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domingo, 10 de marzo de 2013

Último reporte sobre el "Archivo Bolaño"

Los escritores como Roberto Bolaño, a pesar de morir, no mueren, eso está ya bastante claro. Por eso, a pesar de su fallecimiento hace 10 años, aparecen nuevos textos suyos cada cierto tiempo. Leí de alguien por ahí que a Bolaño, ya muerto, le crecen las uñas y las novelas, y no se equivoca quien lo dijo pues, según este último reporte, hay cuatro nuevos manuscritos de novelas del autor chileno aún sin publicar, eso sin contar otro montón de cuentos aún desconocidos. En esta nota de El País se explica todo:
La noticia está recortada con los dedos: “Un poeta chileno ha sido muerto de hambre por su mujer”. La otra nota del periódico, igual: “Seis niños atraviesan el desierto en busca de cariño y de fútbol”. En la libreta pequeña junto al papel amarillento del diario hay apenas un apunte sobre las noticias; unas páginas después, una breve narración engarzando aspectos de ambas; al lado de eso, ya un manuscrito, con una letra envidiablemente cartesiana y clara: “Ahora abro la ventana, qué luna, detrás de mí, acuchillados y silenciosos, están Charles Bronson, Ernesto, Ramon y los dos pequeños”. Así arranca el manuscrito del relato-nouvelle inédito Las alamedas luminosas, historia de Julio Arriagada, poeta y exministro, secuestrado en casa por su mujer, al que se le han cruzado (o tarde o temprano lo harán) unos niños huidos por Antofagasta…
Para leer la nota completa, sigan este enlace.

sábado, 13 de marzo de 2010

CFuentes no ha leído a Bolaño (ni quiere hacerlo)

Ya había leído en algún lugar acerca del supuesto desprecio de Carlos Fuentes por la obra de Roberto Bolaño, pero me llamó la atención hoy el artículo que el mexicano publica en El País (clic aquí) sobre la cultura chilena, en el que dice, con absoluta razón, que Chile es un país de grandes poetas y de grandes novelistas. Pero entonces vienen las listas: en la de poetas aparecen Huidobro, Mistral, Neruda, Enrique Lihn, Nicanor Parra y Raúl Zurita; y en la de novelistas: "José Donoso es el gran refundador de la novela chilena, junto con Jorge Edwards, Antonio Skármeta, y más tarde, Isabel Allende, Marcela Serrano, Carlos Cerda, Gonzalo Contreras, Alberto Fuguet y Ariel Dorfman y, para cerrar el círculo, María Luisa Bombal, nacida en 1910, y Diamela Eltit, nacida en 1950". Nótese que Fuentes cierra el círculo, un círculo dentro del cual por ningún lado se ve a Bolaño pero en cambio sí se ven la Allende y la Serrano, por ejemplo. Alguien debería acercársele a Carlos Fuentes y decirle discretamente al oído que Roberto Bolaño es chileno.

martes, 9 de febrero de 2010

Bolaño al cine. Segundo intento

 
Alicia Scherson ayer en Madrid. Foto: GUILLERMO SANZ.
Primero fue una mexicana la que se propuso llevar al cine una novela de Bolaño (Los detectives salvajes);. Al parecer ésta adquirió los derechos hace mucho tiempo pero aún no se decide a empezar. Ahora es una chilena la que quiere adaptar Una novelita lumpen, aunque ella sí tiene, al parecer, fecha de arranque. En esta nota de Público nos lo cuentan todo:
Acaba de regresar de Roma, donde estuvo buscando localizaciones para su tercera película. La directora Alicia Scherson (Santiago de Chile, 1974) empezará a rodar en enero de 2011 la primera adaptación de una novela de Roberto Bolaño. Se llamará El futuro, y estará basada en el último libro que se editó mientras vivía el escritor, Una novelita lumpen (2002). 

"Al ser un libro de encargo, tiene un punto un poco bastardo. Me alivia porque no estoy tomando la obra maestra. No me atrevería a adaptar Los detectives salvajes", reconoció ayer desde un hotel del centro de Madrid. Las rocambolescas peripecias romanas de dos hermanos huérfanos es, para la realizadora, la historia más cinematográfica de Bolaño. "Tiene un poco de serie B: acción, sexo y referencias cinéfilas directas en el personaje de un viejo actor de cine peplum, Maciste". 

Scherson encontró en el libro conexiones con los personajes que había desarrollado en sus dos anteriores filmes, Play (2005) y Turistas (2009): "Bianca, la protagonista de la novela, se me hizo muy familiar porque es alguien que está un poco fuera de las convenciones sociales o al menos las cuestiona", precisa la directora, que ganó el premio a la mejor dirección novel en el festival neoyorkino de Tribeca de 2005 con Play. 

Al acabar de leer la novela, allá por 2005, Scherson se armó de valor y voló a Barcelona para verse con Carmen Balcells, la agente de Bolaño en aquel tiempo. "Me hice con los derechos sin contar con ningún respaldo", cuenta. Pasados cinco años ha conseguido implicar a productoras de Chile, Italia y España, y buscará en el Festival de Berlín un cuarto socio. Pero, antes de partir a la Berlinale estará en Madrid presentando en la Casa de América Play y Turistas, dos filmes que a pesar de haber recorrido un puñado de festivales internacionales no se han estrenado en España. Dos películas atravesadas por el deseo de ser otro. Su economía de medios, la relación entre las personas y los lugares y el gusto por los inadaptados son las señas de identidad de esta chilena, que dice admirar a los que dudan.

viernes, 5 de febrero de 2010

Vuelve 2666 versión Àlex Rigola


Escena de "La parte de Fate", de la obra 2666 de Àlex Rigola.
Las tres funciones de 2666, desde hoy y hasta el domingo, en el Teatre Lliure, se han convertido en un acontecimiento para el que no quedan localidades. A pesar de tratarse de una reposición –procede del Grec del 2007–, a pesar de su duración de cinco horas, la obra, basada en la novela homónima de Roberto Bolaño y dirigida por Àlex Rigola, ha levantado una enorme expectación por los elogios cosechados en su paso por Europa y América y por la imparable aura de mito literario alcanzada por Bolaño tras su muerte.
¿Cómo se le ocurrió adaptar una novela de 1.119 páginas?
Yo buscaba dirigir una pieza épica, por su dimensión, con muchos personajes que se conectaran. Pensaba en "Los siete afluentes del río Ota" de Robert Lepage. Buscaba mis propios afluentes en textos teatrales, y no las encontraba. Buscaba una historia que la gente no conociera, como los juglares que sorprendían al público con nuevas historias, sentía que había pasado mi etapa de hacer clásicos. Shakespeare es muy bueno, pero todo el mundo sabe cómo acaba. Vi, de repente, que la novela que yo había devorado y estaba recomendando a todos mis amigos cumplía esas condiciones y además mostraba una temática social que, bajo mi punto de vista, es importantísima para el teatro. Era, asimismo, una novela que contenía cinco novelas, lo que permitía a mí pasar por cinco formas de narrativa teatral.
Es su obra más ambiciosa...
Sí, sin duda. Transcurrido un año y medio después de cada estreno, acostumbro a detestar mis propias obras, casi sin excepciones. Con 2666 no me sucede. 2666 es como una summa de lo que soy, me permite mostrar todos los caminos que he seguido en mi carrera, todo lo que he hecho estos años, cada una de las cinco partes es un lenguaje teatral diferente.
¿Cuál es el tema principal?
Habla de muchas cosas pero sobre todo de la capacidad del ser humano de apartar la vista de lo que está sucediendo cuando no nos gusta. En Ciudad Juárez –la Santa Teresa de la obra– hay siete asesinatos cada día, es la ciudad más peligrosa del mundo y, hasta hace muy poco, ese era un hecho absolutamente desconocido.
¿Qué tiene esa ciudad?
Es la frontera entre el tercer mundo y el país más rico del planeta. Es tal vez el único lugar del mundo donde esa frontera es solamente una línea: normalmente hay un mar, países intermedios, una cordillera… Es el reino de las maquiladoras, fábricas donde reina la esclavitud, y los trabajadores fabrican productos en condiciones de vergüenza, como las anteriores a la revolución industrial. Y a todo ello se suma el negocio de la droga, que genera una economía sumergida gigantesca, dinero fácil, prostitución… La gente crece en un entorno en el que el valor de la vida es tan bajo que los jóvenes, colocados tras una noche de marcha, esperan que salga una trabajadora de la maquiladora y, en vez de irse a pagar un servicio sexual, la violan y luego, para que no haya problemas, la matan. Y el desierto está lleno de cadáveres. En este contexto se desarrolla también la violencia entre bandas por el control del negocio.
Usted ha dicho que es una ciudad capitalista llevada al extremo.
Sí, es el mismo funcionamiento. El capitalismo es un sistema basado en el ego, no en el individuo, como se dice. El individuo, justamente, es atacado desde todos los lados. Ciudad Juárez es el paraíso capitalista, el extremo total: los empresarios contratan a quien quieren al precio que quieren.
Bolaño dijo: "Escribir bien lo puede hacer cualquiera, la literatura de calidad es saber meter la cabeza en lo oscuro". ¿Es su idea del teatro?
Sí, no siempre lo conseguimos, eh, es algo que nos tenemos que recordar cada vez. Bolaño, hay que decirlo, escribía muy bien, fuera de lo normal, porque procede de la poesía y su lenguaje funciona teatralmente, todas las frases provienen del libro. No es un Larsson, vaya.
¿En qué sentido?
He leído a Larsson y me ha enganchado, pero su prosa es tramposa, artificial. Engancha la trama pero, al finalizar, te invade una sensación de pérdida de tiempo porque, para eso, mejor me voy al cine. Dedicar 30 horas a la lectura de una cosa superflua es más grave que dedicarle solamente dos. Y encima esa vacuidad se esconde tras la denuncia de la violencia de género. Para mí, 2666 es la verdadera novela denuncia de la violencia de género, porque nos cuenta los asesinatos reales de mujeres en Ciudad Juárez. En Larsson la violencia de género no es más que una excusa para la distracción, no hay calidad.
¿Cuánto tardó en leer la novela?
La he leído muchas veces. Unas 50 horas la primera vez, tenga en cuenta que la gente del teatro leemos mentalmenete en voz alta, sin verbalizar pero, en vez de leer significados, yo escucho los fonemas, y me la iba imaginando representada a medida que la leía.
Vamos por la primera parte, La parte de los críticos.
Es una conferencia. Los cuatro profesores explican su tesis doctoral sobre Archimboldi, ese escritor que nadie ha visto y del que nadie sabe nada. Comienzan hablando de él y acaban explicando su propia vida.
La segunda, La parte de Amalfitano.
La parte teatral más clásica, con géneros que permiten mostrar lo sobrenatural, la angustia, la tristeza. Los estudiosos se trasladan a Santa Teresa y allí conocen a Amalfitano, un trasunto de Bolaño, porque es de Barcelona y de padre chileno. Ha ido a Ciudad Juárez con su hija. Su mujer, Lola, es una gruppie de Leopoldo Panero, un poeta loco al que nunca se cita por el nombre.
La tercera, La parte de Fate.
Es la parte en que el libro es una novela policíaca. Un periodista negro llega desde Detroit para cubrir un combate de boxeo y se encuentra con los asesinatos de mujeres. Y conoce a la hija de Amalfitano. Es la parte más complicada en cuanto a la acción, porque hay que representar varios miedos, el mundo de la noche, de las drogas… y lo hacemos en un solo espacio, hemos creado una caja verde en la que se pueden sentir estos temores.
La cuarta, La parte de los crímenes.
Hemos montado una instalación, que reproduce el desierto de Ciudad Juárez. Si tuviéramos que escoger una sola parte que describa la obra sería esta, con la descripción de los asesinatos de mujeres. Y cómo las autoridades se mueven en relación a los hechos, y las diferentes actuaciones de los policías. Hay miles de historias pequeñitas, que podrían ser relatos y que hemos tenido que seleccionar mucho. Es dramaticamente bella y clásica.
¿No es muy dura?
Le voy a decir algo: sabía perfectamente cómo acabar esta parte consiguiendo un magnífico aplauso del público, pero mi voluntad fue que los espectadores no salieran contentos, que experimentaran una sensación desagradable y extraña. De la tragedia hacemos belleza y, en vez de un final amable, acabamos de forma muy dura.
La quinta, La parte de Archimboldi.
Un espacio vacío, con la historia del escritor. Hay una gran crítica a la Alemania nazi y también al comunismo, aunque por este segundo aspecto hemos pasado de puntillas porque no nos cabía.
¿Habrá más funciones?
Nos lo estamos planteando. Creíamos que era anticomercial, por eso tenía sentido hacerlo en un teatro público, porque era un proyecto de riesgo. Y, en cambio, agotamos las localidades...

Entrevista de Xavi Ayén a Àlex Rigola en La Vanguardia.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Un Bolaño primerizo y sus wargames


La Costa Brava (Blanes en la foto) en temporada baja es el marco en que se desarrolla El Tercer Reich. Foto: mimalapalabra.
Bolaño seguirá despertando nuestra curiosidad, ya sea si se publica, como ahora, otra novela suya o tan sólo alguna de sus listas del supermercado. En Estados Unidos, por ejemplo, es tanta la fiebre por él que Phil Jackson, entrenador de los Lakers de la NBA, ya pone de tarea leer 2666 a sus jugadores. Acaba de publicarse El Tercer Reich y Ricardo Baixeras escribe esta nota para El Periódico:
La situación de Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 - Barcelona, 2003) no es cómoda. Para empezar está muerto y eso le impide contestar a las preguntas que seguramente se le hubieran formulado si el tiempo le hubiera permitido seguir corrigiendo más allá de la página 60 el manuscrito mecanografiado de El Tercer Reich. En segundo lugar –y precisamente porque está muerto– todo el mundo espera otro «gran Bolaño»: un texto repleto de lecturas y relecturas, guiños y contraguiños post mórtem que le permita seguir sentado en el Olimpo de la literatura.

Bolaño terminó de escribir El Tercer Reich en 1989 y ahora lo rescata su agente Andrew Wylie. A nadie importa si es una novela mejor o peor que La literatura nazi en América, Amuleto, Monsieur Pain o La pista de hielo. Es evidente que su lectura no queda enfrentada con la de Los detectives salvajes ni con 2666 y sí con esas otras.

No está en esa confrontación absurda el valor de esta novela inédita y que se publica ahora de manera póstuma. De nada sirve preguntarse si hubiera o no publicado este texto o por qué no lo hizo: sabemos que en su literatura una cosa es el ritmo frenético de la escritura y otra muy distinta la oportunidad de la publicación. Bolaño la hubiera publicado, pero tuvo que dedicarse con ahínco al monstruo que le estaba devorando: 2666.

Sí importa, y mucho, decir que El Tercer Reich es una obra primeriza, pero en modo alguno la de un escritor novel. Importa decir que es un texto de la marca Bolaño, con algunas de las obsesiones y temáticas que marcarán después su obra.

Cuando el 19 de marzo del 2000 le hicieron una entrevista en el diario chileno La Tercera y le preguntaron cuál era su mayor extravagancia Bolaño contestó: «Mi gran colección de wargames y mi pequeña colección de wargames de computador». Tenía otras, pero rescatamos esta porque en una primera lectura El Tercer Reich se ofrece al lector como una novela de juegos de estrategia. Pero es también una novela de misterio, una novela policiaca y de personajes solitarios que bucean en el mar de la desesperación colectiva en busca de sí mismos. Los secretos diseminados por el texto de El Tercer Reich no son solo los de Udo Berger y su novia Ingeborg. El misterio no solo depende de personajes como el Lobo, el Cordero o el Quemado, o de la extraña desaparición de Charly o de la sensualidad de Frau Else, encargada del hotel Del Mar en el que se desarrolla la acción.

El misterio depende del lector. Como en otros textos posteriores de Bolaño se diseminan secretos, sospechas y conjeturas que permiten construir el relato. Un Bolaño conjetural provocando una lectura conjetural de El Tercer Reich: he ahí el valor de esta botella encontrada en el mar de todas las dudas. No importa, como tantas veces en su literatura, resolver el enigma (¿habrá muerto Charly? ¿Quién es realmente el Quemado? ¿Qué pretende Udo quedándose en la Costa Brava? ¿Qué quiere el marido de Frau Else? ¿Ganará Udo el Tercer Reich?) porque la realidad que se propone es fragmentaria, provocando así la narración en forma de diario de una investigación de casualidades, descuidos y tramas dispersas que no conducen al fetiche del relato policial: la verdad, que ni está, ni se la espera.

Bienvenido este rescate arqueológico de un Bolaño inicial que apuntaba maneras. Descansa saber que en 1989 era ya un escritor fiel a sí mismo, aún no ahíto de todos sus demonios, pero sí muy consciente del artefacto literario que quería proyectar.

domingo, 10 de enero de 2010

Otra vez Bolaño



Ya está en las librerías la primera de las novelas exhumadas de Roberto Bolaño, El Tercer Reich, escrita supuestamente hace 21 años. Aquí el texto de Anagrama para anunciarla:
Udo Berger tiene veinticinco años y su pasión son los juegos de guerra. También tiene independencia económica y una novia a la que ama, Ingeborg. La pareja pasa unos días en el lugar de la Costa Brava donde él veraneaba con su familia. Udo hace instalar en su habitación una gran mesa donde piensa nuevas estrategias para el Tercer Reich, su juego. Y por la noche van a una discoteca y conocen a Charly y Hanna, otra pareja de alemanes. Cuando bajan a la playa, el imprevisible Charly les introduce en la comunidad del lugar, plena de turbios personajes como el Lobo o el Cordero, que tanto pueden ser trabajadores de verano como mafiosos; Frau Else, la guapa encargada del hotel, o el Quemado, un hombre desfigurado y del que nadie sabe nada, aunque insinúan que es extranjero, que fue torturado en su país... El Tercer Reich, un texto inédito escrito en el año 1989, es una espléndida novela de la primera etapa de Roberto Bolaño, el feliz hallazgo de un ejercicio narrativo donde el autor despliega algunos de sus grandes temas, como las extrañas formas del nazismo, o que la cultura –los juegos, o la literatura– es la realidad.

martes, 10 de noviembre de 2009

El mito Bolaño en USA



Bolaño en su época infrarrealista. Fuente: garciamadero.blogspot.com

Horacio Castellanos Moya me envía la versión completa de un texto suyo que habla sobre Roberto Bolaño y las posibles razones de su éxito póstumo en Estados Unidos. De ninguna manera se trata de restar mérito a la obra de Bolaño sino tan sólo de analizar el contexto y darse cuenta de que para que un escritor de calidad indiscutible como él consiga triunfar en el mercado editorial estadounidense no basta con eso, con la calidad, sino que es necesaria también otra circunstancia, y que esta circunstancia sea bien aprovechada por sus editores. Leamos:
Me había propuesto no volver a hablar o escribir sobre Roberto Bolaño. Ha sido objeto de demasiado manoseo en los dos últimos años, sobre todo en cierta prensa estadounidense, y me dije que ya bastaba de intoxicación. Pero aquí estoy de nuevo escribiendo sobre él, como un viejo vicioso, como el alcohólico que promete que esa es la última copa de su vida y a la mañana siguiente jura que sólo se tomará una más para salir de la resaca. Y la culpa de mi recaída la tiene mi amiga Sarah Pollack, quien me hizo llegar su agudo ensayo académico precisamente sobre la construcción del “mito Bolaño” en Estados Unidos. Sarah es profesora en la City University de Nueva York y su texto, titulado “Latin America Translated (Again): Roberto Bolaño’s The Savage Detectives in the United States”, será publicado en el próximo número de la revista trimestral Comparative Literature.

Albert Fianelli, un colega periodista italiano, parodia al doctor Gobbels y dice que cada vez que alguien le menciona la palabra “mercado” él saca la pistola. Yo no soy tan extremista, pero tampoco me creo el cuento de que el mercado sea esa deidad que se mueve a sí misma gracias a unas leyes misteriosas. El mercado tiene dueños, como todo en este infecto planeta, y son los dueños del mercado quienes deciden el mambo que se baila, se trate de vender condones baratos o novelas latinoamericanas en Estados Unidos. Lo digo porque la idea central del trabajo de Sarah es que detrás de la construcción del mito Bolaño no sólo hubo un operativo de marketing editorial sino también una redefinición de la imagen de la cultura y la literatura latinoamericanas que el establishment cultural estadounidense ahora le está vendiendo a su público.

No sé si sea mi mala suerte o si a otros colegas también les sucedió, pero cada vez que me encontraba en territorio estadounidense –podía ser en el bar de un aeropuerto, en una reunión social o donde fuera– y cometía la imprudencia de reconocer ante a un ciudadano de ese país que soy escritor de ficciones y procedo de Latinoamérica, éste de inmediato tenía que desenvainar a García Márquez, y lo hacía además con una sonrisa de auto suficiencia como si me estuviera diciendo “los conozco, sé de qué van ustedes” –claro que me encontré con otros más silvestres, que alardeaban con Isabel Allende o Paulo Coello, lo que tampoco hacía diferencia, porque se trata de versiones light y de autoayuda de García Márquez. En los tiempos que corren, sin embargo, esos mismos ciudadanos, en los mismos bares de aeropuertos o en reuniones sociales, han comenzado a desenvainar a Bolaño.

Otra idea clave de Pollack es que durante treinta años la obra de García Márquez con su realismo mágico representó a la literatura latinoamericana en la imaginación del lector estadounidense. Pero como todo se desgasta y termina percudiéndose, el establishment cultural necesitaba un recambio, hizo tanteos con los muchachos de los grupos literarios llamados Mc’Ondo y Crack, pero no servían para la empresa, sobre todo porque, como explica Pollack, era muy difícil vender al lector estadounidense el mundo de los iPods y de las novelas de espías nazis como la nueva imagen de Latinoamérica y su literatura. Entonces apareció Bolaño con Los detectives salvajes y su visceral realismo.

“Que nadie sabe para quien trabaja” es una frase hecha que me gusta repetir, pero también es una realidad grosera que me ha golpeado una y otra vez en la vida. Y no sólo a mí, estoy seguro de ello. Sigamos. Los cuentos y las novelas breves de Bolaño venían siendo publicados en Estados Unidos, con esmero y tenacidad, por New Directions, una muy prestigiosa editorial independiente pero de difusión modesta, cuando de pronto, en medio de las negociaciones para la compra de Los detectives salvajes, apareció, como surgida de los cielos, la poderosa mano de los dueños de la fortuna, quienes decidieron que esta excelente novela era la obra llamada para el recambio, escrita además por un autor que había muerto hacía muy poco, lo que facilitaba los procedimientos para organizar la operación, y pagaron lo que fuera por ella. La construcción del mito precedió al gran lanzamiento de la novela. Cito a Sarah Pollack: “El genio creativo de Bolaño, su atractiva biografía, su experiencia personal en el golpe de Pinochet, la calificación de algunas de sus obras como novelas de las dictaduras del Cono Sur y su muerte en 2003 a causa de una falla hepática a sus cincuenta años de edad, contribuyeron a ‘producir’ la figura del autor para la recepción y el consumo en Estados Unidos, incluso antes de que se propagara la lectura de sus obras”.

Quizá no haya sido yo el único sorprendido cuando, al abrir la edición norteamericana de Los detectives salvajes, me encontré con una foto del autor que no conocía. Es el Bolaño post adolescente, con la cabellera larga y el bigotito, la pinta de hippie o del joven contestario de la época de los infrarrealistas, y no el Bolaño que escribió los libros que conocemos. Celebré la foto, y como soy un ingenuo me dije que seguramente había sido un golpe de suerte para los editores conseguir una foto de la época a la que alude la mayor parte de la novela. (Ahora que los infrarrealistas han abierto su sitio web, varias de esas fotos se encuentran colgadas ahí, en las que descubro a mis cuates Pepe Peguero, Pita, el “Mac” y hasta al periodista peruano radicado en París José Rosas, de quien yo desconocía su pertenencia al grupo). No se me ocurrió pensar entonces, pues el libro apenas salía del horno y comenzaba el revuelo en los medios de Nueva York, que esa evocación nostálgica de la contracultura rebelde de los 60’s y 70’s era parte de una bien afinada estrategia.

No fue casual entonces que en la mayoría de artículos sobre el perfil del autor se hiciera énfasis en los episodios de su juventud tumultuosa: su decisión de salirse de la escuela secundaria y convertirse en poeta; su odisea terrestre de México a Chile donde fue encarcelado luego del golpe de Estado; la formación del fracasado movimiento infrarrealista con el poeta Mario Santiago; su existencia itinerante en Europa; sus empleos eventuales como cuidador de camping y lavaplatos; una supuesta adicción a las drogas y su súbita muerte. “Estos episodios iconoclastas eran demasiado tentadores como para que no fueran convertidos en una tragedia de proporciones míticas: he aquí alguien que vivió los ideales de su juventud hasta las últimas consecuencias. O como rezaba el titular de uno de esos artículos: ¡Descubran al Kurt Cobain de la literatura latinoamericana!”.

Ningún periodista estadounidense resaltó el hecho, advierte Sarah Pollack, de que Los detectives salvajes y la mayor parte de la obra en prosa de Bolaño “fueron escritos cuando éste era un sobrio y reposado hombre de familia” durante los últimos diez años de su vida, y un excelente padre, agregaría yo, cuya mayor preocupacion eran sus hijos, y que si al final de su vida tuvo una amante lo hizo en el más conservador estilo latinoamericano, sin atentar contra la conservación de su familia. “Bolaño aparece ante el lector (estadounidense), incluso antes de que uno abra la primera página de la novela (Los detectives salvajes), como una mezcla entre los beats y Arthur Rimbaud, con su vida convertida ya en materia de leyenda”. La mayoría de críticos ha pasado por alto que Bolaño no murió a causa de un exceso de drogas y alcohol, sino por una vieja pancreatitis mal cuidada que le inutilizó el hígado (fue lo que me explicó en Blanes, donde yo era el único que alzaba la copa y él sólo bebía té). Y que su caso es más semejante a los de Balzac y Proust, quienes tambien murieron a los 50 años de edad después de un esfuerzo de trabajo descomunal, que al de los ídolos pop estadounideses consumidos por la droga y el escándalo.

Digo yo que a Bolaño le hubiera hecho gracia saber que lo llamarían el James Dean, o el Jim Morrison, o el Jack Kerouac de la literatura latinoamericana. ¿Acaso no se titula la primera novelita que escribió a cuatro manos con García Porta Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce? Quizá no le hubiera hecho gracia saber los motivos ocultos por los que lo llaman así, pero esa es harina de otro costal. Lo cierto es que Bolaño siempre fue un contestatario; nunca un subversivo, ni un revolucionario involucrado en movimientos políticos, ni tampoco un escritor maldito (como sí lo fue su mentor de aquellos primeros años, el poeta veracruzano Orlando Guillén, pero esa es otra historia que espera ser contada), sino un contestatario, tal como lo define la Real Academia: “Que polemiza, se opone o protesta contra algo establecido”.

Fue contestatario contra el establishment literario mexicano –ya fuera representado por Juan Bañuelos u Octavio Paz– a principios de los 70’s; con esa misma mentalidad contestataria, y no con una militancia política, se fue al Chile de Allende (a propósito de ese viaje, que un periodista del New York Times ha puesto en duda, he llamado a mi amigo el cineasta Manuel “Meme” Sorto a Bayonne, Francia, donde ahora vive, para preguntarle si no es cierto que Bolaño pernoctó en su casa en San Salvador cuando iba hacia Chile y también a su regreso –el mismo Bolaño lo menciona en Amuleto– y esto es lo que Meme me ha dicho: “Roberto aún venía conmocionado por el susto de haber estado en la cárcel. Se quedó en mi casa de la colonia Atlacatl y luego lo llevé a la parada del Parque Libertad a que tomara el autobús hacia Guatemala”). Y se mantuvo contestatario hasta el final de su vida, cuando ya la fortuna lo había tocado y arremetía contra las vacas sagradas de la novelística latinoamericana, en especial contra el boom, a quienes llamaba, en un email que me envió en 2002, “el rancio club privado y lleno de telarañas presidido por Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y otros pterodáctilos”.

Fue esa faceta contestaria de su vida la que serviría a la perfección para la construcción del mito en Estados Unidos, del mismo modo que esa faceta de la vida del Che (la del viaje en motocicleta y no la del ministro del régimen castrista) es la que se utiliza para vender su mito en ese mismo mercado. La nueva imagen de lo latinoamericano no es tan nueva, pues, sino la vieja mitología del “road-trip” que viene desde Kerouac y que ahora se ha reciclado con el rostro Galel García Bernal (quien también interpreta a Bolaño en el film que viene, a propósito). Con la novedad de que, para el lector estadounidense, de acuerdo con Pollack, dos mensajes complementarios, que apelan a su sensibilidad y expectativas, se desprenden de Los detectives salvajes: por un lado, la novela evoca el “idealismo juvenil” que lleva a la rebeldía y la aventura; pero, por el otro, puede ser leída como un “cuento de advertencia moral”, en el sentido de que “está muy bien ser un rebelde descarado a los diecisiete años, pero si uno no crece y no se convierte en una persona adulta, seria y asentada, las consecuencias pueden ser trágicas y patéticas”, como en el caso de Arturo Belano y Ulises Lima. Concluye Pollack: “Es como si Bolaño estuviera confirmando lo que las normas culturales de Estados Unidos promocionan como la verdad”. Y yo digo: es que así fue en el caso de nuestro insigne escritor, quien necesitó asentarse y contar con una sólida base familiar para escribir la imponente obra que escribió.

Lo que no es culpa del autor es que algunos lectores estadounidenses, a través de Los detectives salvajes, quieran confirmar sus peores prejuicios paternalistas hacia Latinoamérica, según explica Sarah Pollack, como la superioridad de la ética protestante del trabajo o esa dicotomía por la cual los norteamericanos se ven a sí mismos como trabajadores, maduros, responsables y honestos, mientras que a los vecinos del Sur nos ven como haraganes, adolescentes, temerarios y delincuentes. Dice Pollack que, desde este punto de vista, Los detectives salvajes es “una muy cómoda elección para los lectores estadounidenses, pues les ofrece los placeres del salvaje y la superioridad del civilizado”. Y repito yo: nadie sabe para quien trabaja. O como escribía el poeta Roque Dalton: “Cualquiera puede hacer de los libros del joven Marx un liviano puré de berenjenas, lo difícil es conservarlos como son, es decir, como un alarmante hormiguero”.

Sangen-Jaya, Tokio, septiembre de 2009.

domingo, 8 de marzo de 2009

Exhumando a Bolaño

La foto de RBolaño joven que La Vanguardia mostraba en su portada de ayer.
Hace meses anunciaron la publicación de El Tercer Reich, una novela que supuestamente Roberto Bolaño pasaba del manuscrito a la computadora en los días de sus últimos atardeceres en la tierra. Ojalá sea cierto esto de que Bolaño tenía intención de publicarla, porque de no serlo, estaríamos asistiendo al inicio formal de una auténtica cabronada (que pudo haber empezado, incluso, con la publicación de El secreto del mal y La universidad desconocida), pues no tiene demasiada justificación publicarle al compa todo aquello que en vida él mismo no había decidido publicar. Cualquier cosa nueva que aparezca de Bolaño resultará interesante... como curiosidad biográfica o como fetiche quizá (como el dato de su dieta diaria extraído de sus diarios), pero no tanto por su valor literario, supongo. En todo caso, habrá que ver en qué acaba todo esto que ahora parece empezar con el inventario de los papeles del escritor. Les dejo parte de la noticia aparecida ayer en La Vanguardia, con portada y a dos páginas:
La primera vez que Roberto Bolaño escribió el nombre de Benno von Archimboldi fue en 1988, en Blanes, donde vivía como escritor inédito, a la edad de 35 años. Es el inicio de la trama de la novela 2666, publicada tras su muerte, pero el escritor chileno tenía en la cabeza un universo narrativo en el que más que de títulos individuales puede hablarse de una obra total. Una obra que ahora se recibe con entusiasmo febril en EE. UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia, y que le ha convertido en nueva referencia internacional de las letras hispanas.
Bolaño falleció el 14 de julio del 2003. Cinco años después, el enorme puzle que constituye su archivo empieza a revelar sus tesoros. Su legado es el espejo de quien siempre escribía varias historias a la vez y desplegaba y replegaba sus relatos como cajas chinas, estructuras en vórtice, relatos yuxtapuestos. Hay notas manuscritas con los personajes que quince años más tarde emergerían en 2666. Y poemas que coinciden con sus narraciones, como El Gusano de Llamadas telefónicas. También hay diarios -de México, de Barcelona-, en cuyas hojas casi siempre aparecen operaciones aritméticas, quizás su contabilidad del número de líneas escritas o por escribir, y junto a anotaciones y reflexiones, la anotación de su menú del día.
Además de El Tercer Reich, la novela inédita anunciada por el agente Andrew Wylie, hay otras dos novelas, Diorama y Los sinsabores del verdadero policía o Asesinos de Sonora. El estudio del archivo Bolaño se realiza a efecto de catalogación e inventario y el único texto sobre el que existe por ahora la decisión de publicación es El Tercer Reich, inspirado en uno de esos wargames por los que Bolaño tenía -según confesión propia- una inexplicada debilidad. El escritor solía escribir primero a mano y después pasaba el texto a máquina. En 1995 se compró su primer ordenador y antes de morir llegó a tiempo de transcribir en formato digital unas 60 páginas de las 350 mecanoscritas, lo que indica su voluntad de dar por concluida la novela.

martes, 27 de enero de 2009

Bolañiana

¿Lo conocerán los patrióticos novelistas bananeros de nuestro Macondo?
La estrella de la literatura traducida en Estados Unidos desde ya días viene siendo Roberto Bolaño. Primero fue con Los detectives salvajes; después vinieron, creo, Estrella distante, La literatura nazi en América y una edición que reúne sus cuentos; y ahora la que arrasa es 2666. Dicen que es común ver en los aviones, en el metro, en los cafés y en los parques a la gente cargando o leyendo el bloque póstumo del chileno, casi como ha ocurrido en toda Hispanoamérica. Leamos estos fragmentos de una nota de Público:
El difunto escritor chileno Roberto Bolaño ha sido nominado al prestigioso Premio del Círculo Nacional de Críticos Literarios de EEUU por su última novela, 2666, que ha sido reconocida como el mejor libro de 2008 por la revista Time.
La editorial neoyorquina Farrar, Straus and Giroux ha hecho posible que 2666, obra cumbre para muchos de Bolaño (1953-2003), se traduzca al inglés y esté disponible en el mercado estadounidense, donde la crítica no ha escatimado elogios para un autor que definen ya como la nueva estrella de la literatura latinoamericana. "La conquista póstuma de EEUU por parte de Bolaño ya está completa", dijo la revista Time.

viernes, 23 de enero de 2009

¿Quién era Auxilio Lacouture?

Primera página del "dossier Alcira" publicado por Brecha.
La pregunta del título es respondida ampliamente en este texto que nos envía Ignacio Bajter y que apareció previamente en un suplemento dedicado al tema en el periódico Brecha de Montevideo el 9 de enero de 2009 (www.brecha.com.uy). Bajter y otros compinches se convierten en detectives para llegar a la fuente de uno de los personajes más entrañables de Roberto Bolaño: Auxilio Lacouture, "la madre de la poesía mexicana", y nos permite conocer a Alcira Soust Scaffo, una maestra uruguaya que viajó a México y conoció a Bolaño en 1970.
En Los detectives salvajes Roberto Bolaño narra el viaje de Ulises Lima y Arturo Belano hasta perderse en el desierto de Sonora en busca de Cesárea Tinajero. La novela es también la ascensión y derrota del movimiento realvisceralista, pandillaje poético de los enfermos de literatura, que roban libros y no admiten otra vida que el arte. Es sabido que detrás de Ulises Lima está el poeta Mario Santiago y que Arturo Belano es álter ego de Bolaño, tanto como esos realvisceralistas de la ficción tienen el aura de los infrarrealistas que en los años setenta procuraban hacer polvo las estatuas de la poesía y estropearle los recitales a Octavio Paz.
Aunque detrás de los nombres puede que no haya más que la luz fabulosa de un novelista, o la distancia del tiempo y la imaginación para aproximarse a la juventud perdida. En un breve pasaje de la novela el chileno aviva la voz de una “poeta sin obra” amistada con el cuerpo principal del realvisceralismo. En la voz de Auxilio Lacouture, Bolaño cuenta la historia de una uruguaya que en 1968 resiste, encerrada en un baño de la Torre de Humanidades, la intervención militar a la UNAM. De a poco se ha ido conociendo la verdad del episodio, el destino de quien recibió a los represores con la viva voz de León Felipe recitando sus poemas por los altoparlantes de la radio comunitaria. De no haber sido una pesadilla llevada al arte, ese gesto sólo habría cruzado la oralidad hasta el olvido.
El negativo de Auxilio es Alcira Soust Scaffo, una maestra de Durazno que viajó a México y conoció a Bolaño en 1970. Tantos años después éste decide escribir narrativa para sobrevivir, y echa mano de quienes se han cruzado en su camino para componer sus novelas. Así la vida de esta mujer que, vista a la distancia, no deja de ser una historia de rebeldía extrema, triste y “bolañiana”.
El arte de la ficción es un misterio. Quienes conocieron a Bolaño en sus años mexicanos dicen que era “alciresco”. Nunca es una buena tarea establecer coordenadas entre los personajes de papel y los que están fuera del papel, pues estos últimos suelen ser más arduos e imperfectos que los otros y es más difícil llegar a conocerlos.
Tal vez detrás de una ficción no haya más que la vieja habitación de espejos puestos en abismo. De seguro, sin Los detectives salvajes y Amuleto, la belleza personal de Alcira se hubiese borrado con la misma pasión voraz con la que vivió, tal como esos jóvenes latinoamericanos en la intemperie miserable de las calles: los poetas que llevaron su vida y su canto y sus sueños rumbo al matadero.
En una de las fotografías de la pandilla infrarrealista tomada en el bosque de Chapultepec en un día soleado de 1975, aparecen abrazados Macario, Bolaño, Santiago, Orlando Guillén con su libro de Saint John-Perse, Julián Gómez, Bruno Montané y una mujer que sostiene un bolso y sus papeles. Ella, que a veces se dice “charrúa”, es más o menos treinta años mayor que el resto de los amigos.
Faltan años y decepciones antes de que Bolaño invente a Belano y le haga decir a Auxilio: “Soy la madre de la poesía mexicana”, o más íntimamente: “Yo conocí a Arturito Belano cuando él tenía diecisiete años y era un niño tímido que escribía obras de teatro y poesía y no sabía beber”.
En este punto de su texto, Bajter nos informa que “Alcira llegó a México el 7 de mayo de 1952. Tenía entonces 29 años y ya había trabajado como maestra rural”. Y más adelante dice:
Alcira tardaría 36 años en regresar de su viaje mexicano. Entre sus familiares esa aventura tan lejana tomó, con lentitud, el espesor de un mito. Sus amigos poetas veían en su existencia vulnerable una densidad que estaba destinada al arte: Bolaño le dio un lugar en el amplio fresco de Los detectives..., su libro más épico y picaresco, y le dio luego un libro entero y la voz del monólogo extenso de la novela Amuleto, donde relata otros episodios de la represión del 68.
Luego viene una extensa desviación del tema Bolaño/Alcira, en la que se habla esencialmente de los años de Alcira en México, pero hacia el final, el autor de este texto vuelve a juntar al escritor y a su musa:
Bolaño ha dejado de ver a Alcira desde 1976. Puede que su hermana Salomé le pase noticias. Escribe en Cataluña Los detectives salvajes, publicada en 1998: la voz de Auxilio lo persigue y el monólogo de pocas páginas obliga al escritor a continuar con el manuscrito de Amuleto: una novela musical para un solo instrumento que abría una trilogía interrumpida, que el chileno continuó con Nocturno de Chile. Son “piezas teatrales, de una sola voz, inestable, caprichosa, en diálogo con su destino”. El destino que asume para la protagonista de Amuleto es el de quien ha dejado todo para perderse en la poesía y el horror. Se dice que Alcira blasfemaba un poco: “¡Pinche Roberto!, por qué no me saca de esos libros…”. Ese supuesto rechazo a verse retratada por Bolaño no es más que una fantasía de la radicalidad postinfra, de la ortodoxia: Alcira estaba desaparecida cuando un espejo de ficción tomó su imagen.
(…)
El hilo de Los detectives salvajes y el final alegórico de Amuleto han fijado la leyenda y su fidelidad a la poesía, un canto a la solidaridad y un amor interminable a las cosas que acabarán en el despeñadero, como le gustaba decir a Bolaño. La Alcira de los testimonios convive, cálidamente, con Auxilio Lacouture: cuando se perciben en una realidad cuyo sentido es dado por la historia (documental, ficcional) se recupera un espectro que pertenece al arte. En una entrevista, Bolaño recordaba a Alcira a través de las ficciones: “Ella es como la testigo amnésica de un crimen que intenta recobrar la memoria, así que en ese sentido actúa también como una metáfora: los latinoamericanos hemos presenciado crímenes que luego hemos olvidado”. Ése es el pueblo que una mujer ganó al borde de la muerte y ésa es su metáfora y su inmolación. La existencia como una obra en la historia del desequilibrio.
Nota: a quien le interese, le puedo enviar el dossier completo en un archivo pdf a vuelta de email.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Se busca actor porno en H

Calle de El Progreso, lugar de la desaparición de Reinaldo Hermosilla. Fuente: www.panoramio.com

En el cuento "Prefiguración de Lalo Cura", del libro Putas Asesinas de Roberto Bolaño, volvemos a encontrar otra mención a nuestra "magnífica y terrible" H. Esta vez se trata de un actor porno y les dejamos aquí un fragmento del cuento para que vean lo que le sucedió:

El Pajarito Gómez, un caso paradigmático en el porno de los ochenta. Ni la tenía grande, ni era culturista, ni gustaba a los consumidores potenciales de esa clase de películas. Se parecía a Walter Abel. Un aficionado que Bittrich sacó del arroyo para ponerlo delante de una cámara: el resto era tan natural que parecía mentira. El Pajarito vibraba, vibraba y de repente, dependiendo de la resistencia del espectador, éste quedaba atravesado por la energía de aquel trocito de hombre de apariencia tan endeble. Tan poquita cosa, tan mal alimentado. Tan extrañamente victorioso. El actor porno por excelencia del ciclo de películas colombianas de Bittrich. El que mejor daba la talla de muerto y el que mejor daba la talla de ausente.
También fue el único que sobrevivió del elenco del alemán: en 1999 sólo quedaba con vida el Pajarito Gómez, los demás habían sido asesinados o se los había llevado por delante la enfermedad. Sansón Fernández, muerto de sida. Praxíteles Barrionuevo, muerto en el Hoyo de Bogotá. Ernesto San Román, muerto a navajazos en la sauna Arearea de Medellín. Alvarito Fuentes, muerto de sida en la prisión de Cartago.
Todos jóvenes y con la picha superior. Frank Moreno, muerto a balazos en Panamá. Óscar Guillermo Montes, muerto a balazos en Puerto Berrío. David Salazar, llamado el Oso Hormiguero, muerto a balazos en Palmira. Caídos en ajustes de cuentas o en reyertas fortuitas. Evelio Latapia, colgado en un cuarto de hotel en Popayán. Carlos José Santelices, apuñalado por desconocidos en un callejón de Maracaibo. Reinaldo Hermosilla, desaparecido en El Progreso, Honduras. Dionisio Aurelio Pérez, muerto a balazos en una pulquería de México, Distrito Federal. Maximiliano Moret, ahogado en el río Marañen.

Salvaje ménage à trois con H incluida

Fuente: sunwalked.wordpress.com/.../menage-a-trois

Asistamos a este trío, narrado por el poeta real visceralista Juan García Madero, en el que se ve implicado -hasta las heces- el hijo del embajador de H en México, y a las conclusiones de Onán al respecto:

Y ya que unas líneas atrás mencionamos al recordado Roberto Bolaño, justo es reconocerle la elegancia con que se dejaba seducir por el discreto encanto y la manera sutil y ligera con que desgranaba gentilicios a lo largo de las páginas de sus novelas más conocidas. Como en la página 57 de Los detectives salvajes, donde debemos rastrear el antecedente para no perderno s el sentido de la composición o, mejor dicho, del ménage à trois que representan Ernesto San Epifanio, el muchacho rubio (a quien luego conoceremos como Billy) y su hermana mayor: “Aproximadamente por la foto número veinte el muchacho rubio comenzaba a vestirse con la ropa de su hermana...a partir de la treinta o treintaicinco San Epifanio también se desnudaba... Las fotos siguientes mostraban a San Epifanio besando el cuello del adolescente rubio, sus labios, sus ojos, su espalda, su verga a media asta, su verga enhiesta (una verga, por lo demás, notable en un muchacho de apariencia tan delicada), bajo la siempre atenta mirada de su hermana...Tal y como temía las siguientes fotos mostraban al lector de Brian Patten enculando al adolescente rubio... El rostro del muchacho enculado se retorcía en una mueca que presumí de placer y de dolor mezclados”. Quizás la extensión y naturaleza de la cita anterior molesten a más de algún silvestre narrador vernáculo, pero era imprescindible para que comprendiéramos más cabalmente la siguiente afirmación, que cae como un bloque de mármol sobre nuestra lectura: “Es el hijo del embajador de Honduras -dijo San Epifanio lanzándome una mirada funesta- Pero no se lo digas a nadie -añadió después, arrepentido de haberme confesado su secreto.”
Y páginas más adelante, exactamente en la 59, un aire de misterio complementa la revelación: “Así que el hijo del embajador de Honduras se llamaba Billy; muy apropiado, pensé”. No pueden ser más inescrutables las razones que tiene Juan García Madero –el poeta real visceralista cuya voz narrativa predomina en esta parte de la novela titulada “Mexicanos perdidos en México (1975)”- para afirmar que resulta “muy apropiado” que el hijo del embajador de Honduras, maricón para más señas y amante de otro poeta real visceralista, Antonio San Epifanio, se llame Billy. No obstante, G. Domínguez -anodino gacetillero que formó parte durante varios años de la sala de redacción de un diario nacional- me aseguró que no era más que una evidente alusión a cierto columnista de gustos sodomitas, quien medró en las páginas sociales de ese periódico durante la década perdida. Domínguez también me contó que dicho personaje era “el consentido” del jefe de redacción, un dipsómano empedernido de sonrisa perpetua sobre la faz inexpresiva, a quien el columnista aberrado y Sarah Dobles -su amiga del alma y conocida rufiana, que labró su fortuna “consiguiendo carne fresca de concurso de belleza” (sic) para los jefes militares de la década perdida- convidaban cada fin de semana a francachelas inacabables en su casa de playa, herencia que la compañía bananera había dejado al padre del sodomita, a quien se consideraba, además de obediente lamesuelas de los jerarcas de Cincinnati, coautor de la nefasta “Carta Rolston”. Según Domínguez, el columnista aberrado había vivido en México durante la época en que Bolaño ambienta su novela y quizás pudo servir de modelo para el “Billy” de San Epifanio, ya que de manera consuetudinaria desgranaba en sus “escritos” melancólicos recuerdos de su paso por “la región más transparente del aire”. Quizás los investigadores literarios del próximo siglo logren aclarar éste y otros misterios que concita la narrativa de Roberto Bolaño.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

De cómo Bolaño se dejó encantar por la H

Bolaño investigando en las calles de Tegucigalpa. Fuente: El Mercurio, Alfredo Cáceres.

En "El discreto encanto de la H", el relato de Mario Gallardo que hemos venido copiando y pegando aquí para engrosar nuestro archivo sobre la presencia de la H en la literatura mundial, el narrador ofrece algunas pistas que nos ayudarán a comprender por qué Bolaño se dejó seducir. Veamos:

En su afán por iluminar algunos detalles en torno a esta alusión, la investigadora Helen Umaña, en su libro inédito Roberto Bolaño y la literatura nazi en Honduras, confirma que el autor chileno estuvo de visita varias veces en Tegucigalpa a fines de la década del 80. No fue necesario que tratara de preservar su anonimato porque, de hecho, en aquellos tiempos nadie conocía su gracia ni su obra por estos patrios lares. Umaña refiere que “una fuente fidedigna, que me rogó guardar su nombre bajo absoluta reserva”, le había confiado que Bolaño había visitado Tegucigalpa “para reforzar la investigación sobre su libro La literatura nazi en América, ya que fuentes cercanas al nimio y, dicho sea de paso, vitalicio director de la Editorial Universitaria, le habían informado que a fines de la II Guerra 80 Mundial arribó al país un buen grupo de nazis de medio cuño, la resaca de los que no pudieron asilarse en Argentina, Chile, Brasil y Paraguay, quienes finalmente lograron establecerse en el sur, por la facilidad que les ofrecía, como posible ruta de escape, el puerto de Amapala”.
A manera de conclusión, Umaña agrega que “en la historia de Popescu y su esposa hondureña Asunción Reyes es evidente que Bolaño, durante sus visitas a Honduras, pudo percibir algunas características de la vida nacional, y de esta suerte vemos retratada con singular fidelidad la importancia de las autoridades eclesiásticas, así como la influencia determinante de los Estados Unidos en la economía, aunque quizás resulta excesiva su observación sobre la pujanza del síndrome de Alí Babá entre nuestros connacionales”.
"El discreto encanto de la H". Las virtudes de Onán. Mario Gallardo.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Bolaño y la jodida H en 2666

En tres de sus libros, Roberto Bolaño hace referencia a esta hermosa tierra catracha. Para pesar de muchos, y alegría de pocos, el autor chileno utiliza lupa y bisturí cuando escribe acerca de nuestra bella, acogedora e inigualable patria.
Si estos párrafos ficticios recuedan algo de la realidad, es pura coincidencia. Así que no deben preocuparse quienes se sientan aludidos, esto es literatura, y no una investigación de posibles actos de corrupción. Además, para esos casos en el país hay suficientes jueces, sellos y firmas por medio de cuales demostrar la honradez.
Pero vamos a lo nuestro, en 2666, en La Parte de Archimboldi, nos encontramos con un ciudadano rumano llamado Hermes Popescu. Luego de la guerra, Popescu "se introdujo en negocios turbulentos en los que se mezclaba el hampa, el espionaje, la Iglesia y las licencias de obra. Llegó el dinero. Dinero a manos llenas". Con el paso del tiempo, se casó con una actriz centroamericana, hondureña para más señas. Veamos el texto.
Popescu y Asunción Reyes
"Muchos años después, cuando su fortuna era más que considerable, Popescu se enamoró de una actriz centroamericana llamada Asunción Reyes, una mujer de una belleza extraordinaria, con la que se casó. La carrera de Asunción Reyes en el cine europeo (tanto en el francés como en el italiano y en el español) fue breve, pero las fiestas que dio y a las que asistió fueron, literalmente, innumerables. Un día Asunción Reyes le pidió que, ya que tenía tanto dinero, hiciera algo por su patria".
Navidad en Tegucigalpa

"Al principio Popescu creyó que Asunción se refería a Rumanía pero luego se dio cuenta de que hablaba de Honduras. Así que aquel año, por navidades, viajó con su mujer a Tegucigalpa, una ciudad que a Popescu, admirador de lo bizarro y de los contrastes, le pareció dividida en tres grupos o clanes bien diferenciados: los indios y los enfermos, que constituían la mayoría de la población, y los así llamados blancos, en realidad mestizos, que era la minoría que ostentaba el poder".

La naturaleza de los hondureños
"Todos gente simpática y degenerada, afectados por el calor y por la dieta alimenticia o por la falta de dieta alimenticia, gente abocada a la pesadilla. Posibilidades de negocio había, de eso se dio cuenta en el acto, pero la naturaleza de los hondureños, incluso de los educados en Harvard, tendía al robo, a ser posible el robo con violencia, por lo que trató de olvidar su idea inicial. Pero Asunción Reyes insistió tanto que en el segundo viaje navideño que realizó se puso en contacto con las autoridades eclesiásticas del país, las únicas en las que confiaba".
Un metro en la capital, ¡qué bonito!
"Una vez hecho el contacto y después de hablar con varios obispos y con el arzobispo de Tegucigalpa, Popescu estuvo meditando en qué ramo de la economía invertir el capital. Allí lo único que funcionaba y daba ganancias ya estaba en manos de los norteamericanos. Una tarde, sin embargo, durante una velada con el presidente y con la mujer del presidente, Asunción Reyes tuvo una idea genial. Se le ocurrió, sencillamente, que sería bonito que Tegucigalpa tuviera un metro como el de París. Popescu, que no se arredraba ante nada y que era capaz de ver los beneficios en la idea más peregrina, miró al presidente de Honduras a los ojos y le dijo que él podía construirlo. Todo el mundo se entusiasmó con el proyecto".
¿Realidad o ficción?

"Popescu se puso manos a la obra y ganó dinero. También ganó dinero el presidente y algunos ministros y secretarios. Económicamente tampoco quedó mal parada la Iglesia. Hubo inauguraciones de fábricas de cemento y contratos con empresas francesas y norteamericanas. Hubo algunos muertos y varios desaparecidos. Los prolegómenos duraron más de quince años. Con Asunción Reyes Popescu encontró la felicidad, pero luego la perdió y se divorciaron. Olvidó el metro de Tegucigalpa".

viernes, 17 de octubre de 2008

Novela inédita de Bolaño

Una agradable noticia nos llega desde El periódico de Catalunya acerca de una supuesta novela inédita de Bolaño. Si la información resulta cierta, será bueno volver a leer algo nuevo del eterno detective salvaje.
La Feria del Libro de Fráncfort no pasará a la historia por la lucha a brazo partido para hacerse con el gran libro del certamen. Pero siempre hay alguna gran sorpresa, y el agente literario Andrew Wylie ofrece probablemente la mayor. Una novela inédita y acabada del fallecido escritor chileno Roberto Bolaño, titulada El Tercer Reich, que se desarrolla en la Costa Brava y está protagonizada por un joven fanático de los juegos de estrategia. Como lo era el propio Bolaño, fallecido en Blanes en el año 2003.
La historia del manuscrito es misteriosa. Ni los anteriores representantes de Bolaño (hasta que Wylie atrajo a la viuda del escritor) ni su editor, Jorge Herralde, conocían la existencia del texto. En el disco duro de su ordenador no había rastro de él. Pero, según The Wylie Agency, que podrá empezar a contratar el libro a partir del 5 de noviembre, cuando releve a la Agencia Carmen Balcells, el texto es "una novela completa, mecanografiada y meticulosamente corregida a mano". Las características del texto sitúan en todo caso la obra en una fecha anterior a 1996, cuando el escritor empezó a utilizar un PC para redactar Los detectives salvajes, el libro que el año pasado le abrió las puertas de par en par al mundo anglosajón, donde ahora está a punto de aparecer 2666. Los nuevos representantes de Bolaño ofrecen el libro como "la historia del descenso de un hombre a una pesadilla", situado "en las playas encantadas de la Costa Brava".
Según el extracto que facilitan a los -muchos- editores internacionales interesados, el protagonista, Udo Berger, es un campeón de wargames alemán que viaja con su novia a un hotel de la Costa Brava para preparar un torneo de un juego de mesa, El Tercer Reich, que le enfrentará cara a cara con un campeón norteamericano. Allí comparten sus vacaciones con otra pareja alemana, Charly y Hanna, hasta que el primero de estos desaparece tras cruzarse con dos siniestros personajes locales, El Lobo y El Cordero. Udo, a quien persigue un sombrío detective y que acaba llevado al delirio "por el surrealista paisaje de la Costa Brava", se enfrenta finalmente en una partida a muerte con un personaje enigmático y desfigurado, El Quemado.

domingo, 12 de octubre de 2008

Tres por uno: tres

Ahora mimalapalabra equivale a tres. Porque además de este blog, creado en noviembre de 2006, según recuerdo, a Carlos se le ocurrió la magnífica idea de crear dos blogs hermanos: mimalapalabra-revista, donde podrán encontrar archivadas las publicaciones de mimalapalabra en diario La Prensa desde junio de 2007 hasta su último número, el 50, que data del 27 de julio de 2008, y mimalapalabra-biblioteca, que reunirá los libros que Carlos vaya encontrando y hurtando en la red para beneficio público, aunque esto sea un poco peligroso. De cualquier manera, el autor de estos blogs se lo toma con buen humor y nos pone, a manera de prólogo, lo siguiente:

  • Justificación
Como ciudadano común y corriente del tercer mundo (entiéndase asalariado) carezco de escáner, apenas poseo una Compac de escritorio (y de segunda) comprada a un amigo. Los textos aquí incluidos los he pescado en la red y por lo tanto ya son de dominio público.
  • Tenemos el permiso de Bolaño
Marcela Soto: ¿No le importa perder los derechos de autor?
Bolaño: En lo más mínimo. Además, no pierdo los derechos de autor; el que pierde es el librero.
  • Realidad tercermundista
Para un estudiante de literatura (de Honduras y de la Unah-vs) es difícil obtener muchos de los textos sugeridos por los profesores:
1) La biblioteca universitaria no pasó más allá de libros de la década del ochenta.
2) Es posible encontrar la ficha bibliográfica de algún texto, pero lo más seguro es que ha desaparecido de los estantes de la biblioteca.
3) Las librerías nacionales prefieren vender (no esperamos otra cosa) libros de autores que "todos" consumen. Eso motiva la creación de este blog.
  • Roberto Bolaño: ladrón de libros
“Los libros que más recuerdo son los que robé en México DF, entre los dieciséis y los diecinueve años. (...) El primer libro que cayó en mis manos fue un pequeño tomo de Pierre Louÿs, con hojas delgadas como papel de Biblia, no sé ahora si Afrodita o Las canciones de Bilitis. Pero fue una novela la que me sacó y me volvió a meter en el infierno. Esta novela es La caída de Camus, un libro difícil de sustraer y que no supe si ocultar bajo la axila o en la espalda, pues no se amoldaba a mi americana de estudiante cimarrero, y que al final, saqué a vista y paciencia de todos los empleados de la Librería de Cristal, que es una de las mejores formas de robar y que había aprendido en un cuento de Edgar Allan Poe”.

sábado, 11 de octubre de 2008

Piglia: tienes un e-mail

Ricardo Piglia en un café de París. Fotografía tomada de El País.

El vuelo de un e-mail espectral

Por Ignacio Bajter
En el otoño de 2006 Ricardo Piglia viajó a Chile para recibir el Premio Iberoamericano José Donoso concedido por la Universidad de Talca. Ese episodio dio ocasión a un cuestionario respondido con fidelidad a la práctica crítica de la “forma breve”. Sobre el galardón académico dijo, como un pibe artliano que ha dormido todas sus noches en una pensión porteña: “Estoy muy contento de haber recibido un premio que también recibió el gran José Emilio Pacheco.” En Talca había presentado la clase magistral “El arte de narrar”. Un escritor en un aula universitaria: “Bueno, a narrar no se aprende en la Universidad. Todos somos narradores, nos pasamos la vida contando historias (luego algunos las escriben). La Universidad es también, desde luego, un lugar donde circulan los relatos.” A pesar de la devolución inmediata, el archivo electrónico que contenía las respuestas estuvo suspendido en el ciberespacio entre los meses de mayo y noviembre de ese año: su nombre había sido extrañamente abducido por el azaroso servidor de correo local. La reedición de La invasión permitió dar luz a textos archivados y, con menor distancia que algunos de sus primeros cuentos, recuperar la voz inédita de Piglia con un mecanismo mucho menos imaginativo que su “Homenaje a Roberto Arlt”. Brecha publicó el 10 de agosto de 2007 parte de esta entrevista exprés.
Clases de literatura: Enseño en Princeton desde 1987. El lugar está lleno de nombres y presencias fantasmales (Fitzgerald y Faulkner anduvieron por aquí). Pero siempre he preferido los fantasmas que circulan por la ciudad de Buenos Aires (Macedonio y Arlt en primer lugar).
Encuentro con Nicanor Parra: Pasamos un día charlando y tomando vino. Me hace acordar a esos grandes boxeadores de peso liviano (como Cirilo Gil o Nicolino Locche) rápidos, ágiles, que se mueven como si bailaran. Parra, el poeta como boxeador.
Sobre Roberto Bolaño: Nos vimos varias veces, me gusta mucho su ironía y la ironía es una condición de la amistad. El chiste como contraseña entre amigos. (…) ha dejado una gran obra y eso es todo lo que tenemos que pedirle a un escritor. Sus libros nos hacen leer de otro modo la literatura. Habría que decir, los libros de Bolaño cambiaron el modo de leer nuestra literatura. No es el único que ha hecho eso (Saer es uno, Puig es otro), pero sólo los que inventan algo nuevo pueden producir ese cambio.
Las historias secretas: La verdadera historia de cada uno de nosotros está escrita en las fichas policiales. El registro policial de nuestros actos es algo de lo que verdaderamente podemos enorgullecernos: los archivos del Estado como la verdadera historia particular (o la verdadera historia de los particulares).
El cruce de invención y crítica: Siempre he visto la combinación de voz poética y voz crítica como una marca de la literatura de vanguardia. Los escritores a los que más admiro (como Brecht o Pound o Borges) han hecho eso. Aspiro a esa conjunción, pero nunca la he logrado.
Blanco nocturno, una novela en borrador: Paso muchos años con una novela, eso no quiere decir que esté todo el tiempo escribiéndola. Termino una versión y la dejo por un tiempo (a veces años enteros) y después la retomo y sigo y vuelvo a dejarla. Me gustan las novelas que cuentan muchas historias y esas tramas (al menos en mi caso) necesitan tiempo.
El dracma: Esa moneda griega tiene una historia, aparece en un barco hundido uno de mis primeros cuentos (“En noviembre”, recogido en la reedición de La invasión) y luego en un bar de la calle Corrientes, en un relato posterior. Me gustaría que la moneda volviera a aparecer en algún otro relato y también me gustaría contar toda su historia, desde el principio, desde que fue acuñada y empezó a circular. ¿Por cuántas manos pasa una moneda a lo largo del tiempo? ¿Y cómo viaja de un lado al otro? Me gustaría seguir esa historia.
El diario personal: Salvo ese Diario y algunas notas que tomo de vez en cuando, nunca escribo a mano. Me gustaría escribir a mano solamente el Diario. Habría que decir, sólo sabía escribir a mano en su Diario.
Los rostros de los escritores y la ficción: A veces la cara no corresponde. Por ejemplo, a la prosa de Hemingway le corresponde la cara de Beckett mientras que la cara de Hemingway le vendría bien a la prosa de Jorge Amado. El que tiene una cara a la altura de lo que escribe es Roberto Arlt. Pero la cara de escritor que más me gusta es la de Clarice Lispector (y también la de Katherine Porter cuando era joven, con el pelo atado). Bellísima, Isak Dinesen de vieja.
Santa María: Recuerdo de memoria el comienzo de muchos textos de Onetti y a veces se me aparecen de pronto en cualquier lado (como si fueran poemas). Por ejemplo el comienzo de “La novia robada”: “En Santa María nada pasaba, era en otoño, apenas la dulzura brillante de un sol moribundo, puntual, lentamente apagado…”
El detective en una librería: Hace unos días, en una librería de usados acá en Princeton, encontré una edición de Star Maker de Olaf Stapledon y me acordé que leí por primera vez ese libro en La Plata, cuando era estudiante; había encontrado la edición de Minotauro en una mesa de saldos de la vieja librería Palumbo en la calle 6. Las librerías de viejo son el verdadero lugar donde persiste la literatura más allá de las novedades y las modas. Y lo notable es que, en cualquier ciudad, hay siempre abierta una librería de usados en la que uno puede pasarse las horas con la ilusión de encontrar lo que busca (aunque no sepa lo que es).
La versión cinematográfica de Plata quemada: Un novelista es el peor espectador de una película basada en un libro propio. Trabajé varios años como guionista, así que me di cuenta rápidamente que el cine está interesado en la narración, pero nunca en el lenguaje en que un libro está narrado. Y por supuesto una novela no es otra cosa que el modo en que está escrita.
En 1998 decía que “la muerte de la literatura sería algo a lo cual esta sociedad aspira”: No me acordaba. Me parece que en estos años las cosas no han hecho más que empeorar. Hay cada vez más periodismo sobre literatura y menos literatura.
Libros, reseñas, cultura de masas: Ojalá los suplementos culturales fueran tan buenos (al menos tan precisos) como los suplementos deportivos. Los que escriben sobre fútbol escriben para gente que entiende de lo que se está hablando. No se ven obligados a explicar cada vez que un equipo tiene once jugadores o que Pelé era brasileño. En cambio los suplementos culturales tienden a explicar todo de nuevo cada vez como si empezaran siempre de cero.
Narrativa y ciberespacio: Me interesan mucho esas nuevas posibilidades técnicas. Se han escrito ya algunas novelas que tienen eso como tema (por ejemplo las de William Gibson), pero no se ha escrito nada que yo conozca usando las posibilidades técnicas de un lenguaje que se manifiesta sin mediación (al menos sin la mediación del papel o de la imprenta). Habrá que esperar un nuevo Joyce.