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martes, 20 de abril de 2010

Día del Libro incompleto


Plaza del centro de Liubliana. Foto: JAVIER TLES.

Enrique Vila-Matas se fue a una ciudad eslovena con un puñado de páginas arrancadas a un libro que habla sobre Kafka. De ahí que se haya puesto a pensar en esos libros que, deliberada o indeliberadamente, quedan incompletos. La nota viene de El País:
En mi viaje de ida y vuelta en un solo día a Liubliana -media Europa paralizada- no quería ir muy cargado y, además, a la hora de leer en el avión, deseaba concentrarme exclusivamente en el capítulo decimotercero de Los años de las decisiones, el gran libro de Reiner Stach sobre Kafka. El volumen pesaba 900 gramos y por su tamaño, además, parecía incompatible con las estrecheces de los mínimos espacios que encontramos en los asientos de los aviones de hoy en día, de modo que, poco antes de salir de casa, arranqué las hojas pertenecientes a ese capítulo y me las llevé por el mundo del volcán desordenado.

Tanto en el vuelo de ida como en el de vuelta leí y estudié a fondo el fajo de cómodas hojas portátiles que componían esa densa nube de ceniza que es el capítulo decimotercero, América y de vuelta, donde Stach comenta que nada hay tan difuso como la vida de Kafka, pues la vida y los sueños le servían al escritor de materia para la ficción, pero al mismo tiempo la ficción se infiltraba en la biografía. Todo eso me llevó a recordar el inventario de los sueños de Kafka que ha publicado Errata Naturae; un recuento sobrecogedor, sobre todo cuando comprendemos que ese material se infiltró directamente en su propia biografía.

En fin, fui a Liubliana con mi puñado de hojas brutalmente arrancadas y a la vuelta, al regresar a casa y reencontrarme con el volumen lisiado, pensé en los muchos libros a los que faltan páginas y también en Unfolding The Aryan papers, brillante exposición que puede verse estos días en Madrid en la galería Helga de Alvear: un tapiz de fotogramas y material fílmico basado en guiones incompletos de películas que las hermanas Wilson descubrieron en los archivos de Stanley Kubrick.

De Unfolding The Aryan papers me han interesado especialmente las fotografías en las que, vestida al estilo de los años cincuenta, Louise Wilson se adentra en una estancia de Maggs, célebre librería de Londres. Los viejos volúmenes que rodean a Louise contienen primeras ediciones incompletas que están a la espera de restauración, de páginas que reparen lo que falta. Son ediciones cojas que, a las puertas mismas ya del Día del Libro, me han llevado a pensar en esa gran afirmación de la ausencia que es el arte de lo no leído, arte paralelo y actividad tan válida y estimulante como la lectura misma. No dejan de sorprenderme siempre los que van diciendo por ahí que han terminado de leer una novela, porque hay que ser bastante ingenuo para creer que abundan los libros completos. ¿Quién ha leído enteras, por ejemplo, las escrituras sagradas? Una particularidad del Talmud babilónico es que falta la primera página a cada uno de los tratados que lo componen. Preguntado el gran maestro Rabí Leví Yitzhak por el motivo de esa falta que obliga al lector a comenzar por la página dos, respondió: "Porque, por muchas páginas que lea el estudioso, nunca debe olvidar que no ha alcanzado aún la mismísima primera página".

Hace sólo un momento me disponía a devolver a su lugar el capítulo arrancado a Los años de las decisiones, pero he cambiado de idea y voy a alinear el volumen tal como está -incompleto- en un sector especial de la biblioteca que ando organizando en el corredor de casa. Allí coloco tanto los libros a los que arranqué capítulos -no son muchos- como también todos aquellos -muchos más- a los que nada les quité, pero en los que, observando pesaroso su vuelo raso, echo en falta páginas que, de haber sido escritas, habrían podido acoger al menos un significado oculto del libro. En tales circunstancias, ¿no deberíamos el próximo viernes celebrar el Día del Libro incompleto? Haríamos así justicia a la clamorosa ausencia de tantas páginas esenciales, muchas de las cuales son las que precisamente busco y trato de imaginar cuando dedico mi tiempo al arte de lo no leído.

viernes, 27 de noviembre de 2009

El fantasma de Kafka reaparece



Franz Kafka
Hoy en publico.es vuelven a la carga con las noticias sobre el legado de Kafka. Conocida la anécdota (posiblemente falsa) del escritor checo diciéndole a su amigo Max Brod que quemara sus papeles y éste, una vez muerto el escritor, negándose a hacerlo, todos coincidiremos seguramente en que sí sería interesante que se descubrieran ahora unos cuantos manuscritos inéditos.
El legado del escritor checo Franz Kafka se encuentra más diseminado por el mundo de lo que se pensaba hasta ahora. El grueso de los manuscritos se hallan en Israel, pero también los hay en varios países del mundo, y ahora se ha descubierto que una parte significativa de su obra está enterrada en la caja fuerte de un banco suizo.

El semanario alemán Der Zeit y el diario de Tel Aviv Haaretz han revelado la enrevesada historia de estos manuscritos, que en un principio fueron propiedad de Max Brod, amigo y albacea de Kafka. Brod se estableció en Tel Aviv en el año 1939 con el legado literario del escritor, a pesar de que Kafka le pidió como última voluntad que quemara todos sus textos.

Antes de fallecer, Brod cedió sus bienes relacionados con Kafka a su secretaria, Esther Hoffe, que también residía en Tel Aviv, quien a su vez subastó a escondidas en el extranjero varios manuscritos por cantidades millonarias.

Al fallecer hace dos años, Esther Hoffe estableció en su testamento que sus propiedades pasaran a sus dos hijas, Hava y Ruth. La caja fuerte de Zurich pertenece a Hava, quien ahora desea vender su contenido a varias instituciones y archivos alemanes, algo que tratan de impedir en los tribunales las autoridades israelíes alegando que los manuscritos salieron ilegalmente del país.

Psicoanálisis y secretismo
El semanario Der Zeit revela que entre los textos ocultos en el banco suizo se halla Carta a mi padre, un texto crucial en la obra de Kafka que tiene profundas implicaciones psicoanalíticas, según los expertos.

La pugna por los manuscritos se ha recrudecido en estos últimos meses. Las hermanas Hoffe alegan que los textos en disputa fueron "regalados" por Max Brod a su madre en 1945, tres años antes de que se fundara el Estado de Israel, de manera que, legalmente, Israel no tendría ninguna opción de recuperarlos.

"El secretismo que rodea a la caja fuerte de Zurich habla por si sólo", ha dicho el abogado Heller, que defiende los intereses del Estado. "Si las hermanas Hoffe son las propietarias legales, ¿qué es lo que pretenden ocultar?".