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miércoles, 21 de abril de 2010

Kundera se une a Redonda


Milan Kundera, último ganador del Premio Reino de Redonda.
La siguiente nota, tomada de El País, está llena de curiosidades. Primero está la de la existencia de un premio literario cuyo jurado es, probablemente, el mejor y más numeroso del mundo. Después, la historia de ese premio y algunas anécdotas de sus premiados, entre los que destacan J.M. Coetzee y el más reciente, Milan Kundera:
"Agradecido, honrado y divertido". Esas tres palabras usó Milan Kundera al enterarse de que se le había concedido el Premio Reino de Redonda, que este año alcanza la décima edición. El término clave es "divertido", porque el lema del "reino" es Ride si sapis (ríe si sabes) y porque el "rey" actual de ese islote antillano es Javier Marías. El autor de Tu rostro mañana cuenta que uno de los escollos que debe sortear cada año es el momento de explicarle al premiado "el asunto". Y "el asunto", reconoce su promotor, "es extravagante, un poco loco". A saber: en 1880, el escritor británico M. P. Shiel fue coronado rey de una isla caribeña de un kilómetro y medio de largo por un kilómetro de ancho comprada años antes por su padre. Poblada exclusivamente por alcatraces, la isla se convirtió en la base real de un reino imaginario que terminó bajo la "protección" de Marías en 1997 después de que "abdicara" en él el británico Jon Wynne-Tyson, que se había inventado una particular nobleza literaria de la que formaron parte Henry Miller, Lawrence Durrell y Dylan Thomas.

El novelista español dice "con comillas" cada vez que pronuncia rey, duque o abdicar. Sabe que se arriesga a que lo tomen por chiflado, pero asume el riesgo recordando que en el mundo literario "sobra solemnidad". Javier Marías lanzó en 2000 la editorial Reino de Redonda y un año más tarde, el premio homónimo, que en su primera convocatoria recayó en J. M. Coetzee, adelantándose al Nobel de literatura que recibiría en 2003. El huidizo escritor surafricano elogió el lado "quijotesco" del galardón y se convirtió en la cabeza de un palmarés de "duques" formado por John Elliott, Claudio Magris, Eric Rohmer, Alice Munro, Ray Bradbury, George Steiner, Umberto Eco, Marc Fumaroli y, ahora, Kundera.

Coetzee, además, se convirtió en el miembro más fiel de un jurado del que este año formaron parte, premiados aparte, escritores y cineastas como Pedro Almodóvar, Lobo Antunes, John Ashbery, Eduardo Mendoza, Pérez-Reverte y Vargas Llosa. Este año se sumó también Orhan Pamuk, pero falló Francis Ford Coppola, habitual desde que escribiera a Marías para convencerlo de que publicara dos cuentos en Zoetrope: All Story, la revista del director de El padrino.

Sólo un escritor declinó formar parte del jurado, W. G. Sebald. "No leo autores contemporáneos" fue su respuesta. "No acepto premios" fue la de John Le Carré cuando rechazó el galardón. Pese a que son los únicos accidentes del camino, el autor de Todas las almas está pensando en dejar de convocar el premio. ¿Los motivos? "Por un lado, el poco eco que tiene pese a contar con el mejor jurado del mundo. Por otro, la crisis. Llegó a estar dotado con 6.500 euros y he tenido que bajar a 3.000. En un año veremos".

Marías dice "he tenido" porque el dinero sale de su bolsillo aunque él no forma parte del jurado. Eso sí, le molestaría que lo ganara Lars von Trier. ¿Y quién le hubiera gustado que sí? Vale un muerto: "Thomas Bernhard. Como escribió en Mis premios que los aceptaba por el dinero seguro que habría dicho que sí".

martes, 12 de mayo de 2009

Kundera defiende la novela

Milan Kundera. Fuente: publico.es
Del novelista checo Milan Kundera (Brno, 1929) aparecerá esta semana en Tusquets un nuevo libro de ensayos titulado Un encuentro. Dice Carlos Pardo, en la nota de publico.es en la que leo la noticia, que éste y los anteriores libros de ensayo de Kundera (Los testamentos traicionados, El arte de la novela y El telón) "conforman una personal obra ensayística (ágil, certera y vengadora) que para muchos es superior a sus novelas". El siguiente párrafo va dedicado a la mayoría (de los pocos, poquísimos, casi inexistentes) narradores de H que persisten en el error de "aterciopelar" sus textos para que no representen una "mala influencia para los lectores":
Enemigo de buena parte de lo que hoy se hace pasar por literatura, textos idiotizados por la obsesión de contar una idea con sentimientos políticamente correctos, Kundera defiende la radicalidad de la novela como arte que siempre está por reinventarse. Algo que viene ya de los tiempos de Rabelais, cuando la novela (libre y alérgica a lo serio) no había encontrado la forma cerrada que alcanzó en el siglo XIX. Milan Kundera incide en el valor de la libertad creativa: el escritor no debe ser esclavo de sus prejuicios ideológicos ni formales, porque su camino (o los muchos caminos que aun le son posibles a la novela) está por recorrer.
Y no podía faltar en este libro de Kundera una alusión a su propia historia reciente:
El libro Un encuentro retoma otro tema muy kunderiano (La insoportable levedad del ser, una vez más): cómo los rumores moralizantes arruinan nuestra vida. Ya no hace falta vivir en un estado totalitario para que el vecino te delate. Ha empezado "la época de los fiscales". El propio Kundera ha vivido recientemente un estrambótico proceso una acusación de colaboracionismo con los comunistas que no ha podido probarse, parecido al que sufren los artistas en las numerosas biografías fiscales que proliferan a lo largo y ancho de las librerías. Se apartan de la obra para ajustar cuentas con los biografiados: el pornógrafo Philip Larkin, el fétido Bertolt Brecht. Para Kundera, son otros tantos ejemplos del odio al arte y a las obras por su radical independencia. "El escritor es ante todo un hombre libre y la obligación de preservar su independencia contra toda coacción pasa por delante de cualquier otra consideración", escribe tajante.