe, sus golpistas y sus golpeados, sino también para enterarme de cómo ven los españoles a H sobre un campo de fútbol. A partir de ahora la prensa española empieza a recordar el gol de Pecho de Águila Zelaya en el Mundial España 82. Dejo a continuación algunas impresiones, hasta el momento, de algunos diarios, en las que nos consideran "peritas en dulce", "peligrosos", "valientes", "poderosos físicamente pero con problemas de ataque":
Podría ser una perita en dulce, ya que Honduras sólo jugó un Mundial, el de España 1982. Podría ser un gafe, ya que le sacó un empate (1-1) a la selección española encumbrando sobre todo a dos futbolistas: el portero Arzu (fichó por el Racing) y el delantero Pecho de Águila Zelaya (fichó por el Deportivo, aunque se rompió en la pretemporada y no jugó ni un solo minuto). Lo que está claro es que el equipo de Honduras, que dirige el colombiano Reinaldo Rueda, tiene algo de adivino: planeaba concentrarse en España o Suiza y jugar un partido amistoso contra Chile. Tres de tres. Visionarios. Cambio de planes.
Honduras se clasificó para el Mundial de Suráfrica gracias a una carambola final en la que encontró la ayuda de Estados Unidos, que empató con Costa Rica el último partido mientras el conjunto de Rueda ganaba a El Salvador. Todo ocurría en plena crisis política del país hondureño por el golpe de Estado que destituyó a Zelaya (otra vez Zelaya) en favor de Micheletti. El partido consumó la gran eclosión social. La única buena noticia en un país sumido en la desesperanza.
En dos años, Rueda ha rastreado todo el futbol hondureño, aunque acabó apostando por las figuras emigrantes, lideradas por La Pantera Suazo, el delantero del Inter que consiguió batir en el Cagliari el récord de goles de Gigi Riva y ser nombrado mejor jugador extranjero de la Serie A en 2006. Como Kaká. Es el líder de una legión extranjera más experta de lo que su origen anuncia, más aguerrida de lo que su jerarquía presupone.

España y Honduras sólo se han enfrentado en una ocasión, pero será difícil que algún español que viviera el Mundial de 1982 lo haya olvidado. La selección anfitriona se las prometía muy felices ante los 'catrachos', que debutaban en una cita de tal importancia. Aquel empate a uno fue el primer traspié de un Mundial en el que todo salió mal.
Desde entonces, Honduras había tratado en balde de clasificarse para otra Copa del Mundo. Esta vez, de la mano del colombiano Reinaldo Rueda, tuvo que esperar a la última fecha para cumplir su sueño. El baldío empate de Costa Rica en Estados Unidos hizo bueno el triunfo de Honduras en El Salvador.
En cuanto al equipo hondureño, no cabe duda de que su jugador referencia es el interista David Suazo, aunque a sus 30 años vive una mala etapa en el Inter, pues no cuenta apenas para Mourinho. Fue en el Cagliari donde Suazo vivió su mejor época. En 2006, Suazo fue elegido, junto a Kaká, mejor jugador extranjero de la Serie A italiana. Todo ello motivó que se lo rifaran varios de los mejores clubes europeos, recalando finalmente en la entidad interista.
Suazo es la punta de lanza de un ataque que completan el veterano Carlos Pavón (que jugó en el Valladolid en 1996), Julio César de León y Carlos Costly. Del resto de jugadores 'catrachos' cabe mencionar a Wilson Palacios, centrocampista titular del Tottenham Hotspur. El club londinense pagó más de 15 millones de euros al Wigan por el hondureño en el pasado mercado invernal.

ABC:
Valiente, sin miedo, Reinaldo Rueda ha logrado un objetivo que se antojaba imposible hace dos años. El entrenador colombiano asumió la responsabilidad de hacer de «los catrachos» un equipo. Una meta harto difícil, pues los jugadores están repartidos por toda Europa. Siempre que pudo se trajo de Italia a su estrella, David Suazo, delantero del Inter, que busca su traspaso en enero para llegar en forma a Suráfrica. León (Torino), Álvarez (Bari), Bernárdez (Anderlecht), Núñez (Cruz Azul mexicano) y Costly (Belchatow, Polonia) también acudieron a defender el once nacional cuando les fue posible.
Las ausencias significaron que Rueda convocara a más de cien futbolistas a lo largo de la fase previa. A pesar de este «handicap», alcanzó su propósito. Su mezcla de jóvenes y veteranos ha sido un éxito.
El veterano Pavón es el complemento de «la Pantera» (Suazo) en el ataque, con Carlos Costly como tercera opción. León es el extremo zurdo de una línea media en la que destaca el poderío de Palacios (Tottenham). Todos ellos, hombres que poseen toque y talento en un once exento de disciplina táctica, dados los cambios constantes. Los hondureños se han marcado un reto: la revancha de aquel 1-1 frente a España en nuestro Mundial 82. El árbitro nos ayudó a empatar.

AS:
Muy poderosa físicamente pero con problemas en ataque con Costly, Pavón o Suazo, que no terminan de funcionar pero en un evidente crecimiento. Muchas cosas se pueden contar de Honduras, pero la más importante es la capacidad física de los defensores y mediocentros. Detalles en una selección con opciones para ser segunda. Figueroa juega de central y no de lateral como en la Premier, y es lo mejor de una defensa que será la clave del equipo.
Poca calidad en la salida de los laterales Sabillón e Izaguirre, y lo mejor la pareja de mediocentros. No juegan un ritmo rápido y el técnico colombiano Reinaldo Rueda aún tiene dudas de quién poner junto a Palacios. Más opciones para el jugador del Wigan Thomas, aunque en los partidos clave Rueda confió en Guevara. Por la derecha Álvarez asoma como un jugador peligroso, pero será difícil que luzca en un torneo en el que los hondureños jugarán muy atrás en busca de contragolpes.

Lo recuerdo muy bien. España-Honduras, en Mestalla. Debut en el Mundial que iba a ser el nuestro, que por algo lo organizábamos y teníamos un buen equipo. El grupo era parecido al que tocó ayer: Honduras, Yugoslavia e Irlanda del Norte. Para pasar primeros con la gorra. Pero sí, sí. A los hondureños no les ganamos: 1-1 y de penalti. A varios de ellos, su aseado fútbol les valió para quedarse: a Arzu, el portero, lo fichó el Racing; el Tenerife, a Maradiaga; el Málaga, a Costly; el Murcia, a Figueroa... Gilberto ya estaba en Pucela. Zelaya, autor del gol, y alguno más la tocaban, pero no perder aquel partido les sorprendió a ellos tanto como a nosotros.
Dijo Camacho ayer. "No nos encontramos bien nunca en ese partido". Ni en todo el torneo. Aquel 1-1 fue el principio del fin de un Mundial horrible para España, seguramente el peor de un anfitrión. 28 años después volvemos a toparnos con Honduras. Pero no para una revancha; las cagadas (perdón) y aquella lo fue, se asumen, no se vengan.

lunes, 6 de abril de 2009

Inocentes, curiosos y hasta peligrosos deseos de la gente de H

  1. Que Óscar Andrés Rodríguez llegue a ser Papa
  2. Que la Selección de fútbol clasifique al Mundial.
  3. Que La Fea hondureña gane un Óscar algún día.
  4. Que Chelato Uclés sea el Presidente de la República.
  5. Que un familiar de Mata Ballesteros aparezca para pagarnos la Deuda Externa.
  6. Que nuestro país sea un Estado Libre Asociado de los Estados Unidos.
  7. Que la oración sea obligatoria en escuelas y colegios.
  8. Que Polache y Crí Crí Anderson se den en la madre a guitarrazos.
  9. Que prohíban la píldora del día después.
  10. Que Salvador Nasralla siga siendo un hombre “visionario” y lleno de clichés, y que además imponga de una vez su moda de los shorts en Semana Santa.
  11. Que las feministas hagan valer su derecho a feminizar la lengua.
  12. Que los payasos reguetoneros sigan “poniendo en alto el nombre de H”.
  13. Que despidan a Mel y ya no quede nadie para joderle la vida a los cabrones.
  14. Que La Prensa y el Heraldo sean los dos mejores diarios de H (de 4 existentes).
  15. Que Roberto Quesada gane el premio Nobel de Literatura.
  16. Que nos pongan una iglesia evangélica en cada esquina.
  17. Que de entre los enredos del Bloque Popular surja el mesías comunista del futuro.
  18. Que Carlos Pavón no quiera jubilarse nunca.
  19. Que el próximo Presidente de la Reputapública cumpla su promesa de la pena de muerte.
  20. Que el Primitivo Maradiaga vuelva a Guatemala dentro de tres o cuatro años.
  21. Que Pistael Argeñal sea crucificado y resucite al tercer día.
Si usted, distinguidísimo compatriota, tiene más deseos, déjelos en el espacio destinado a los comentarios, que con gusto los incluiré en la lista. ¡Hagamos patria, no seamos indolentes!

sábado, 21 de marzo de 2009

Otra vez BTraven y los literatos de H

B. Traven. Fuente: la jornada.
Probablemente Javier Marías obtuvo el dato del libro de Vila-Matas (aunque, ahora que lo pienso, Bartleby y compañía apareció el año 2000, mientras que lo escrito por JMarías es de 1999, así que pudo ser Vila-Matas quien tomara el dato de JMarías), pero el rollo es que otra vez se dice, entre otras -muchas- versiones, que el misterioso escritor conocido como B. Traven era la máscara tras la que se ocultaban un grupo de escritores hondureños. En una nota titulada La H, BTraven y Vila-Matas apuntamos una vez el dato en este blog. Hoy, seguimos la pista de B. Traven a través del texto introductorio de Javier Marías a su novela El barco de la muerte, que aparecerá este mes en español. Dice el texto de JMarías publicado hoy por El Cultural del diario El Mundo (Nótese que en lugar de "literatos hondureños" dice "litertatos hondureños"):
EL HOMBRE QUE SUPO MENTIR (Texto introductorio de Javier Marías)
No está de más recordar hoy a Traven. Hoy, cuando no hay secreto ni misterio que aguante más allá de unos meses, cuando nuestras chismosas y ridículas sociedades exigen saberlo todo, hasta lo que no les incumbe y ni siquiera interesa; cuando al hombre teóricamente más poderoso de la tierra no se le consiente mentir en lo que se debe mentir, y ha de confesar por televisión sus pecadillos, y hasta los pocos escritores que han decidido esconderse son asaltados, como Salinger, a la salida del mercado por cámaras rapiñadoras. No está de más recordar a quien logró enmascararse durante toda su vida y los casi treinta años pasados desde su muerte.
Es de lo poco seguro: B. Traven murió en ciudad de México el 26 de marzo de 1969, quizá a los ochenta y siete años, y sus cenizas, como había pedido, fueron esparcidas sobre el río Jataté en la selva de Chiapas. Con esa inicial y ese apellido firmó la mayoría de sus libros, de los que se llevan vendidos más de 35 millones de ejemplares en 36 lenguas. El más famoso -aunque gracias al cine- fue El tesoro de Sierra Madre. Se cuenta que era el novelista favorito de Einstein, y su historia, su enigma, su leyenda, no han sido puestos en claro de forma unívoca y definitiva, así que será lo último lo que acabará prevaleciendo. En tres obras relativamente recientes sobre su personalidad y su vida, cada autor llega a muy distintas conclusiones, si bien coinciden los tres en algunos datos, para que se acreciente la intriga. No puedo resumir aquí tantas pesquisas, pistas falsas, contradicciones y desmentidos, esforzadas deducciones y certezas negadas, tanta labor detectivesca. Pero para hacerse una idea de la capacidad esquiva de Traven, basta con enumerar los nombres que utilizó en la ficción o en la realidad: Arnolds, Baker, Hal Croves (con éste se hacía pasar por su propio agente cinematográfico), Traven Torsvan, Traves Torsvan, Berick Traven, Bruno Traven, Traven Torsvan Torsvan, Traven Torsvan Croves, B.T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige, Kraus Martínez, Fred Gaudet, Otto Wienecke, Lainger, Goetz Ohly, Anton Riderscheidt, Robert Bek-Gran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider y Heinrich Otto Becker, que se sepa. Más modesta es la lista de nacionalidades que dijo tener, a menudo con pasaporte: inglesa, americana, sueca, noruega, lituana, alemana y mexicana. No se quedó corto, en cambio, respecto a las profesiones que desempeñó o dijo desempeñar en algún momento: escritor, actor, director teatral, mecánico, ingeniero, librero, fotógrafo, agente teatral, profesor de drama, marino mercante, cocinero, explorador, guía, traductor, marinero, profesor de lenguas, granjero, frutero, tutor, panadero, empresario, soldado, cerrajero, periodista, revolucionario, anarquista bávaro, peón algodonero, científico, guionista, agente literario y psicólogo. Según las diferentes descripciones que de sí mismo hubo de aportar en documentos oficiales, su estatura fue de 1.71, 1.66, 1.65, 1.68 y 1.70. Sus ojos oscilaron tan sólo entre el gris, el azul y el azulgris, pero su pelo fue consignado como castaño, gris, negro, castaño oscuro, castaño claro, rubio, rojizo, blanco y cano. Se dijo que escribía en inglés, en español, en noruego, en sueco y en alemán (al parecer lo hacía en esta última lengua, al menos en primera redacción, aunque siempre negó ser alemán o austríaco). En vista de lo escurridizo que era, le fueron atribuidas las siguientes personalidades, ocultas tras su inicial y apellido públicos: el novelista Jack London, el cuentista Ambrose Bierce (quien, ya viejo, había cruzado la frontera con el México revolucionario y desparecido para siempre en 1913), un millonario americano, un negro fugitivo, Frans Blom, el profesor Frank Tannenbaum, un leproso, el Presidente Adolfo López Mateos, Esperanza López Mateos, August Bibelje, Jacob Torice, el Presidente Elías Calles, un editor alemán, Arthur Breisky, el capitán Bilbo, un grupo de litertatos hondureños (?), un grupo de guionistas izquierdistas de Hollywood, un hijo ilegítimo del Kaiser Guillermo II y el hijo ilegítimo de un albañil polaco.
Dejó viuda, y ésta colaboró cuanto pudo con el biógrafo Jonah Raskin durante todo un año, al cabo del cual Raskin no sólo estaba más desorientado que al principio, sino que, facilitado el acceso a las pertinencias de Traven, se vestía con su ropa, se ponía sus gafas y acabó abandonando el proyecto para contar sólo la búsqueda. él cita una frase de Traven que quizá hoy más que nunca nos basta: «La única verdadera defensa del hombre civilizado contra quienes los agobian es mentir». La escribió en 1926, y cuánto debió reír desde entonces.
Javier Marías, 1999

lunes, 2 de febrero de 2009

Por fin Borges y la calle Honduras

La calle Honduras de Buenos Aires, Argentina. Fuente: www.flickr.com
Hace un par de meses publicamos aquí un fragmento del relato de Mario Gallardo titulado "El discreto encanto de la H" (que da nombre a esta sección), en donde el narrador habla de la tentación de Borges de ubicar su aleph en la calle Honduras de Buenos Aires, cosa que finalmente no ocurrió (más información aquí: Borges y la H en “El Aleph”). Pero hubo una vez en la que Borges sí pudo sustraerse de la influencia de su madre y hacer de la calle Honduras una más de las rutas de su literatura. El dato lo encontramos en el libro Evaristo Carriego y el texto es el siguiente:
“Un día entre los días del año 1904, en una casa que persiste en la calle Honduras, Evaristo Carriego leía con pesar y con avidez un libro de la gesta de Charles de Baatz, señor de Artagnan. Con avidez, porque Dumas le ofrecía lo que a otros ofrecen Shakespeare o Balzac o Walt Whitman, el sabor de la plenitud de la vida; con pesar porque era joven, orgulloso, tímido y pobre, y se creía desterrado de la vida".
Así que, como vemos, Jorge Luis Borges finalmente no pudo resistirse al discreto encanto de nuestra puta H.

SRamírez sobre un fotógrafo de H

El fotógrafo Andres Serrano. Fuente: Bernardo Pérez. El País.
Encuentro por casualidad un texto de Sergio Ramírez, publicado el 25 de junio de 2007 en su blog de El Boomerang, en el que nos habla de un fotógrafo hondureño cuyas fotografías, entre las que destaca una de un crucifico en una bolsa de orina, "ponen el dedo en la llaga". Aquí les va el texto:
Madrid. Me han dicho que en el Círculo de Bellas Artes se exhiben las fotografías de un artista hondureño de renombre, Andrés Serrano, y he ido a ver la exposición que se llama El dedo en la llaga. Las referencias de los vínculos de Serrano con Honduras no las he encontrado por ningún parte, y no he dado con ellas sino después. Nació en Nueva York en 1950, hijo de un marinero de la costa norte de Honduras y de una cubana a la que abandonó. La madre, sometida a crisis mentales, llevó al niño a Honduras, un viaje fracasado en mucho sentidos, pues el hombre tenía otras tres mujeres, y Serrano habría de regresar más tarde solo, otra vez en busca del padre, como si persiguiera un fantasma. He ido primero a ver su serie de La Morgue en un sótano del edificio, aterradoras fotografías de cadáveres que representan un homenaje a la sensualidad de la muerte, cuerpos desnudos que enseñan su belleza congelada, que es a la vez su última fealdad; y luego, he recorrido el piso de la biblioteca donde se exhiben sus retratos de personajes de la cultura pop de los Estados Unidos, desde artistas del vodeville y payasos célebres a miembros encapuchados del Ku Klux Klan, y monjas, frailes, boy scouts. Un formidable artista provocador cuyo Piss Christ, la fotografía de un crucifijo metido en una bolsa de su propia orina escandalizó al establecimiento conservador de los Estados Unidos, tele predicadores y pastores de sectas fundamentalistas, al grado de haber sido amenazado de muerte. Un outsider que registra la vida a través del lente descarnado, como lo haría un retratista de caballete, capaz de pintar santos y monstruos. Éste es el hijo del marinero hondureño, que pone el dedo en la llaga.
Me llama la atención lo que Ramírez nos cuenta de este fotógrafo y me voy a buscarlo a Google. Lo primero que encuentro es una entrevista en El País, con el título "Mi fotografía es religiosa y blasfema a la vez". La entrevista abre con esta frase: "No conozco al señor Andres Serrano y espero no hacerlo nunca. Porque no es un artista; es un gilipollas". Fue pronunciada en 1989 por el senador estadounidense republicano Jesse Helms después de haber observado una foto de Serrano, la conocida con el nombre de Piss Christ (El Cristo de la orina).
Esperemos que los buscahéroes de La Prensa no se emocionen demasiado cuando se enteren de que este hombre tiene la mitad de la sangre catracha. Todavía no sabemos siquiera si conserva en su memoria alguna visión de infancia en nuestra querida H. Sólo sabemos que su tata era marinero, nacido en H y que los abandonó a él y a su nana para disfrutar en H de sus otras tres mujeres. ¡Vaya cabrón el marinero!

miércoles, 21 de enero de 2009

La H y la estatua de Morazán

Veamos cómo resuelve Patrick Deville el famoso asunto de la estatua ecuestre de Morazán en el parque de Tegucigalpa:
“…y según Sergio Chejfec, pueden cometerse otros errores más graves, o divertidos: sabía yo, por ejemplo, que la estatua de Francisco Morazán, en la plaza Morazán de Tegucigalpa, era en realidad una estatua del mariscal Ney”.
Y aquí entra otro personaje sorpresa, en un duelo habanero épico con García Márquez:
“…me concentré en un artículo de Eduardo Bahr, en el que rendía homenaje a Tegucigalpa, y que arrancaba con este inventario de la ciudad: dos ríos, doce puentes, seis montañas, dos catedrales, cien minas de oro abandonadas, mil calles, dos avenidas, cincuenta guerras civiles, quince gobiernos de uno a dos meses, un gobierno de dos días, seis dictaduras militares, una tiranía de dieciséis años, dos ciudades gemelas…
Respecto a la estatua ecuestre de Francisco Morazán, refiere, unas páginas más adelante, la pelea que tuvo con Gabriel García Márquez, un día en La Habana, a raíz de que el colombiano recogiera y propagara ese viejo rumor, según el cual la comisión de expertos en bellas artes, enviada a París para encargar la estatua de Francisco Morazán –la ocasión no era tan frecuente- entre cenas finas y revistas lijeras, no tardó en dilapidar las lempiras (sic) o las pepitas de plata del gobierno hondureño, conservando lo justo para regresar al país tras la adquisición, a precio de saldo, de una estatua ecuestre del mariscal Ney desechada por la Restauración”.
“Aquella misma noche invité a Roberto Castillo a cenar a una de las cantinas con techo de paja, donde las cenas finas consisten en rodajas de caracoles de mar y de huevos de tortuga. Su mirada se ensombreció de inmediato y recorrió recelosa los rostros de los clientes de las otras mesas, como si acabara de proponerle un golpe de Estado o un atentado”.
“El honor ultrajado tuvo una pronta y categórica respuesta: a la mañana siguiente me encontré en la recepción del hotel, el Lesly´s, otros artículos que aplastaban definitivamente el escorpión de ese rumor (…): la estatua ecuestre era obra del escultor Morice (…). Fue fundida, como lo demuestra un certificado, por la casa Thiébaut Hermanos (…). Y sólo el corte del uniforme pudo generar semejante calumnia.
El general Francisco Morazán no era soldado de carrera. Había combatido en tres o cuatro ejércitos de diferentes nacionalidades, cuyos uniformes no estaban claramente catalogados en la historia militar, de modo que el escultor parisino le había endosado lo que la Escuela de bellas artes de París consideraba que podía ser un uniforme de general durante la primera mitad del siglo XIX (…).
La mañana siguiente, tras leer los diferentes artículos que Roberto Castillo había mandado dejar para mí en la recepción del hotel, junto con los últimos números de su revista Galathea, (…), decidí que, en previsión de que las vicisitudes de la historia me obligaran algún día a solicitar un pasaporte hondureño, convenía poner fin a la polémica, y en lo que a mí respectaba, la estatua de Francisco Morazán era la de Francisco Morazán”.
Sobre todo este rollo de si la estatua de Morazán es auténtica o no, Miguel Cálix Suazo escribió un libro (publicado en 2005) precisamente con el título kilométrico de Autenticidad de la estatua de Morazán del parque central de Tegucigalpa. Ahí despeja de una buena vez todas las dudas y se despacha también a García Márquez con unas cuantas líneas.
Patrick Deville. Pura vida.

martes, 20 de enero de 2009

El ascensor de un hotel en H

Hotel Istmania de Tegucigalpa. Fuente: www.mundoanuncio.com

"Salir del ascensor del hotel Istmania, de nuevo indemne pese a los inquietantes ruidos de poleas, supone cada día un renovado placer".

La frase anterior es de Patrick Deville, de su novela Pura vida, y me hace pensar en esa manera, plenamente justificada, de ver a H que tienen los extranjeros. Todo el que llega a H lo hace con prejuicios y con un dossier mental lleno de historias de crímenes, de violencia, de miseria, de ignorancia. Todo el que pone por primera vez un pie en H se siente como PDeville al salir de ese ascensor del hotel capitalino: como un sobreviviente tras cada paso, porque sabe (presiente) que en cualquier momento alguien lo puede asaltar, extorsionar, engañar y hasta matar, o que, independientemente del pronóstico del tiempo, un huracán lo puede agarrar desprevenido en la calle. Pero sigue Deville:
"Me he llevado el periódico al lóbrego restaurante del hotel Istmania, que tal vez tuviera un toque elegante en los años cuarenta, desmesuradamente grande y alto de techo, gruesos manteles blancos almidonados, cuadriculado en relieve del planchado sobre la tela áspera y acartonada, barra de madera roja, rematada con espejos e hileras de botellas de aguardiente cuya visión me produce mareos esta mañana, de modo que he elegido un lugar que los sustraiga a mi mirada vidriosa".
Un francés en Macondo, pues, más o menos así.

Patrick Deville y la H

Imagen de la portada de la novela, publicada en 2005 por Seix Barral.

"Llegué a Centroamérica con el proyecto de escribir la vida de William Walker, un aventurero norteamericano del siglo XIX que se embarcó en una expedición bastante catastrófica rumbo a México, que llegó a hacerse elegir presidente de Nicaragua y que acabó fusilado en Honduras. Mientras recorría aquellos lugares siguiendo las huellas de su ejército fantasma, me pareció que, durante los dos últimos siglos, esa región del mundo había sido tan pródiga en héroes, traidores y cobardes como las provincias griegas y latinas de la antigüedad. También allí los hombres soñaron con ser más grandes que sí mismos y a menudo fracasaron. Empecé entonces a registrar las vidas de Simón Bolívar y de Francisco Morazán, de Augusto César Sandino, asesinado por el primer Somoza, o incluso del llamado Che.50, un agente doble enviado para espiar al verdadero Che en Sierra Maestra".

Es lo que dice el francés Patrick Deville sobre lo que acabó siendo su novela Pura vida, ambientada esencialmente en Nicaragua y Honduras. Con textos de esta deliciosa novela (que en lo sucesivo saquearemos impunemente) retomamos el hilo de la H, que ha pasado por las manos de autores tan disímiles como Sada, Bolaño, Borges o Pauls, para irnos con él por ese inmenso laberinto de la literatura universal en donde muchos han sucumbido a su discreto encanto.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Se busca actor porno en H

Calle de El Progreso, lugar de la desaparición de Reinaldo Hermosilla. Fuente: www.panoramio.com

En el cuento "Prefiguración de Lalo Cura", del libro Putas Asesinas de Roberto Bolaño, volvemos a encontrar otra mención a nuestra "magnífica y terrible" H. Esta vez se trata de un actor porno y les dejamos aquí un fragmento del cuento para que vean lo que le sucedió:

El Pajarito Gómez, un caso paradigmático en el porno de los ochenta. Ni la tenía grande, ni era culturista, ni gustaba a los consumidores potenciales de esa clase de películas. Se parecía a Walter Abel. Un aficionado que Bittrich sacó del arroyo para ponerlo delante de una cámara: el resto era tan natural que parecía mentira. El Pajarito vibraba, vibraba y de repente, dependiendo de la resistencia del espectador, éste quedaba atravesado por la energía de aquel trocito de hombre de apariencia tan endeble. Tan poquita cosa, tan mal alimentado. Tan extrañamente victorioso. El actor porno por excelencia del ciclo de películas colombianas de Bittrich. El que mejor daba la talla de muerto y el que mejor daba la talla de ausente.
También fue el único que sobrevivió del elenco del alemán: en 1999 sólo quedaba con vida el Pajarito Gómez, los demás habían sido asesinados o se los había llevado por delante la enfermedad. Sansón Fernández, muerto de sida. Praxíteles Barrionuevo, muerto en el Hoyo de Bogotá. Ernesto San Román, muerto a navajazos en la sauna Arearea de Medellín. Alvarito Fuentes, muerto de sida en la prisión de Cartago.
Todos jóvenes y con la picha superior. Frank Moreno, muerto a balazos en Panamá. Óscar Guillermo Montes, muerto a balazos en Puerto Berrío. David Salazar, llamado el Oso Hormiguero, muerto a balazos en Palmira. Caídos en ajustes de cuentas o en reyertas fortuitas. Evelio Latapia, colgado en un cuarto de hotel en Popayán. Carlos José Santelices, apuñalado por desconocidos en un callejón de Maracaibo. Reinaldo Hermosilla, desaparecido en El Progreso, Honduras. Dionisio Aurelio Pérez, muerto a balazos en una pulquería de México, Distrito Federal. Maximiliano Moret, ahogado en el río Marañen.

Salvaje ménage à trois con H incluida

Fuente: sunwalked.wordpress.com/.../menage-a-trois

Asistamos a este trío, narrado por el poeta real visceralista Juan García Madero, en el que se ve implicado -hasta las heces- el hijo del embajador de H en México, y a las conclusiones de Onán al respecto:

Y ya que unas líneas atrás mencionamos al recordado Roberto Bolaño, justo es reconocerle la elegancia con que se dejaba seducir por el discreto encanto y la manera sutil y ligera con que desgranaba gentilicios a lo largo de las páginas de sus novelas más conocidas. Como en la página 57 de Los detectives salvajes, donde debemos rastrear el antecedente para no perderno s el sentido de la composición o, mejor dicho, del ménage à trois que representan Ernesto San Epifanio, el muchacho rubio (a quien luego conoceremos como Billy) y su hermana mayor: “Aproximadamente por la foto número veinte el muchacho rubio comenzaba a vestirse con la ropa de su hermana...a partir de la treinta o treintaicinco San Epifanio también se desnudaba... Las fotos siguientes mostraban a San Epifanio besando el cuello del adolescente rubio, sus labios, sus ojos, su espalda, su verga a media asta, su verga enhiesta (una verga, por lo demás, notable en un muchacho de apariencia tan delicada), bajo la siempre atenta mirada de su hermana...Tal y como temía las siguientes fotos mostraban al lector de Brian Patten enculando al adolescente rubio... El rostro del muchacho enculado se retorcía en una mueca que presumí de placer y de dolor mezclados”. Quizás la extensión y naturaleza de la cita anterior molesten a más de algún silvestre narrador vernáculo, pero era imprescindible para que comprendiéramos más cabalmente la siguiente afirmación, que cae como un bloque de mármol sobre nuestra lectura: “Es el hijo del embajador de Honduras -dijo San Epifanio lanzándome una mirada funesta- Pero no se lo digas a nadie -añadió después, arrepentido de haberme confesado su secreto.”
Y páginas más adelante, exactamente en la 59, un aire de misterio complementa la revelación: “Así que el hijo del embajador de Honduras se llamaba Billy; muy apropiado, pensé”. No pueden ser más inescrutables las razones que tiene Juan García Madero –el poeta real visceralista cuya voz narrativa predomina en esta parte de la novela titulada “Mexicanos perdidos en México (1975)”- para afirmar que resulta “muy apropiado” que el hijo del embajador de Honduras, maricón para más señas y amante de otro poeta real visceralista, Antonio San Epifanio, se llame Billy. No obstante, G. Domínguez -anodino gacetillero que formó parte durante varios años de la sala de redacción de un diario nacional- me aseguró que no era más que una evidente alusión a cierto columnista de gustos sodomitas, quien medró en las páginas sociales de ese periódico durante la década perdida. Domínguez también me contó que dicho personaje era “el consentido” del jefe de redacción, un dipsómano empedernido de sonrisa perpetua sobre la faz inexpresiva, a quien el columnista aberrado y Sarah Dobles -su amiga del alma y conocida rufiana, que labró su fortuna “consiguiendo carne fresca de concurso de belleza” (sic) para los jefes militares de la década perdida- convidaban cada fin de semana a francachelas inacabables en su casa de playa, herencia que la compañía bananera había dejado al padre del sodomita, a quien se consideraba, además de obediente lamesuelas de los jerarcas de Cincinnati, coautor de la nefasta “Carta Rolston”. Según Domínguez, el columnista aberrado había vivido en México durante la época en que Bolaño ambienta su novela y quizás pudo servir de modelo para el “Billy” de San Epifanio, ya que de manera consuetudinaria desgranaba en sus “escritos” melancólicos recuerdos de su paso por “la región más transparente del aire”. Quizás los investigadores literarios del próximo siglo logren aclarar éste y otros misterios que concita la narrativa de Roberto Bolaño.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Quesada dice que Anderson dice que la H...

Río Patuca. Fuente: blog de Cri Cri

Encuentro en la revista Istmo un ensayo sobre una antología editada por el norteamericano Paul Theroux titulada The Best American Travel Writing 2001. El ensayo se titula “Para tener una revelación, vení a los peores lugares”, título que, si consideramos que esta nota forma parte de nuestra popular sección “El discreto encanto de la H”, ya nos anticipa algo de lo que encontraremos en él. Su autor, Uriel Quesada, no sabemos si estudiante o profesor del McDaniel College de Maryland (si anda por ahí, que nos lo aclare, por favor), centra su trabajo en el primero de los textos incluidos por Theroux en la antología y que lleva por nombre “As Long As We Were Together, Nothing Bad Could Happen to Us”, obra de Scott Anderson, “un periodista norteamericano que ha escrito sobre distintos países y en especial sobre el tema de la guerra”, según nos refiere Quesada. La historia es ésta (en palabras de Quesada, gracias):

“As Long” relata un inesperado recorrido por territorios de La Ceiba, Honduras, cuando Anderson es apenas un muchacho de 16 años de edad. El adolescente ha sido enviado por sus padres para que traiga de vuelta a los EE.UU. a su hermano mayor, Jon, quien supuestamente ha sufrido una herida con machete, y cuya gravedad se ignora. El motivo del viaje se convierte en una parábola del encuentro entre los hermanos –la relación hasta entonces ha sido distante, casi de desconocidos– y de cómo una situación límite permite crear un lazo que perdura por el resto de la vida.
Del ensayo de Quesada tomo este par de parrafitos en donde nuestra querida, entrañable reputapública de H, otra vez, nos es pintada feamente por Anderson, o sea, tal cual es (no en todo y no siempre, hay que aclararlo). Veamos entonces:
La primera imagen que tiene el lector de La Ceiba se encuentra en una foto que Jon ha enviado a su familia. En el anverso Jon aparece en una playa de “aspecto roñoso” (Anderson, 2001: 3). En el reverso describe las actividades a las que se ha dedicado, entre ellas la recolección de cocos, y de paso menciona el accidente con el machete. El pie no está bien, sino hinchado, quizás con gangrena y hasta es posible que “haya que amputarlo” (Anderson, 2001: 3). Este truco narrativo prepara al lector para que La Ceiba sea un lugar espectacularmente horrible, un sitio primitivo y por ello mismo plagado de peligros. Scott llega a La Ceiba y su primera mención es de un bar, El París. La Ceiba como lugar que se observa está apenas esbozado por algunos rasgos que señalan la ausencia de elementos de confort y modernidad. El Paris, por ejemplo, “es uno de los pocos lugares de La Ceiba con aire acondicionado” (Anderson, 2001: 5). El aeropuerto es “una minúscula terminal” (Ibid). La roña de la playa, el calor, la pequeñez, estos elementos sirven como preámbulo a las grandes conclusiones: “Más allá del sucio vidrio de la ventana”, dice el narrador, “estaba el parque principal de La Ceiba, una desmarañada placita con una estatua oxidada en el centro. Hasta el momento yo no había visto nada en Honduras que pareciera divertido” (Anderson, 2001: 6).

El ascenso por el Patuca, como en narraciones similares, implica un choque entre civilización/ingenuidad y barbarie. Si La Ceiba no era otra cosa que un pésimo lugar, los siguientes poblados a los que llegan los hermanos se encuentran todavía en un estado mayor de fealdad y atraso. Brewers Lagoon, el primero de ellos, está descrito en términos de unos excusados construidos sobre pilotes adonde la gente sube a hacer sus necesidades corporales. Ver a las personas ir y venir es “la mayor fuente de entretenimiento” (Anderson, 2001: 10) para el narrador. Brewers Lagoon es letargo, chavolas infestadas de mosquitos, pantanos y lluvia diaria. Es aburrimiento, que se puede consolar con la lectura de las novelas traídas con el equipaje. La ruta hacia Awas anuncia lo que ese poblado será: un puñado de chozas, indios misquitos –identificados, pero no reconocidos como individuos– y una pequeña tienda donde Jon pretende cambiar sus cheques viajeros. Esto último provoca un comentario del narrador sobre los intentos de su hermano de convencer al dueño del estanco para que reciba los cheques, sin lograr de él más que una mirada de confusión. Los lugares que recorren los hermanos ejemplifican lo que Spurr llama “espacios negativos” (1993: 93). La mirada colonialista destaca ausencias –territorios vacíos, aunque también el vacío incluye las prácticas culturales, políticas y sociales– implícitamente comparando un mundo más civilizado con lo que la narrativa recoge del lugar visitado. Spurr usa ejemplos de varios viajeros, incluyendo Charles Darwin, para señalar cómo los espacios negativos justifican un supuesto derecho del visitante a colonizarlos. Las ausencias permiten la acción del aventurero, la apropiación del espacio e incluso de su gente.

De cómo Bolaño se dejó encantar por la H

Bolaño investigando en las calles de Tegucigalpa. Fuente: El Mercurio, Alfredo Cáceres.

En "El discreto encanto de la H", el relato de Mario Gallardo que hemos venido copiando y pegando aquí para engrosar nuestro archivo sobre la presencia de la H en la literatura mundial, el narrador ofrece algunas pistas que nos ayudarán a comprender por qué Bolaño se dejó seducir. Veamos:

En su afán por iluminar algunos detalles en torno a esta alusión, la investigadora Helen Umaña, en su libro inédito Roberto Bolaño y la literatura nazi en Honduras, confirma que el autor chileno estuvo de visita varias veces en Tegucigalpa a fines de la década del 80. No fue necesario que tratara de preservar su anonimato porque, de hecho, en aquellos tiempos nadie conocía su gracia ni su obra por estos patrios lares. Umaña refiere que “una fuente fidedigna, que me rogó guardar su nombre bajo absoluta reserva”, le había confiado que Bolaño había visitado Tegucigalpa “para reforzar la investigación sobre su libro La literatura nazi en América, ya que fuentes cercanas al nimio y, dicho sea de paso, vitalicio director de la Editorial Universitaria, le habían informado que a fines de la II Guerra 80 Mundial arribó al país un buen grupo de nazis de medio cuño, la resaca de los que no pudieron asilarse en Argentina, Chile, Brasil y Paraguay, quienes finalmente lograron establecerse en el sur, por la facilidad que les ofrecía, como posible ruta de escape, el puerto de Amapala”.
A manera de conclusión, Umaña agrega que “en la historia de Popescu y su esposa hondureña Asunción Reyes es evidente que Bolaño, durante sus visitas a Honduras, pudo percibir algunas características de la vida nacional, y de esta suerte vemos retratada con singular fidelidad la importancia de las autoridades eclesiásticas, así como la influencia determinante de los Estados Unidos en la economía, aunque quizás resulta excesiva su observación sobre la pujanza del síndrome de Alí Babá entre nuestros connacionales”.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Bolaño y la jodida H en 2666

En tres de sus libros, Roberto Bolaño hace referencia a esta hermosa tierra catracha. Para pesar de muchos, y alegría de pocos, el autor chileno utiliza lupa y bisturí cuando escribe acerca de nuestra bella, acogedora e inigualable patria.
Si estos párrafos ficticios recuedan algo de la realidad, es pura coincidencia. Así que no deben preocuparse quienes se sientan aludidos, esto es literatura, y no una investigación de posibles actos de corrupción. Además, para esos casos en el país hay suficientes jueces, sellos y firmas por medio de cuales demostrar la honradez.
Pero vamos a lo nuestro, en 2666, en La Parte de Archimboldi, nos encontramos con un ciudadano rumano llamado Hermes Popescu. Luego de la guerra, Popescu "se introdujo en negocios turbulentos en los que se mezclaba el hampa, el espionaje, la Iglesia y las licencias de obra. Llegó el dinero. Dinero a manos llenas". Con el paso del tiempo, se casó con una actriz centroamericana, hondureña para más señas. Veamos el texto.
Popescu y Asunción Reyes
"Muchos años después, cuando su fortuna era más que considerable, Popescu se enamoró de una actriz centroamericana llamada Asunción Reyes, una mujer de una belleza extraordinaria, con la que se casó. La carrera de Asunción Reyes en el cine europeo (tanto en el francés como en el italiano y en el español) fue breve, pero las fiestas que dio y a las que asistió fueron, literalmente, innumerables. Un día Asunción Reyes le pidió que, ya que tenía tanto dinero, hiciera algo por su patria".
Navidad en Tegucigalpa

"Al principio Popescu creyó que Asunción se refería a Rumanía pero luego se dio cuenta de que hablaba de Honduras. Así que aquel año, por navidades, viajó con su mujer a Tegucigalpa, una ciudad que a Popescu, admirador de lo bizarro y de los contrastes, le pareció dividida en tres grupos o clanes bien diferenciados: los indios y los enfermos, que constituían la mayoría de la población, y los así llamados blancos, en realidad mestizos, que era la minoría que ostentaba el poder".

La naturaleza de los hondureños
"Todos gente simpática y degenerada, afectados por el calor y por la dieta alimenticia o por la falta de dieta alimenticia, gente abocada a la pesadilla. Posibilidades de negocio había, de eso se dio cuenta en el acto, pero la naturaleza de los hondureños, incluso de los educados en Harvard, tendía al robo, a ser posible el robo con violencia, por lo que trató de olvidar su idea inicial. Pero Asunción Reyes insistió tanto que en el segundo viaje navideño que realizó se puso en contacto con las autoridades eclesiásticas del país, las únicas en las que confiaba".
Un metro en la capital, ¡qué bonito!
"Una vez hecho el contacto y después de hablar con varios obispos y con el arzobispo de Tegucigalpa, Popescu estuvo meditando en qué ramo de la economía invertir el capital. Allí lo único que funcionaba y daba ganancias ya estaba en manos de los norteamericanos. Una tarde, sin embargo, durante una velada con el presidente y con la mujer del presidente, Asunción Reyes tuvo una idea genial. Se le ocurrió, sencillamente, que sería bonito que Tegucigalpa tuviera un metro como el de París. Popescu, que no se arredraba ante nada y que era capaz de ver los beneficios en la idea más peregrina, miró al presidente de Honduras a los ojos y le dijo que él podía construirlo. Todo el mundo se entusiasmó con el proyecto".
¿Realidad o ficción?

"Popescu se puso manos a la obra y ganó dinero. También ganó dinero el presidente y algunos ministros y secretarios. Económicamente tampoco quedó mal parada la Iglesia. Hubo inauguraciones de fábricas de cemento y contratos con empresas francesas y norteamericanas. Hubo algunos muertos y varios desaparecidos. Los prolegómenos duraron más de quince años. Con Asunción Reyes Popescu encontró la felicidad, pero luego la perdió y se divorciaron. Olvidó el metro de Tegucigalpa".

Alan Pauls y la H para Sofía

El escritor argentino Alan Pauls. Fuente: www.publico.es

Otro argentino, Alan Pauls, que fue seducido por el discreto encanto en su excelente novela El pasado, ganadora también del premio Herralde. Esta vez el informante pudo haber sido Horacio Castellanos Moya:

Pero otro porteño de nuevo cuño, Alan Pauls, se dejó querer por la musicalidad abisal de su nombre y lo escogió para una de las últimas direcciones conocidas de ese vampiro detestable llamado Sofía, precisamente adonde se llevará al pequeño Lucio, disparatado secuestro que marca el final del matrimonio de Rímini y Carmen y, además, se convierte en el simbólico primer escaño del protagonista en su desbocado descenso a los infiernos. El episodio es entrecortado y sibilante -como la tos de un enfermo de enfisema- pero su simbología es clara, la asociación del nombre con el inicio de la debacle de Rímini: “Finalmente subió, mientras rumiaba una vaga represalia contra la zapatería o la marca, y al oír la dirección que daba Rímini –“Bulnes y Beruti, por favor”- corrigió: “Honduras al 3100”. Ante la sorpresa de Rímini, ese espectro vengador llamado Sofía le explicará que fue desalojada de su anterior apartamento mientras estaba en Alemania, pero la declaración final es alegórica in extremis: “Y conseguí Honduras, que tiene mil veces mejor vista”. Y así, en la página 305 de El pasado nos encontramos con que la sima insondable se ha esfumado, como por arte de magia, ante la irrupción de la panorámica altura.
Definido por Roberto Bolaño como un "melancólico que escribe como si viviera en el fondo de alguno de los muchos volcanes de su país", Horacio Castellanos Moya -desde su refugio en Frankfurt- le refirió a Deutsche Welle que, conocedor de su origen centroamericano, Pauls le había preguntado por esa nación de nombre tan recóndito. Castellanos Moya entonces se vio obligado a darle un crash course sobre su país de nacimiento (Tegucigalpa, 21 de noviembre de 1957), aunque le aclaró que, por formación cultural y afinidad electiva, era más salvadoreño que Roque Dalton, declaración que dicho sea de paso cayó como un balde de agua fría sobre los ingenuos pedagogos nacionales, seguidores acérrimos del jus solis, que para ese entonces planeaban otorgarle a HCM un doctorado honoris causa al estilo que acuñaron con Tito Monterroso, a quien importunaron con protocolares razones en su refugio mexicano apenas acabaron de leer Los buscadores de oro. Pero esa es otra historia, lo cierto es que Castellanos Moya le habló a Pauls, quien le seguía con contenida atención, sobre una historia compartida, acerca de la gratuidad del crimen, de los abusos de la derecha y de la izquierda, del deterioro de las utopías revolucionarias y el desencanto que comparten las naciones del istmo centroamericano. Una vez terminó de hablar Lacho, y tras darle una larga chupada a su cigarro, Pauls se limitó a decir: “Es un buen nombre para albergar a Sofía”.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

Borges y la H en “El Aleph”

Borges y su dilema de si Honduras o Garay... Fuente: www.pagina12.com.ar

Seguimos con este hondo encantamiento de la H; esta vez le toca el turno a Borges. Y de nuevo aparece Óscar Acosta como informante:

Ni siquiera Borges pudo sustraerse a su encanto. En Borges. Esplendor y derrota, María Esther Vázquez afirma, en la página 350, que el ilustre narrador argentino pasó largos días cavilando sobre la posibilidad de ubicar el aleph a inmediaciones de la calle Honduras. Aunque Borges aclaró en su momento algunas claves personales que aparecen en “El Aleph”, Vázquez advierte que Georgie encontraba una “hermosa y bizarra analogía entre su esfera tornasolada de casi intolerable fulgor y la recia hondura del centroamericano onomástico, sin embargo, a última hora, en una decisión quizás influenciada por alguna charla con su madre, optó por la añeja casa de la calle Garay para que fuera el albergue del aleph de Carlos Argentino Daneri”. Esto no debe extrañarnos, ya conocemos la devoción de Borges por su madre y los gustos aristocráticos de doña Leonor que obviamente influyeron para que el nombre de la calle escogida evocara al segundo fundador de Buenos Aires: Juan de Garay (1528-1583), explorador y colonizador español.
Sobre este tema, el poeta Oscar Acosta, entrevistado por Carlos Rodríguez para la sección “El Personaje” de La Prensa, señaló que “en Borges quizás haya influido la fraterna amistad que desarrolló con el escritor hondureño Arturo Mejía Nieto, con quien compartieron intensas charlas en la sede de la Sociedad de Escritores Argentinos, junto a otros autores como Eduardo González Lanuza, Horacio Rega Molina, Evar Méndez, Conrado Nalé Roxlo, Norah Lange, Ricardo Molinari, Carlos Mastronardi, Roberto Arlt, Raúl González Tuñón, Nicolás Olivari, Jacobo Fijman y otros más.”
Más adelante, Acosta le dice a Rodríguez: “Tal vez fue durante una de esas tertulias que Borges supo de Honduras –a través de Mejía Nieto- y pensó en ubicar su aleph en la calle Honduras, para reforzar el simbolismo, pero luego pudo más la influencia de su madre y se decidió por la calle Garay, como refiere la señora María Esther Vázquez en su libro, aunque le aconsejo que investigue otras versiones, por ejemplo, le recomiendo la biografía de Borges escrita por Volodia Teitelboim, tal vez allí encuentre nuevos datos.”
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La H, BTraven y Vila-Matas

Fotografía que posiblemente corresponda al escritor B. Traven. Fuente: traven
Empezamos por donde hay que empezar siempre que no se sabe cómo empezar: por el principio, o sea, por la introducción de "El discreto encanto de la H", el relato de Mario Gallardo que da nombre a este archivo catracho en la literatura mundial. Después viene la parte en la que se habla del encantamiento de la H a Vila-Matas:
Cercado desde sus orígenes por la polémica, el absurdo y la modestia, su encanto, no obstante, se ha ido afirmando con la sorda persistencia que algunos envidiosos definen como característica inconfundible de los mediocres exitosos, condición sine qua non de quienes ven al mundo, pese a sus obvias limitaciones, como el teatro incuestionable de sus hazañas, el espacio vital en donde están predestinados a escribir la gesta inmarcesible de su doméstico triunfo histórico. Y así, con el discreto encanto del convidado de piedra, nombre y gentilicio campean a lo largo de las mejores páginas de la literatura universal, siempre asequibles para la pluma indecisa cuando de exhibir exóticos bizantinismos se trata.
Algo de su honda trascendencia atrajo a Vila-Matas, y al escribir Bartleby y compañía decidió incluir una referencia capciosa a un incierto colectivo de escritores hondureños que escribieron varias de las obras de B. Traven, el elusivo autor de El barco de la muerte y El tesoro de la Sierra Madre.
En su afán por resolver el enigma Traven (¿Quién fue Traven? ¿El cerrajero polaco llamado Feige? ¿O Ret Marut, el actor que se convirtió en periodista radical en la ciudad de Munich? ¿O el emigrante alemán o tal vez noruego que se llamaba Traven Torvsan y desembarcó en Tampico en 1942? ¿O sería el Hal Croves que en 1947 se presentó ante John Huston como el agente del autor de El tesoro de la Sierra Madre? ¿O, en otra desopilante versión, será que se trata del hijo ilegítimo, producto de los amoríos del Kaiser Guillermo con la actriz llamada Helen Mareck o Helen Maret?), Vila-Matas abreva de todas estas historias, pero es evidente que el narrador español se ve seducido por el discreto encanto al plantear la hipótesis que bajo el nombre B. Traven se escondía, en realidad, un colectivo de plumas nacionales, y así a la altura de la página 176 asegura: “Cuando se estrenó la película se puso de moda el misterio de la identidad de B. Traven. Se llegó a decir que detrás de ese nombre había un colectivo de escritores hondureños”. Tito Monterroso, a quien las narraciones de Vila-Matas le parecían poco menos que admirables, aseguró -en una entrevista publicada por la revista “Lateral” poco antes de su fallecimiento- que “la hipótesis no me parece tan descabellada, probablemente se trate de un grupo coordinado por mi viejo amigo Óscar Acosta, a quien siempre le han apasionado las ficciones misteriosas y retorcidas”.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.