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viernes, 8 de julio de 2011

ONatarén: “La responsabilidad ante la historia es casi siempre individual”


El poeta progreseño Otoniel Natarén durante una lectura de su obra en una universidad sampedrana.
En un intento por justificar el criterio utilizado en la escogencia de los poemas incluidos en la compilación cubano-hondureña “Cuarta dimensión de la tarde”, Otoniel Natarén, responsable de la sección hondureña, dijo que el único objetivo en esta publicación era “hermanar a dos pueblos, Honduras y Cuba”, por lo que no se establecieron parámetros de edad e incluso de calidad.
De esta manera, el libro incluye a un autor de 68 años con varios libros a cuestas a la par de autores veinteañeros aún sin libro publicado, deja afuera a poetas como Marco Antonio Madrid y Juan Ramón Saravia, ambos con recorrido y méritos, y permite, sin mayores reparos, la participación de uno que otro principiante.
Sin embargo, el trabajo de Natarén resulta de gran importancia para las letras hondureñas, según algunos comentarios de la crítica especializada, pues permite vincular el trabajo poético de dos países separados por un océano y establece un diálogo que podría verse ampliado en futuras publicaciones.
El libro fue presentado el 27 de junio en San Pedro Sula y en esta entrevista el ideólogo hondureño del proyecto ofrece algunos detalles sobre el mismo y sobre el panorama de la poesía hondureña con respecto a la de Cuba:
¿Cómo surge la idea de este libro cubano-hondureño?
De la circunstancia del encuentro con mi amigo Rafael Vilches, un escritor de la ciudad cubana de Holguín. Existe en esa ciudad la idea del intercambio de poesía a través de antologías de la colección "Mar por medio", que reúne a escritores de dos ciudades de dos países, no necesariamente las capitales, voluntariamente y con la firme idea de juntar las manifestaciones individuales, divididas apenas por fronteras geográficas.

¿Cuáles serían las principales diferencias entre la poesía cubana y la poesía hondureña, según esta recopilación?
Si acaso hay diferencias en la facultad humana, la encontramos en tantos participantes haya en esta presentación, porque resulta que de cada intervención hay un rasgo característico. Sí puedo decir que existe una identificación de insularidad en los amigos de Holguín, en los que se respira la referencia que sugiere la palabra "Isla"; y de los hondureños se advierte un desahogo de ánimo también diverso. Pero en las dos representaciones hay una posición ante el ejercicio de hacer poesía; creo que de allí se podrán definir otras vitalidades.

¿Cómo es el ambiente literario en la ciudad de Holguín?
Es una actividad que bien merece admiración. Y, todavía más, la participación generosa de las personalidades de su país, pertenecientes o adoptadas por esa ciudad oriental, en esta entrega. Además de otras muestras entre los cubanos, bajo esta colección, existe ya otro intercambio con escritores españoles en "Ciudades bajo un mismo cielo". Eso dice mucho de un pueblo, y de la poesía en este caso.

¿Qué diferencias notás con respecto a Honduras?
Los esfuerzos por publicar tienen mucho parecido entre los países de habla hispana. Pero habría que preguntarse cuánto vale un libro en Honduras y cuánto vale en Cuba, y a qué se debe eso.

¿Qué sigue luego del lanzamiento oficial de este libro? ¿Hay otros proyectos similares?
La ciudad de Holguín, representada por Editorial La Luz, y San Pedro Sula, por Editorial Nagg y Nell, han prestado sus sellos para este intercambio. Eso deja una puerta abierta no sólo para estas dos ciudades sino para toda manifestación y búsqueda de calidad, tanto las que sigue la idea de "Mar por medio" como las individuales.

¿Cómo ves la poesía de la costa norte de Honduras?
Considero que siempre tendrá su expresión a pesar de todo, y va en aumento, que la capital Tegucigalpa tiene su peso y que todas las ciudades tienen sus representantes. El esfuerzo es de todos y la responsabilidad ante la historia es casi siempre individual. Es necesario decir que no todos los poetas caben en una antología debido a las circunstancias, y eso no significa un demérito por ninguno.

jueves, 25 de febrero de 2010

Presentarán La piel de la ternera

 
Otoniel Natarén Álvarez.
Este viernes 26 de febrero, a las 19:00 horas, Otoniel Natarén Álvarez, poeta progreseño radicado en La Lima, estará presentando su primer libro de poesía, La piel de la ternera (mimalaplabra editores 2010), en el Museo de Antropología e Historia de San Pedro Sula. Lo acompañarán Gustavo Campos y Murvin Andino.

Otoniel acaba de ser incluido en la edición digital de la revista mexicana Círculo de poesía (clic aquí) con una buena cantidad de los poemas de este libro. Antes, habíamos adelantado algo en este blog (clic aquí).

Les recordamos que La piel de la ternera está a la venta en las librerías Caminante (4ta. Calle, 10 Ave., NO, esquina opuesta a los antiguos cines Plaza de Sula) y Metromedia (City Mall) de San Pedro Sula.

viernes, 22 de enero de 2010

La piel de la ternera, de ONatarén



Portada de La piel de la ternera, de Otoniel Natarén Álvarez.

Largo tiempo habíamos esperado este libro de Otoniel Natarén Álvarez, uno de los poetas jóvenes más prometedores de la Costa Norte catracha. Nació en El Progreso en 1975, vive actualmente en La Lima, pero trabaja en San Pedro Sula, donde también estudia la carrera de Letras en la UNAH-VS. La piel de la ternera es el título de este libro, segundo de la colección Poesía de mimalapalabra editores, que venía gestándose desde hacía muchos años pero que logra ver la luz hasta este 2010. Desde aquí felicitamos a Oto, alzamos nuestras copas y decimos ¡Salud! deseándole lo mejor para todo lo que viene.

Breve paréntesis: Antes de dejarlos con tres poemas de La piel de la ternera, les comunicamos que el libro está a la venta en las librerías Caminante (4ta. Calle, 10 Ave., NO, esquina opuesta a los antiguos cines Plaza de Sula) y Metromedia (City Mall) de San Pedro Sula, y que en los próximos días confirmaremos la agenda de presentaciones.


DONDE SE SIENTAN LAS VARONAS
Nadie te observa,
nadie te recorre,
como si probaran de ti el color salado,
como si el viento ocultara secretos duraderos
mientras se disipa el aire que alivió nuestros fuegos.

Éste es el presente dado a la escarcha:
el descanso de la olvidada.

Aquí está la semilla que rechazaron las aves;
el muérdago, para quienes observan
los troncos y las ramas.

¿Cómo se llega a lo inevitable, varona?
¿Cómo se llega con esa pupila de rostro desencajado
quien te visita desde sus uñas, rara;
desconocida, porque no la conoce nadie,
incrédula, porque no cree en las edades y en las
desgracias;
viene con la mano de las dudas a tocar su cuerpo en
tus plumas.
¡Y pasó esto!, y, ¿cómo pudo pasar? ¡Qué hiciste!
Entró su cigarro nervioso;
entró a preparar café.

También fue harapienta y también fue perfumada
con la noche,
vino a palparlo todo.

Todos los riesgos los traía el hambre,
y todas las hambres se pudieran calmar.

¿Dónde queda el abismo,
la monotonía, y conserva un rumor parecido?

Por aquí se padece; se tirita en ese seno duro, el
ocaso:
sobre todo la obscuridad, hija de toda la nieve.

Allí aparecen las torres,
las refinerías, las luces,
el olor aceitoso de alguna rememoración,
y por algún resquicio, la silenciosa Eva, sonríe:
para ninguno fue creado el descontento.

Cruza la hoja palmeada,
el estuario,
reinas de vidrio en las ventanas;
ese sabor a pan de la humareda golpeando
en la alfombra de los autos.

Nada hay, abreviado, que no pueda influir en el
instante.

Hay quien murió engañado, y subió la pendiente;
y quien compró a este Señor los lagartos,
y quien se llevó uno de tus vestidos,
y otro, tu brazalete,
pero nadie sabe recordar la copla solitaria de tu
boca.

Debió ser tanta profundidad, tanta rueda,
tanta multitud dispersa por estas temperaturas,
y estos restos y estos caminos donde todo se olvida.

Por allí las cáscaras,
la visión cansada,
la adhesión excedida;
por herrumbre, por los viajes rutinarios.

Allí se vive enroscado a los rieles,
se habla a la hojarasca, se transcurre,
como si retrocedieran aquellos días a su escondrijo,
en cada vagón oxidado, con la misma penumbra.

En ella había una caricia que nos hacía falta.
Ella era de todos, y también era de nadie.
Abrazamos sus pasiones y sus besos desdichados.
¡Basta, entonces, de hablar con culpa en los
comedores!
¡Basta de señalar con culpa desde la estación de
espera!

¡Vayamos a ver lo nefasto,
vayamos a ver y tocar!

Por allí, en los bordes, se encuentra el osario.
 

ELLA
¡Cuántas veces la mozuela besa
y se reparte en el mundo su sonido!

La mujer se repite; la misma intensidad;
se acuesta, y el reposo la desgarra.

Está allí y observa, dormida, los astros,
se funde a las paredes o se sostiene de los muros.

Su boca espera,
responde a cierta sintonía,
responde blanda, y todos la toman,
y no se quisiera concluir la noche,
y no se quisiera despedir ninguno,
pero, viene la hora.

¡Despierta, despierta!, y también despierta la
serpiente.

Sale a la luz esa mujer, con la piel nueva,
extiende todas sus manos y consulta los relojes;
allí vienen todos los relojes con la hora imprecisa.

Se aleja y vuelve; y vuelve a desprenderse.

Ya no se fundirá al granito;
y pudiera esperar y pudiera besar infinitamente.

Es el rompimiento.

Ven a ver cómo se marcha.
Ven a ver una bandera tragada por las olas.

Los diluvios vinieron a destruirla,
a impedir el sueño;
y, ¡debiera retirarse!, dicen todos,
y se despedaza llorando.
 

LA PIEL DE LA TERNERA
Aquí comienza el libro,

los llamados de la piel;
de aquel encierro,
de aquella mujer;
el mismo deseo, el mismo encadenamiento,
cual si la bestia fuera,
cual si la bestia es,
donde desbocan los caballos.

Dios nos ampare a todos.

Dios se apiade cuando se frunza nuestra madera
y sólo el libro sobreviva.

Vayamos todos los demolidos,
los crápulas,
a reconocernos en nuestros cerrojos,
con las ventanas abiertas de nuestras almas
libertinas.

Vayamos a ser verdaderamente hipócritas
puesto que nada nos conmueve,
y trotamos el mundo, fementidos y rufianes.

Pero, algo guardamos del abandono;
porque algo nos conmovía;
algo nos llenaba de las ternuras,
y aunque, arrojados del seno,
alguna verdad se nos presentó amable,
para cumplir los días,
para tocar sus trompetas,
con nuestras supremas pieles en los supremos
pabellones,
cuando la voz le cante,
a ella carnal, sufriente, corruptible;
blanca y verdadera.